| Reuters |
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| Toda Costa Rica llora la eliminación de la selección naciona del Mundial. |
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Con el optimismo a tope, los aficionados ingeniaron creativas formas para no perderse ni un minuto de juego a pesar de la temprana hora en que se transmitió (07.00 hora local - 13.00 GMT), y de que esta vez no hubo asueto para ver a la selección, como ocurrió en el choque inaugural contra Alemania.
Algunos se fueron a dormir a casas de amigos cercanas a sus lugares de trabajo, otros pidieron el día libre o decidieron simplemente llegar tarde, pero la mayoría se organizó para ver el partido en la oficina.
En muchas escuelas y colegios se instalaron televisores para que hasta los más pequeños pudieran vibrar de emoción con las jugadas de la selección en el primer choque latinoamericano de Alemania 2006.
La "fiebre mundialista" causó un verdadero caos vial desde el inicio del día, pues miles de personas vestidas de rojo (el color de la selección) salieron a toda prisa en sus vehículos para llegar a sitios de reunión donde disfrutar del juego decisivo junto a un buen desayuno.
En esta ocasión los "ticos" tuvieron que cambiar las tradicionales cervezas que acompañan los episodios futboleros en el país por el típico plato de "gallo pinto" (arroz y fríjoles) con huevos, pan y café.
Los vendedores ambulantes también se levantaron con la primera luz del día para ofrecer en todas las esquinas banderas, camisetas de los jugadores nacionales, sombreros y toda una gama de artículos para apoyar desde la distancia a la selección.
Minutos antes del partido los conductores tocaban las bocinas de sus automóviles en señal de apoyo y emoción, muchos otros costarricenses afinaban supersticiones de la suerte como encender velas, hacer algún baile especial o evocar algún santo, pero todos sintonizaron la radio o la televisión para sentirse como un jugador más en el estadio de Hamburgo.
Ya para el medio tiempo el panorama era completamente diferente; cuando todos hubieron llegado a sus destinos y con el marcador en contra 1-0 por el gol de Carlos Tenorio, las calles lucían desiertas y las casas y edificios más callados.
El segundo tanto ecuatoriano, en piernas de Agustín Delgado al inicio del segundo tiempo, cayó como un balde de agua fría sobre la afición costarricense, que poco a poco vio apagarse sus esperanzas de una clasificación a la siguiente ronda en Alemania.
El remate de Iván Kaviedes al 92 terminó de sepultar la alegría que viviera el país menos de dos horas antes, y confrontó a los ticos con la realidad de quedar eliminados a falta del juego con Polonia.
Costa Rica entera despertó para soñar que se repitiera la hazaña del verano italiano en el Mundial de 1990, cuando los "ticos" lograron avanzar a los octavos de final, un sueño que deberá esperar otra Copa del Mundo para hacerse realidad.
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