La oscura nube de esmog que se cierne sobre ciudades contaminadas son vistas como una amenaza y la causa de que aumenten las enfermedades respiratorias.
Sin embargo, investigaciones médicas han probado que la exposición prolongada a las finas partículas tóxicas presentes en el esmog dañan en forma silenciosa órganos que -en apariencia- se encontrarían más protegidos, como las arterias del corazón y cerebro.
Un estudio publicado en el New England Journal of Medicine en el año 2007, reveló que las mujeres mayores de 50 años que viven en zonas contaminadas presentan mayor peligro de sufrir accidentes cardio y cerebrovasculares y un incremento en el riesgo de muerte por estas mismas causas.
Pequeñas partículas tóxicas
El estudio de la Universidad de Washington, reveló que la prolongada exposición al material particulado más fino del esmog (PM2,5) incidía en el desarrollo de ateroesclerosis, con aumento de la tasa de infartos cardíacos y cerebrales.
"Los investigadores analizaron a 65.893 mujeres sin antecedentes previos de enfermedades cardiovasculares, las que vivían en zonas donde tenían un monitor medioambiental hasta a 48 km de distancia", explica el doctor Francisco Valdés, profesor de Cirugía Vascular y Endovascular de la Universidad Católica. El proceso de estudio duró desde 1994 a 1998, y las pacientes fueron seguidas hasta seis años más.
Al culminar el estudio, se observó que un incremento en 10 microgramos por metro cúbico de PM 2,5 se asoció con un aumento de 24% del riesgo cardiovascular y 76% de incremento del riesgo de muerte por estas mismas enfermedades.
De hecho,1.268 mujeres desarrollaron eventos coronarios, 600 eventos cerebrovasculares, 584 infartos al miocardio y 554 ataques cerebrales. En algunas pacientes se dieron dos tipos de eventos.
El estudio revela que este daño estaría relacionado con una progresión del desarrollo de ateroesclerosis: el endurecimiento de las arterias que es el principal causante de la cascada de eventos cardio y cerebrovasculares que afectaron a las pacientes estudiadas.
El doctor Francisco Valdés explica, además, que algunas investigaciones han mostrado una asociación entre los contaminantes y una mayor tendencia de la sangre a formar trombos.
Asimismo, el endurecimiento que las arterias carótidas es un impacto dramático del esmog.
"Esto es relevante ya que Incide en el aumento del riesgo de sufrir un infarto o derrame cerebral, con las consecuencias que son de prever no sólo para la afectada, sino para todo el grupo familiar y por ende para la sociedad entera", agrega.
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