
Bob Fernandes
La llegada por la noche parece un scalextric. Iluminación feérica, intermitente y visible a lo largo de todo el borde exterior de las autopistas. Entrecruzadas, sueltas en el espacio, las pistas conectan el aeropuerto internacional, Pudong, con la ciudad de Shanghai.
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El scalextric, ya al desembarcar, demuestra una intención: sorprender, atrapar a quien llega.
El taxi 244808 despega, recorre poco más de 30 km hasta llegar a la ciudad. A la izquierda, en uno de los elevados, un tren surca el espacio, apenas se puede ver. Es el Shanghai Transrapid.
Tren comercial alemán, el Maglev alcanza los 350 km/h en apenas dos minutos y llega a 431 km por hora. Siete minutos después de desembarcar en el aeropuerto los pasajeros descienden en la estación de metro Longyang Road.
Poco más de seis dólares el pasaje normal del Transrapid, menos de trece dólares la primera clase. Si es ida y vuelta, diez dólares y unos centavos.
En el taxi, el conductor disfruta del pilotaje y, de salida, a alta velocidad en el scalextric marca una diferencia entre Shanghai y Pekín.
Confucio se quedó en el tránsito de Pekín. Allí, algo de la paciente alma china predomina en la convivencia entre automóviles y bicicletas. Aquí, imposible, los ciclistas no sobrevivirían. Dos autos que se chocan, y luego otros dos. El conductor simplemente se desvía y acelera.
La canción que suena en la radio es china, pero el choque, sincopado, es occidental y comunica: es otra China. Otra historia.
Fin de la Guerra del Opio y Tratado de Nanking, 1842. La ciudad queda dividida. Una parte sigue siendo china, la otra con un régimen jurídico propio, es ocupada por franceses e ingleses. El centro de comercio más importante de Oriente, el control del puerto pasa a manos de los extranjeros.
Más de un siglo después, con la llegada de Mao Tsé-Tung al poder, en 1949, la ciudad será totalmente reconquistada. Pero, en la arquitectura, en la historia, con sus ventajas y desventajas, quedan las marcas de la cosmopolita colonia.
Por mucho más, pero también por esto, la rivalidad con Pekín, con el poder de Pekín y con la otra, las otras Chinas, será para siempre.
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El taxista acelera más aún, suena una alarma, aminora, pero por pocos segundos y acelera nuevamente. Es el detector de velocidad. El 244808 arranca algo de allá adentro, del fondo de los alvéolos, abre la ventanilla y escupe. Se libera...
Arraigada costumbre china: no se debe mantener dentro del cuerpo nada que moleste. Sea quien sea, sea como sea. Ni dónde. Él, seguirá liberándose durante todo el camino.
Cerdos en la caja de un camión. Por un momento la certeza de que eran terneros, son enormes.
La pista llega a su fin... luna llena... Shangai está toda ahí, cemento y luces. Formas redondeadas, ovaladas, puntiagudas, torres, tubos, rotondas, tiras de luces que cuelgan....
Shanghai de noche... no hay forma de no percatarse de que se trata de una mujer. Bella. Kitsch, over, mega, pero bella.
A la noche, es Blade Runner de Ridley Scott, es Metrópolis de Fritz Lang. Es, de día o de noche, Las Vegas. A la noche, el deslumbramiento óptico. De día, la real.
La real es también el Bund (límite, en alemán), a orillas del rio Wangpu, arquitectura de ADN occidental. En la esquina de la Calle Nanking el Hotel de la Paz, neoclásico europeo, francés, y por allí mismo, frente al río, el edificio inglés de la antigua aduana.
El Bund es de las multitudes. Tiene excelentes restaurantes como el M on the Bund, pero, definitivamente, no logra mantenerse como un enclave cool.
Por el Bund circulan en masa los Eurotrash - definición de los "fashion" del lugar.
Estos "euros" van a clubes nocturnos más grandes; de bebidas caras y música mala. Grupos que acostumbran a hacer ostentación con botellas y botellas de champagne.
Attica y Bar Rouge son los más frecuentados, pero para aguantar el ritmo es indispensable mucho BaiJiu - se pronuncia By Joe y viene a ser una poderosa aguardiente de arroz.
By Joe hace que uno se olvide de los excesos que lo rodean. Demasiados europeos borrachos en busca de demasiadas prostitutas chinas.
La madrugada llega a su fin. Está por salir el sol, ¿bares y clubes cerrando sus puertas? es hora del after dance en el Dragón, donde la fiesta se estira hasta las 11 de la mañana durante el fin de semana (que empieza el jueves).
Los ciudadanos, chinos o no, que entran a las 8 y salen a las 18 o 19 y siguen la clásica, están lejos de eso. Prefieren convivir en bares y clubes de buen nivel.
Los clubes gays más frecuentados son dos y ellos también tienen sus excesos: de música muy, muy mala, y de drogas.
Sí, hay gente que consume aquí en Shanghai, como en todos lados.
La droga más popular entre extranjeros y locales, incluso más que la anfetamina K, es el éxtasis, el head-shaking-pill, al decir de los chinos.
Special K, popular entre los más jóvenes, suele ir acompañado de éxtasis y coca-cola.
La cocaína es de pésima calidad, se quejan los consumidores, y carísima: US$ 160 el gramo.
Por cuestiones de mercado; costo-beneficio, por eso, la juventud consume aquí el knock-off chino, la metanfetamina Kings, terriblemente adictiva y, según los expertos, de "mal viaje", con aceleración y ansiedad.
Los y las que prefieren no dormir consumen Kings.
También, como es de esperar, la bella Shanghai tiene su ecosistema.
Si los eurotrashs optan por los grandes clubes, artistas extranjeros, anglosajones y en menor cantidad los franceses, italianos y alemanes prefieren los ambientes más chicos.
Quien no quiere nada de eso, quiere placer sin descontrol, dolor o exceso -en especial de humanos- busca ambientes más chicos.
Logo y The Hut, para los comunes, Glamour Bar y Volar para quien pretende más, son los lugares recomendados.
Para aquellos que son de la mañana, del sol, del día, Taikang Road y Moganchan Road.
El primero, un camino de alamedas típicamente chinas con tiendas, cafés y galerías. El segundo, es el conglomerado de galerías de arte chino de la ciudad.
Por fin, pero no por último, imperdible The Dinning Room 1221. Comida china, pero sin excesos de ninguna especie. Pida chauchas picantes.
Un manjar el "Spicy green beans": Chauchas, aceite de maní, shoyu, azúcar, ajo, pimienta seca y pickles chinos.
Terminados, por ahora, haberes y placeres en Shanghai.
Para los que deseen saber más sobre China, y no simplemente sobre el inevitable y bello Tibet, hay por lo menos dos paradisíacas rutas: Guilin y JinJang.
Guilin, ciudad al noroeste de Guangxi Zhuang, región autónoma en la margen este del río Lijiang. Y JinJiang, aldea en el municipio de Quanzho, en el Fujian, provincia al sureste de China.
Como aquí termina la serie de Diarios de China, una última sugerencia, muy especial y hecha por alguien muy conocedor del tema, Kiko S.
Brasileño, nieto de chinos por el lado paterno, madre "gaúcha", Kiko pasó la mitad de sus 26 años lejos de Brasil, donde vive la familia.
Kiko estudió en Inglaterra, ama y frecuenta Berlín, y estuvo un tiempo en New York, pero se siente en casa en Shanghai y vive recorriendo este circuito, Asia.
Casi sin querer decirlo, temeroso, Kiko entrega el lugar para el que lo quiere todo:
- ...es Koh Phangan...
- Sí, ¿pero dónde es Koh Phangan?
Kiko nos cuenta: - ...Tailandia...
- ¿Quién va? -... quien sabe, y quien tiene que ir...
- ¿Cuándo?
- Todo los meses...
- ¿Por qué?
Kiko S sonríe, quizás recordando la última, y pensando en las próximas:
- ... la Full Moon Party... la Fiesta de la Luna Llena...
Terra Magazine