Hamilton llegó a la máxima categoría del automovilismo en 2007. Y luego de un arrollador inicio, que confirmaba la enorme confianza que el equipo McLaren-Mercedes había depositado en él, se fue quedando hasta llegar a un final que sembró algunas dudas sobre sus condiciones.
No obstante, en 2008, el británico pudo demostrar que aquellos que lo señalaban como un gran piloto no se habían equivocado. Sus victorias en Mónaco y Silverstone, dos de los circuitos más tradicionales y exigentes del calendario, así lo confirman.
Como nunca, Hamilton fue reconocido por sus logros dentro de la pista y no por sus roces con sus compañeros de equipo, y se dio el gusto de inscribir su nombre en lo más alto como el campeón más joven en la historia de la categoría.