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Dara Torres: tecnología y voluntad puestas en un mismo empeño

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A sus 41 años, con una hija y tres matrimonios en el haber, la nadadora estadounidense Dara Torres participará en sus quintos Juegos Olímpicos como una prueba palpable de que, cuando tecnología y voluntad se unen, lo imposible se convierte en hazaña y la hazaña en leyenda.

Torres conquistó el viernes su pasaje a Pekín-2008 al ganar la prueba de los 100 m libres en las eliminatorias olímpicas de natación de Estados Unidos.

"Aún estoy impactada. Todavía no puedo mentalizar que conseguí hacer mi quinto equipo olímpico", dijo Torres poco después de ganar la final de 100 m libres con tiempo de 53.78 segundos, por delante de la campeona mundial y olímpica Natalie Coughlin, de 25 años, quien marcó 53.83.

Sus primeros Juegos Olímpicos fueron Los Angeles-1984, con 16 años, y después le siguieron Seúl-1988 y Barcelona-1992.

A los 25 años, y tras llevarse un oro en Barcelona, se retiró por considerarse muy vieja para la natación y contrajo matrimonio por primera vez. Vio los Juegos de Atlanta-1996 desde el televisor de su casa.

En los cuatro años que mediaron hasta Sydney-2000 se divorció y volvió a casarse, y regresó de nuevo a los 33 años para conseguir un tercer pasaje olímpico y cinco medallas, de ellas dos de oro.

Se saltó Atenas-2004 y tras otro divorcio y un tercer matrimonio, ahora está de nuevo en la pileta rumbo a Pekín, felizmente casada de nuevo, y con una hija de dos años.

"Estuve pensando en mi padre, que murió hace año y medio, y pensando también en mi hija. Sentí un gran nudo de emociones", dijo Torres, con su hija Tessa en brazos, poco después de conseguir su quinto pasaporte olímpico.

Su palmarés olímpico contiene cuatro títulos en los relevos de 4x100 libres de 1984, 1992 y 2000, 4x100 cuatro estilos en 2000, además de cuatro medallas de bronce en el 2000 en los 50 y 100 m libres, y los 100 mariposa, y una de plata en el relevo 4×100 estilos en 1988.

En tres ocasiones batió el record del mundo de 50 m libres a principios de la década de 1980, el primero de ellos con solo 14 años.

Pero detrás de este esfuerzo de Torres hay todo un gran aparato tecnológico y de apoyo.

Patrocinada por varias compañías como Speedo y Toyota, la nadadora cuenta con un presupuesto de 100.000 dólares anuales para conseguir otra medalla en Pekín, según confesó recientemente al diario New York Times.

Con ella se mueven a todos lados dos entrenadores de natación, un preparador físico, un terapeuta, una masajista, dos especialistas en estiramiento y la niñera que cuida de su hija mientras entrena o compite.

Su preparación antes y después de cada prueba es todo un espectáculo en los vestidores.

Dara se tira en un colchón en el piso mientras los entrenadores le caminan por encima "para liberar las toxinas y el ácido láctico", según dicen, y después los estiradores hacen su arduo trabajo de tonificar los músculos.

Ha sido sido acusada de consumir productos prohibidos para mantener sus resultados, pero siempre ha pasado con éxito las pruebas antidopaje, en ocasiones hasta siete veces en un año.

Algunos de los nadadores más jóvenes, varios con edad como para ser sus hijos, miran extrañados a esa mujer rubia y fornida que se tira al agua con el último grito tecnológico, el nuevo traje de baño Speedo LZR, y sus viejas gafas de Barcelona 1999, para desafiar al padre tiempo con sus potentes brazadas.

"Pienso que lo de esta noche ha sido mental", dijo Torres después de ganar su boleto olímpico. "Sabía que mi fortaleza estaba en mi cabeza, y en mi corazón".

psl/ev


AFP

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