| Cuando una mujer tiene problemas en el segundo paso, o "para pujar", el médico puede usar fórceps o una bomba de aspiración obstétrica para pasar al bebé por el canal de parto.
Pero, la práctica quedó desacreditada en los últimos años, a la vez que la cesárea pasó a ser la opción elegida, en parte por las preocupaciones sobre los riesgos de usar fórceps o un aspirador obstétrico, como la fractura del cráneo o hemorragia cerebral en los recién nacidos y daño en los tejidos maternos.
Pero optar por una cesárea en un segundo paso del trabajo de parto también genera riesgos, como el aumento de la probabilidad en la madre de hemorragias y daños en la vejiga.
Por lo tanto, algunos cuestionaron la utilidad de la reducción de los partos asistidos por instrumentos, según el equipo del doctor James M. Alexander, del Centro Médico de la University of Texas, en Dallas.
El estudio, publicado en la revista Obstetrics & Gynecology, analizó a casi 3.200 mujeres que tuvieron un parto por cesárea no planificada en uno de 13 hospitales en Estados Unidos.
En 640 de esos casos, los médicos intentaron primero un parto asistido por fórceps, aspirador obstétrico o ambos instrumentos.
Las tasas de ciertas complicaciones fetales y maternas subieron cuando se intentó asistir el parto con instrumentos.
Las madres fueron más propensas a desarrollar infecciones, contusiones o acumulación de líquidos en el sitio de la incisión: casi 3 por ciento frente al 1 por ciento de las mujeres con parto por cesárea.
Asimismo, el grupo respondió menos a la anestesia local, lo que demandó el uso de anestesia general (un 8 frente a un 4 por ciento en el grupo que tuvo sólo parto por cesárea).
En los nacimientos asistidos por instrumentos, también hubo ciertas complicaciones frecuentes. El 1 por ciento de los bebés desarrolló daño cerebral por falta de oxígeno, comparado con el 0,1 por ciento de los partos por cesárea inmediata.
También, fueron más propensos a obtener un resultado bajo en la Escala de Apgar, que mide la frecuencia cardíaca, la respiración y el tono muscular, 5 minutos después de nacer; menos del 2 por ciento tuvo un resultado de Apgar bajo, comparado con el 0,6 por ciento de los recién nacidos.
El equipo halló que los 10 casos de daño cerebral se dieron en niños con una frecuencia cardíaca preocupante durante el parto. No hubo evidencias, apunta el equipo, de que el origen de las complicaciones fuera el daño craneal por el uso de fórceps o aspirador.
Cuando el equipo excluyó los casos con lecturas preocupantes del ritmo cardíaco fetal, no hubo diferencias en el riesgo de complicaciones entre ambos grupos de niños.
Esas lecturas fueron más comunes cuando los médicos intentaron, primero, un parto asistido por instrumentos: en el 18 por ciento de los casos, las alteraciones del ritmo cardíaco aceleró la cesárea, a diferencia del 14 por ciento de los casos en los que la cesárea fue inmediata.
Los resultados sugieren que, ante la ausencia de alteraciones del ritmo cardíaco, no habría un aumento del riesgo de complicaciones para los recién nacidos.
Junto con estudios previos, esta investigación sugiere que el parto asistido por instrumentos en "la paciente bien seleccionada" minimizaría el riesgo en la madre, sin elevarlo en el bebé.
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