| Manoel dos Santos, como todo el mundo llegó a conocerlo, Mané Garrincha, puede pertenecer a otra "clase" de jugadores, la de los genios inmortales.
Es verdad que quedan pocas imágenes de lo que hizo en la cancha. Pero quien lo vio, jamás lo olvidará. Una mezcla de futbol, circo y malabares con el balón. Sus marcadores recibieron el apodo de "joaõs", nombre común para personas comunes. Era casi imposible parar a Garrincha cuando salía inspirado.
Fueron tres mundiales disputados por él, de 1958 a 1966. Pero su gran momento fue en el Mundial de 1962, en Chile, cuando llenó los ojos de los espectadores con cuatro goles marcados y dribles espectaculares. En una fotografía del partido en contra de México, durante ese Mundial, es posible contar ocho defensores a su alrededor.
Su drible mas conocido consistía en una arrancada por la derecha precedido de una frenada brusca, que hacia de sus "joaõs" juguetes para su placer y provocaban sonrisas y suspiros del público presente a los juegos. En Brasil, hizo historia en el Botafogo. Tuvo a su lado a Nílton Santos y Didi, entre otros cracks de la época.
Garrincha se despidió del Seleccionado el 19 de diciembre de 1973, en un partido visto por mas de 130 mil personas que, emocionadas, gritaban incansablemente su nombre. Una despedida digna para aquéllos que tuvieron sus tardes de domingo en el Maracaná acalentadas por las maravillas que él hizo en el terreno de juego. Garrincha murió en 1983 víctima de problemas generalizados causados por el alcoholismo, enfermedad que lo acompañó desde su niñez.
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