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Rugby en silla de ruedas

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Mixtura de fútbol americano con baloncesto, el deporte adaptado a deficientes físicos surgió en Canadá en 1977. A pesar de ser una modalidad relativamente nueva, ganó rápida proyección mundial e hizo su primera aparición en los Juegos Paraolímpicos de Atlanta 1996, en Estados Unidos, con partidos de exhibición. Cuatro años más tarde, en Sydney 2000 (Australia), equipos pasaron a disputar medallas con al oficialización del deporte.

Hombres y mujeres actúan juntos en equipes mixtos, que son formadas por cuatro jugadores titulares y ocho reservas. Esta cantidad de suplentes es necesaria por causa de la fuerza de las colisiones entre los competidores y sus sillas.

El rugby en silla de ruedas es practicado en canchas de baloncesto (15 x 28 metros) en vez de campos de grama. Hay un círculo central y dos áreas que quedan al frente de las líneas de meta, demarcadas entre dos barras verticales. Los jugadores de ataque sólo pueden quedar dentro de este local por, como máximo, diez segundos, al paso que la defensa tiene el derecho de permanecer allá por tempo indeterminado.

Para puntuar, es necesario tocar o cruzar la línea de meta con las ruedas de la silla. Los atletas pueden conducir la pelota (que nos es oval como en el deporte convencional) sobre sus muslos, pasarla para un compañero de equipo o rebotarla.

Así como en el baloncesto, hay un tiempo para entrar en el campo del oponente, en este caso de quince segundas. Esta medida pretende tornar la modalidad más ofensiva. Los partidos son divididos en cuatro períodos de ocho minutos cada uno, con posibilidad de prórroga de tres minutos en caso de empate.

Creado para cuadripléjicos, los jugadores son divididos en siete clases de acuerdo con la deficiencia: 0.5, 1.0, 1.5, 2.0, 2.5, 3.0 y 3.5. La numeración más alta es destinada a aquellos con mayores habilidades funcionales, a la medida que los numeros más bajos identifican a las personas con más limitaciones funcionales.

Para relacionar a los atletas en uno de esos grupos, existen tres formas de evaluación fuera de la cancha.

El primer test es hecho para probar la fuerza muscular superior, con exámenes de envergadura, locomoción y temperamento. La segunda evaluación mide la capacidad funcional del tronco, así como de las extremidades inferiores del cuerpo en diversas situaciones.

El tercer test analiza movimientos funcionales, como empujar, virar, parar, iniciar desplazamiento, asegurar la silla contra resistencia, driblar y pasar, que son algunos fundamentos analizados.

Un jugador también es evaluado dentro de la cancha mientras juega para determinar a cuál clase él (o ella) pertenece. Durante el partido, la suma de la clase de los atletas en cancha no puede exceder ocho puntos, lo que garantiza una mayor diversidad de todos los niveles funcionales.