Los fastuosos desfiles del Sambódromo concluyeron al amanecer y, pasado el mediodía, se reanudaron las juergas en los barrios cariocas sin amilanarse por las lloviznas que no paran desde hace casi dos semanas.
La fiesta del Sambódromo concluyó casi al amanecer del domingo, con una fastuosa presentación de la escuela Beija Flor, defensora del título del año pasado. Antes, el público vibró con el desfile de Unidos de Vila Isabel dedicado a los trabajadores y con el de Unidos de Tijuca, que divirtió al público representando la pasión por coleccionar objetos.
Mocidade Independente de Padre Miguel no escatimó plumas ni efectos especiales para describir el bicentenario de la llegada a Rio de la Corte Portuguesa. Imperatriz Leopoldinense también representó ese tema y dejó boquiabertos a los espectadores con el preciosismo de sus alegorías sobre la monarquía.
Seis escuelas desfilaron la noche del domingo y el jurado anunciará el miércoles cual será la campeona.
Este martes, 40 agrupaciones barriales ganaron tradicionales zonas de la ciudad, como el barrio Santa Tereza, por cuyas empinadas calles miles de jóvenes bailaron con la agrupación de samba "Carmelitas"; cuyos componentes se visten de sacerdotes o monjas.
El clima impide disfrutar de la playa, pero los barrios que bordean las arenas de Copacabana, Ipanema y Leblón, comenzaron a sacudirse por la tarde con agrupaciones plenas de euforia e improvisación.
"Mucha bebida, mucha bebida", gritaba en Santa Teresa una joven que dijo que participaría en tres desfiles este mismo martes; un maratón que exige mucha pasión y resistencia física.
Buena parte de los cariocas están pendientes del desfile de la Banda de Ipanema, que congrega a decenas de miles de personas frente a esa característica playa de Rio de Janeiro.
La Banda de Ipanema es la preferida de los gays y travestis; con decenas de personas vestidas como la legendaria actriz y cantante Carmen Miranda; mundialmente famosa en los años 40 y 50 por sus tacos altos y sombreros con frutas. Después de los desfiles, la parranda sigue hasta la madrugada en los bares.
"Que lluvia ni qué nada. Hoy vuelvo a salir con la banda", decía al mediodía Oswaldo, de 56 años, un vecino de Ipanema que, como muchos, se vestirá de mujer. "No soy 'bicha' (gay), pero la tradición de la Banda de Ipanema es la irreverencia y hombres con faldas", dice.
Los desfiles en los barrios han resurgido como hongos; especialmente en la zona sur de Rio, que entre otras zonas incluye Copacabana, Ipanema y Leblón. Durante años estuvieron opacados por la fastuosidad de las escuelas de samba.
Mientras las escuelas cumplen escrupulosos reglamentos e invierten millones de dólares para un espectáculo televisado a todo el mundo, los desfiles barriales rescataron el espíritu original del Carnaval, que es la espontaneidad.
"La gran tradición del Carnaval está más presente en los bloques (grupos) de juerguistas anónimos" que en las escuelas de samba, plenas de cuerpos perfectos y erotismo "for export", dijo el cineasta y escritor Arnaldo Jabor.
"En las calles están los ángeles de cara sucia, los bloques de las feas, de los vagabundos, de los borrachos, de los negros pobres", dijo Jabor en su columna del diario O Globo.
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