
Aunque todos los niños nacieron en el sótano, Fritzl dejó a tres en la puerta de su propia casa (en 1993, 1994 y 1997), como si su madre los hubiese abandonado. Alexander, de 12 años; Monika, de 14, y Lisa (en la foto), de 16, crecieron con sus abuelos como si no pasara nada. Otros tres hijos permanecieron con su madre: Kerstin, de 19 años; Stefan, de 18, y Felix, de 5, crecieron sin ver la luz del sol. El séptimo hijo murió poco tiempo después de nacer y su cuerpo fue incinerado por Fritzl