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AFP
A Hillary Clinton no le resultó simple incluir el tema de la revisión de los TLC en la campaña: fue su esposo Bill quien precisamente firmó el Nafta con México y Canadá.
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Antonio María Delgado
Miami, Estados Unidos
La verdad suele ser la primera víctima de todas las guerras, y en el acalorado enfrentamiento entre Hillary Clinton y su contrincante por la nominación del partido Demócrata a la Casa Blanca, Barack Obama, la realidad en torno al Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá (Nafta) está siendo desvirtuada hasta el punto de generar preocupación sobre el futuro de acuerdos similares con el resto del hemisferio.
Al mismo tiempo que los dos senadores se disputan entre sí las simpatías de los trabajadores del sector manufacturero, uno de los más golpeados por el proceso de globalización, se están viendo obligados a lanzar comentarios cada vez más hostiles hacia el libre comercio y a prometer que enarbolarán la bandera contra la integración comercial para detener la hemorragia de puestos de trabajo que el proceso estaría provocando en Estados Unidos.
El tema, que ejerce una gran importancia en estados tradicionalmente manufactureros como Ohio, donde muchas fábricas han optado por cerrar sus puertas por su poca habilidad para competir con la mano de obra de menor costo que ofrecen otros países, fue inicialmente difícil de tratar por la senadora Hillary Clinton. Después de todo, fue su esposo Bill quien precisamente firmó el TLC con México y Estados Unidos, acuerdo que ella misma apoyaba cuando fue implementado.
Analistas creen que quizás ésa fue la razón por la cual se vio obligada a adoptar la postura más dura contra los tratados de libre comercio, ya que Hillary es quien debía establecer la mayor distancia. Y fue ella quien prometió durante la campaña que estaría dispuesta a salirse del TLC con México hasta que los otros socios comerciales estuviesen dispuestos a adoptar términos más favorables a Estados Unidos.
"Revisaré el TLC (con México y Canadá) para introducir nuevos estándares ambientales y laborales muy estrictos", declaró la senadora Hillary Clinton poco antes de los comicios realizados en Ohio. "Vamos a revisarlos cada cinco años para determinar si están ayudando o si están perjudicando a la economía", remató.
Por su parte, Barack Obama no se quedó atrás. El senador criticó el TLC con México y Canadá, diciendo que es un acuerdo "malo", antes de prometer que, de ganar las elecciones, se reuniría con los jefes de Estados de esos dos países para reformarlo. "Debería reflejar el concepto de que nuestro comercio no sólo debe ser bueno para Wall Street (la famosa calle de Nueva York conocida como el corazón financiero de Estados Unidos), sino para el resto de la gente", remarcó.
Comentarios como esos han generado preocupación entre los líderes latinoamericanos esperanzados en concretar nuevos acuerdos de libre comercio similares a los que México obtuvo con Estados Unidos, pero analistas señalan que la región haría bien en tomar las palabras de los candidatos con cierto grado de escepticismo, asegurando que ellos probablemente adoptarán una posición muy diferente a la que están proyectando hoy una vez que lleguen a la Casa Blanca.
Muchos analistas descreen de las promesas de la senadora Clinton de suspender el TLC con México. "Eso es completamente ridículo", comentó Carl Cira, director del Centro Cumbre de las Américas de la Universidad Internacional de Florida. "La propuesta no tiene ninguna relación con la realidad. Estados Unidos no se va a salir de ningún Tratado de Libre Comercio y va a seguir tratando de perfeccionar estos acuerdos", sostuvo.
Cira explicó que ese proceso de perfeccionamiento llevará a la próxima administración a evaluar los logros obtenidos hasta ahora a través del TLC con México y un proceso de consultas con las compañías y los principales sectores de la economía que desean exportar más a otros países. Pero el proceso seguiría adelante, incluso bajo un presidente demócrata, una vez que llegue a convencerse de que las ventajas de la integración comercial superan por amplio margen a sus desventajas.
No obstante, es evidente que el camino hacia la apertura comercial se ha vuelto cuesta arriba por la evidente impopularidad que enfrenta el proceso, ante la percepción de que los trabajadores estadounidenses se han visto perjudicados. Es una percepción que tiene profundas raíces en Estados Unidos. Según una encuesta elaborada recientemente por la cadena de televisión NBC y el diario Wall Street Journal, el 59% de los estadounidenses cree que la actual política comercial ha sido perjudicial para la economía norteamericana.
"Hay, claramente, un sentimiento contra el libre comercio que está emergiendo en varios sectores de Estados Unidos", comentó Brian Dean, presidente de Florida FTAA, Inc. "Es una tendencia de naturaleza cíclica que aparece periódicamente en Estados Unidos durante periodos de incertidumbre, pero nosotros nos mantenemos esperanzados en que no logre traducirse en políticas antagonistas al libre comercio".
Dean añadió que hay un alto grado de desconocimiento en la población estadounidense de los grandes beneficios que brinda la apertura comercial, en especial sobre el hecho de que Estados Unidos sería el país al que más le conviene profundizar este proceso con América Latina, ya que gran parte de los productos que importa de la región ya están recibiendo un trato arancelario preferencial, mientras que los productos que exporta no reciben el mismo trato.
"La mayoría de los bienes y servicios que ingresan a este país del Caribe y de América del Sur están libres de aranceles a través de los actuales programas de preferencias. Nosotros no obtenemos reciprocidad en nuestras exportaciones. Si el TLC con Colombia fuese aprobado, los productos colombianos seguirían ingresando libre de aranceles, pero por primera vez los productos estadounidenses recibirían el mismo tipo de trato en Colombia", explicó Dean.
Por su parte, el secretario de Comercio de Estados Unidos, Carlos Gutiérrez, contradijo la opinión de que el TLC con Canadá y México ha sido nocivo para la economía del país. "Nafta es hoy en día una relación comercial de 930.000 millones de dólares. Nafta tiene previsto alcanzar este año el nivel del billón de dólares, lo cual es increíble", comentó desde Miami. "Si tomas los 14 años antes de Nafta, la tasa de desempleo promedio de Estados Unidos era de 7,1%. En los 14 años posteriores a la introducción del Nafta, la tasa promedio de desempleo ha sido de 5,1%. En los 14 años previos al Nafta, el sector manufacturero crecía a un ritmo de 2% anual. En los 14 años posteriores, el sector ha crecido a un ritmo de 3,7%. En los tres países, antes del Nafta las economías venían mostrando una tasa de crecimiento de alrededor del 2 y el 2,5%. Después del Nafta, cada uno de los tres países ha crecido a un ritmo promedio anual superior al 3%. Esto nos deja ver que el acuerdo ha sido un importante motor del crecimiento en la región", aseveró Gutiérrez.
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Terra Magazine