
Luiz Carlos Azenha
Washington, Estados Unidos
La frase del título está siendo usada por Barack Obama en Puerto Rico, el estado asociado de Estados Unidos que vota el próximo día primero de junio en las previas del Partido Demócrata.
Curiosamente, los puertorriqueños participan de las internas del partido, pero no de las elecciones presidenciales de noviembre, ya que la isla no es un estado pleno.
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Como ya es tradición en la política de Estados Unidos, el voto latino volvió a ser ¿descubierto¿ por los partidos, candidatos y analistas. En 2004 los hispánicos representaron un 6% del total de votos emitidos, un aumento del 27% en relación a 2000. Pero, como el voto no es obligatorio, nadie está seguro de que el número volverá a crecer en 2008.
Tanto Barack Obama cuanto John McCain lanzaron webs en español y pretenden producir comerciales de campaña para alcanzar a la comunidad ¿latina¿. Sin embargo, ese rótulo parece cada vez más frágil, ya que es incapaz de reflejar la complejidad y la diferencia entre los grupos hispánicos.
En teoría la importancia de los electores originarios de Puerto Rico y de otros grupos que se concentran en Nueva York es reducida, ya que se da como seguro que los demócratas vencerán en el estado por amplio margen, con o sin votos de los latinos.
Así, las miradas se vuelven hacia estados en que la carrera electoral puede ser decidida por pequeño margen, o sea, por un bloque relativamente pequeño de electores.
Los hispánicos pueden desempeñar este papel en Nuevo México y en Florida, por ejemplo.
En Florida es evidente que vencerá quien agrade más a los exiliados cubanos. Eso porque la generación anticastrista más vieja ha cedido lugar a una nueva generación, aparentemente dispuesta a aceptar cambios en el bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba, más aún ahora que Fidel Castro se alejó del poder.
Es a eso a lo que parece apostar Barack Obama, pero no tanto. Después de afirmar que negociaría sin condiciones con Raúl Castro, el senador rectificó su discurso para decir que acepta negociar, sí, pero después que el nuevo gobierno cubano libere a los presos políticos.
John McCain mantuvo la postura tradicional de los republicanos, aparentemente apostando a que no se debe cambiar el equipo vencedor. Aunque el resultado de 2000 haya sido resuelto en la Justicia, el hecho es que Florida ayudó a garantizar los dos mandatos de George W. Bush en Casa Blanca.
En Nuevo México, Barack Obama cuenta con el apoyo del ex gobernador Bill Richardson, que es de origen hispánico, habla español correctamente y tiene atracción popular.
El tema con potencialidad de definir el voto de los hispánicos es el de la inmigración. Aunque millones de ilegales no tengan derecho a voto, muchos parientes y amigos de ellos, legalizados, sí lo tienen.
Pero, en ese caso, la ventaja de los demócratas puede ser menor de lo que parece. La diferencia en los discursos de Barack Obama y John McCain es de grado. Ambos manifiestan que harán concesiones a los ilegales, pero dicen que eso será precedido por el cierre de las fronteras del país. Si Obama asume una posición muy ¿liberal¿ en ese tema puede perder los votos de aquellos anglosajones que se creen amenazados por el crecimiento poblacional de los hispánicos.
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