| Psic. Daniela Vieyra
Se le llama Trastorno Bipolar a lo que Kraepelin, fundador de la psiquiatría científica, denominó en 1919 como enfermedad maníaco-depresiva. Esta enfermedad es esencialmente hereditaria y se caracteriza por la repetición, alternancia, yuxtaposición o coexistencia de estados de excitación (manía) y de depresión (melancolía).
El elemento del que se componen los estados depresivos es la melancolía, que Hipócrates (460-380 A.C.) ejemplifica con la siguiente cita: "Cuando el temor (phobos) o la tristeza (distimia) permanecen largo tiempo, es un estado depresivo".
El estado depresivo se caracteriza en la persona por la presencia de un sentimiento continuo de desesperanza, fracaso, tristeza e incapacidad de disfrutar cualquier actividad. Existe una sensación de: "Lo he perdido todo, ahora el mundo está vacío". La sensación de ser amado ya no es el único requisito previo al bienestar sino que hace falta también el sentimiento de haberse comportado como es debido; de ahí surge el sentimiento de culpa: "Lo he perdido todo porque no merezco nada". La sensación del depresivo es de "nadie me quiere, creo que todos me odian".
Otro factor que se presenta en las personas en estado depresivo es que tratan de mantener bajo control los impulsos agresivos que, a fin de cuentas, les generan culpa, tratando de liberar dicho sentimiento e induciendo a las personas de su alrededor a concederles cariño y afecto. Si la manera de influir sobre las personas se hace agresiva, obligándolos, en cierta forma, a demostrarles su cariño, surgen nuevos sentimientos de culpa, creándose un círculo vicioso. La persona deprimida, que en apariencia es extremadamente sumisa, logra a menudo dominar a todos los que le rodean.
Por otro lado, el elemento del que se componen los estados maniacos es la manía, que Hipócrates define como la oposición a la melancolía y se caracteriza por un estado de alegría y exuberancia, aunque su manifestación más notoria es la cólera y la violencia.
Como se definió anteriormente, la manía es lo opuesto a la depresión aunque, en el fondo, la personalidad de la persona es esencialmente depresiva, ya que trata de negar constantemente la depresión. Lo niegan con comportamientos muy sociables como son la adicción al trabajo y la evasión de la soledad. Existe una sensación de menosprecio hacia el prójimo y un sentimiento de superioridad frente a ellos. Entre estas personas existe una gran tendencia hacia las drogas, el alcohol, o sustancias que alteran el sistema nervioso; pueden ser incapaces de obtener la satisfacción deseada y a la vez se intensifica la adicción.
La enfermedad maníaco-depresiva es la alternancia de ambos estados (manía-depresión) a lo largo de la vida de una persona. Existen periodos de insatisfacción, sentimientos de culpa y periodos de grandiosidad y éxito. En las depresiones la persona expresa un sentimiento hostil hacia su persona y en la manía expresa un extremado amor hacia sí mismo. Las personas que tienen esta enfermedad, en el fondo, tienen una personalidad depresiva que en el estado maníaco tratan de negarla.
El tratamiento para esta enfermedad se debe de conformar por un psiquiatra y un psicterapueta. Se necesita de un seguimiento tanto por el ajuste de medicación (el psiquiatra), como por la necesidad psicoterapéutica que requiere la persona para enfrentar ciertos contratiempos.
Para poder identificar en qué estado se encuentra la persona, a continuación se presenta una explicación en donde se describen de acuerdo al DSM-IV (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorder) los episodios, estados, duración requerida y síntomas que se presentan.
El episodio de la manía que se caracteriza en la persona por un estado de euforia, felicidad e irritabilidad, se presenta aproximadamente por un lapso de una semana, en el cual aparecen, al menos, tres de los siguientes síntomas.
Autoestima exagerada o grandiosidad.
Disminución del sueño.
Más hablador de lo habitual o verborreico.
Fuga de ideas
Distracción continua.
Incremento en actividades sociales, trabajo, estudios o sexual
Tendencia hacia actividades placenteras pero con consecuencias graves (compras excesivas, indiscreciones sexuales o inversiones económicas arriesgadas)
Estos mismos síntomas presentan las personas que atraviesan por un episodio de hipomanía, que a diferencia de la manía, la alteración del estado de ánimo no es tan grave; es decir, no afecta el área social o laboral. Aunado a esto otra diferencia es el tiempo en la que se presentan los síntomas: en la manía se presentan dichos síntomas por una semana y en la hipomanía tres de los mismos síntomas aparecen al menos durante 4 días consecutivos.
El episodio de la depresión se caracteriza por un estado anímico bajo, de tristeza, pérdida de interés o la capacidad para obtener placer. Se presenta por periodos de dos semanas aproximadamente y surgen al menos cinco de los siguientes síntomas.
Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día.
Incapacidad de disfrutar casi todas las actividades que se realizan.
Incremento o disminución del apetito (pérdida o aumento importante de peso, cambio 5% del peso corporal).
Problemas en el sueño.
Fatiga o pérdida de energía casi todo el día.
Disminución del interés.
Baja autoestima, culpas, sentimiento de inutilidad
Incapacidad para concentrarse, indecisión.
Pensamientos recurrentes de muerte o suicidio.
Agitación o retardo Psicomotor.
El último episodio a presentarse, según la DSM-IV, hace referencia al estado mixto que combina estados de ánimo elevados con estados de ánimo bajos. Otro estado distintivo de este episodio es la ansiedad. La duración de este episodio es de al menos una semana y se presentan síntomas tanto de estados maníacos como de depresión, mezclados con mucha ansiedad y agitación.
La alteración del estado de ánimo provoca problemas dentro de las áreas laborales y sociales. Se requiere de hospitalización para prevenir posibles daños a los demás. Es importante señalar que los síntomas no son generados por el consumo de alguna sustancia.
Con información de Sociedad Psicoanalítica De México
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