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Kundera niega ser un delator

Redacción BBC Mundo

El escritor checo, ícono de la disidencia contra el Comunismo, negó haber sido un informante de la policía secreta.

El escritor de origen checo Milan Kundera, un ícono de la disidencia contra el Comunismo, negó que en su juventud hubiera sido informante para la policía secreta.

La acusación en su contra surgió cuando el Instituto checo para el Estudio de Regímenes Totalitarios divulgó material de archivo que sugería que en 1950, cuando Kundera tenía 21 años de edad, fue a una estación de policía a denunciar a un soldado llamado Miroslav Dvoracek.

Según los documentos, el futuro escritor dijo que el soldado era un agente de Occidente, consciente de que este tipo de delación podía costarle la vida.

Eso no sucedió, pero Dvoracek sí fue condenado a 22 años de prisión, de los cuales sirvió casi tres lustros, incluyendo un período en las notorias minas de uranio conocidas como el Gulag checo, donde las condiciones eran tan precarias que la expectativa de vida de los prisioneros era 42 años.

Dvoracek vive actualmente en Suecia.

"Mentira"

Como señala Mike Sanders de la BBC, ésta es una de las más terribles acusaciones que se le puedan hacer a Kundera, quien tras entrar en la lista negra e las autoridades comunistas, vio como sus libros eran prohibidos y debió huir del país en 1975.

El escritor se estableció en París, donde escribió su novela más conocida, "La insoportable levedad del ser", que transcurría durante el breve período de reformas conocido como Primavera de Praga, en 1968.

Kundera dijo estar totalmente asombrado con la acusación -la que calificó de mentira-, aseguró que ni siquiera conocía a Dvoracek y acusó al instituto de difamación.

Agregó que era altamente sospechoso que los investigadores hubieran encontrado un documento con su nombre, aparentemente de forma accidental.

La lustración -el proceso de investigar quién hizo qué durante la era comunista- es un asunto muy delicado en el antiguo bloque soviético.

La información con la que se cuenta está a menudo codificada y no es obvio quién era un informante, un encargado o simplemente un ciudadano considerado como un informante potencial.

Kundera no es el primero en quejarse de que su reputación podría ser víctima de la bomba de tiempo comunista de la desinformación.