| Reuters |
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| Una fanática alemana espera ver a sus ídolos. |
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Miles de adolescentes gritando y carteles con corazones pintados, cánticos de fanáticos, silbidos y vallas de contención bajo la atenta mirada de la policía.
La escena frente a un lujoso hotel de Stuttgart se asemejaba desde horas antes de la llegada de las estrellas a un concierto pop de alguna banda de moda o a los alrededores de la alfombra roja en la entrega de los premios Oscar en Hollywood.
Pero en el autobús, que según cálculos policiales era esperado por cerca de 6.000 fanáticos, no estaban sentadas grandes figuras pop o estrellas de cine. Se trataba de la llegada de los jugadores de la selección alemana de fútbol en la noche previa a su "pequeña final" a su cuartel central.
"Lo más lindo no son esos segundos de la llegada", aseguró eufórica Saskia, de 16 años. "Muchos más lindas son las horas de la espera en conjunto, la alegría previa", afirmó.
La estudiante de Esslingen llegó por la tarde junto a un par de amigas a la zona donde se encuentra el hotel. Con las camisetas oficiales y banderas alemanas, sus mejillas pintadas de negro, rojo y oro, y sus cánticos, las adolescentes demuestran en la esquina del hotel por quiénes laten sus corazones en estos días.
También la ciudad encontró palabras adecuadas para describir la situación: "Gracias por cuatro semanas mundialistas estupendas", reza un gigantesco cartel en el frente del hotel. "Estamos orgullosos de ustedes".
La espera vale. "Han jugado un Mundial tan fantástico que se han ganado que uno espere un rato sentado", declaró Bastian, de 15 años y quien ya fue a vivar a los jugadores tras el triunfo ante Suecia en los octavos de final en Múnich.
Sin embargo, no llegó a ver a sus estrellas. Acompañados por una torrencial lluvia que cayó puntualmente, los miembros de la selección abandonaron rápidamente el autobús y corrieron sobre la alfombra roja hacia el interior del hotel. Sólo Jens Lehmann, David Odonkor, Bastian Schweinsteiger y Lukas Podolski, el más vivado, se mostraron brevemente ante la masa de gente que los esperaba.
Ya por la tarde, los portugueses -rivales de Alemania en el partido por el tercer puesto- habían sido recibido festivamente por sus fanáticos y luego despedidos cuando salieron rumbo a su entrenamiento final.
El plantel liderado por el capitán Luis Figo había llegado con dos horas de demora a Stuttgart por culpa de la tormenta. En cambio, el avión que trajo a los hombres de Juergen Klinsmann aterrizó casi puntualmente.
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