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Cortesía
En la calle se puede encontrar toda clase de mercancías alusivas a la campaña demócrata.
En la imagen, una caja de mentas de "marca Obama". |
Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos
Llegó Halloween, el día de los muertos. Y si hay algo que destaca aún más que las millares de calabazas y el color naranja en las ventanas es, sin dudas, la impresionante catarata icónica en apoyo al candidato presidencial demócrata, una avalancha de imágenes que domina de punta a punta las calles otoñales en una Nueva York fría, aunque todavía soleada.
Barack Obama está por todos lados. Está en afiches en los baños de casi todos los Starbucks de mi barrio, el Upper West Side. Está en los anuncios improvisados que sus fans y partidarios fotocopian y pegan sobre los postes de alumbrado y los paragolpes de algunos autos. Está hasta en las pastillas refrescantes, las "Mints for Obama. Peppermints We Can Believe In", que se venden en casi todas las cadenas de cafeterías a lo ancho de la ciudad.
Si alguien pregunta en Manhattan quién será el nuevo presidente de los Estados Unidos, la respuesta no se hace esperar. Obama gana y por goleada. McCain y su vice, la desprestigiada Sarah Palin, quedaron enterrados bajo un alud de malas decisiones políticas y publicitarias. La estrategia de desprestigio y ataques que montó el ex asesor de George W. Bush, Karl Rove, para la campaña de McCain le valió a la dupla republicana la dura sanción de más del 50% de los votantes. Obama, quien se negó a utilizar fondos públicos en su campaña, y recibió más de 400 millones de dólares en contribuciones privadas, enterró a McCain bajo el peso de 210 millones de dólares en publicidad televisiva.
No llama la atención que una ciudad liberal como Nueva York esté poblada de anuncios de todo tipo en favor del primer candidato negro a la presidencia de los Estados Unidos, un candidato que según anuncian los sondeos, posiblemente gane las elecciones del martes por una avalancha de votos. Lo que sí llama la atención es el nivel de actividad que las bases demócratas han logrado generar en una ciudad que muchas veces se ha mostrado casi apática frente a las elecciones.
A media cuadra de la calle 108, sobre Broadway, un grupo de ocho vecinas todas en edad de estar ya jubiladas ofrecen panfletos y pines rojos y blancos con la sonriente foto del senador por Illinois en el centro. En torno a la foto, el slogan augura: "A New Direction For America. Obama 2008" (una nueva dirección para América. Obama 2008). "No se olvide de votar el martes", me recuerda una de las mujeres exagerando la sonrisa. Cuando le pregunto si cree que McCain tiene alguna oportunidad, claro, los dientes desaparecen bajo unos labios ajados y secos. Y luego de darme una mirada casi de desprecio, como si no tuviese tiempo para responderme, se abalanza sin piedad sobre el próximo peatón y lo rocía con panfletos. Entre la calle 110 y la 90 hay diez, a veces hasta 12 centros de voluntarios demócratas, a razón de uno cada dos cuadras.
Para muchos de estos voluntarios la posibilidad de que Obama no resulte electo el martes es simplemente un ejercicio de pura ficción. Las últimas encuestas nacionales conducidas a pedido de la cadena CBS y el periódico New York Times le dan al moreno una ventaja de 11% sobre su rival. Una delantera que será difícil de perder en los escasos cuatro días que quedan hasta los comicios.
El miércoles por la noche, Obama emitió un anuncio político de media hora en algunas de las mayores cadenas televisivas de alcance nacional y ofreció ante más de cien millones de estadounidenses algo que McCain no pudo brindar durante más de medio año de campaña: un mensaje claro, ordenado, preciso y convincente.
Obama, según se conoció el miércoles, tiene ya designado a su futuro gabinete. Y a cuatro días de las presidenciales más importantes en los últimos 30 años, el jefe de campaña demócrata David Plouffe aseguró que el equipo ya está preparado para implementar una serie de rescates que, parece, son lo que caracterizará los primeros meses del próximo mandato.
Uno de los nombres que suena para el cargo de Secretario del Tesoro, el pausado y talentoso Larry Summers (quien estuvo en el cargo durante los dos años finales de la administración Clinton) habló con Terra Magazine hace una semana luego de una mesa redonda en Nueva York en la que participó junto a filántropos y magnates como George Soros y Peter Thiel. Entonces, Summers aseguró que los cambios que se avecinan son importantes.
"Cuando cae un avión es necesario convocar a un comité de expertos para revisar qué es lo que pasó con la máquina, por qué fallaron sus mecanismos de control", comentó Summers. "Ahora, cuando vemos que son cientos lo aviones que se caen al mismo tiempo, tenemos que revisar los parámetros completos de todo el sistema aeronáutico nacional. Y eso mismo es lo que deberemos hacer con la economía. Porque en los últimos días no sólo cayó una empresa. Esta crisis es mucho más que un síntoma aislado".
Terra Magazine
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