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Nueva York se tomó un respiro en la víspera de las elecciones

Getty Images
Las noticias resultaban ya tan abrumadoras que en un arranque de sanidad mental los neoyorquinos decidieron parar la pelota.

Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos

La víspera de los comicios presidenciales ha sido posiblemente el día más extraño desde el comienzo de la disputa preelectoral. No solamente por la sensación de agotamiento informativo que como una especie de ácido láctico se extendió desde la mañana por los titulares de los diarios y los blogs más populares de Internet. Sino también, y sobre todo, debido a que la agotadora tensión de los últimos minutos en el final de esta carrera sin precedentes ya se corta con cuchillo en las mayores ciudades del país.

¿Qué más puede ocurrir? se preguntan tras de una interminable y durísima pelea tanto demócratas como republicanos. Las largas colas de votantes frustrados en algunos de los estados que permiten el "early voting" (voto anticipado), las sospechas cada vez más notorias sobre la posibilidad de fraude en Colorado, Nuevo México, Indiana y Florida, la purga de los padrones electorales de casi de 10 millones de votantes negros y latinos en el sur del país llenan el espacio mediático de sospechas, dudas y ansiedades.

Luego de una campaña dominada desde septiembre por una tremenda crisis financiera, el proceso judicial contra la candidata republicana a la vicepresidencia Sarah Palin, las acusaciones, las idas y vueltas de un John McCain casi desesperado, las noticias resultan ya tan abrumadoras que en un arranque de sanidad mental los neoyorquinos han decidido parar la pelota.

"Lunes y martes son feriados de hecho, así que hasta el jueves no vas a encontrar a casi nadie trabajando", asegura Robert Martin, un diseñador de muebles e interiores que cerró por dos días sus oficinas en Brooklyn. "Estamos todos a la expectativa, queremos ver lo que pasa¿ estas elecciones pueden cambiar la historia", dice.

Como Martin, desde el viernes de Halloween las universidades más importantes de la ciudad, Columbia, la City University y NYU, han suspendido las clases para casi todos sus alumnos. Varias reparticiones públicas y algunas oficinas del correo y de la seguridad social anuncian que estarán cerradas desde principios de la tarde del lunes y los bancos se ven prácticamente vacíos. En las calles, más frenéticas que de costumbre, se palpita sin embargo ambiente de fin de semana.

"Hoy entró mucha más gente que en todo el último mes", asegura Fidel, un vendedor latino del Barneys COOP en la 76 y Broadway. "Sí, es lunes pero parece casi un feriado", sentencia el puertorriqueño al tiempo que se abalanza sobre un posible cliente en la sección de Prada. La cadena de venta minorista más exclusiva de la ciudad, que abrió el lunes por la mañana anunciando rebajas del 40% en su sección para hombres, aprovechó la víspera del supermartes para darle el puntapié inicial a la temporada de invierno. "La gente está ansiosa y al comprar se relaja", especula el Fidel. Y los más de 20 clientes que en simultáneo revuelven varias pilas de camisetas, jeans y chaquetas de vestir le dan toda la razón.

"Hay un clima especial", me asegura Erika Stahlman, artista y diseñadora de interiores. "Desde hace algunos días que la gente se despide de una diciendo 'no te olvides de votar'¿ parece que esta vez van a ser muchos más votantes que en otras elecciones", especula la mujer para luego confesar: "Sabes, yo hace por lo menos 10 años que no voy a votar¿ pero esta vez me toca".

Tan importante como votar será la velada en espera de los resultados. Y aunque Obama aparece en las encuestas más recientes de Gallup y CBS con más de 10 puntos a favor, se espera que los primeros números confiables recién comiencen a emitirse cercana la madrugada del martes. ¿Qué hacer entonces para que no nos carcoma la ansiedad? "Juntarse con colegas o ir a una fiesta", sugiere Chris, un estudiante y activista demócrata de 35 años. "Puede ser en casa de algún amigo o en algún pub que organice algo", dice y nos sugiere la fiesta latina del SOBs (Sounds of Brazil), que en la esquina de Varick y Houston en SoHO, a partir de las siete de la tarde, encenderá la pantalla gigante y ofrecerá palomitas de maíz y tragos especiales en una happy hour para, según promocionan, celebrar "la elección del primer presidente afro americano en la historia de nuestro país".

Bastante lejos de SoHO, en plena Chicago, el casi cantado futuro presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, pasará la velada rodeado de 70 mil simpatizantes demócrata y de oda su familia. La excepción, claro, será su abuela Madelyn Payne Dunham, quien murió el domingo en una clínica de Honolulu a los 86 años, tras una dramática lucha contra el cáncer. "Ella fue mi cimiento y el de toda mi familia", reconoció Obama en un comunicado que emitió el lunes por la tarde. "Ella fue quien me dio todo. Fue una mujer extraordinaria, de gran fuerza y humildad y siempre nos estimuló para que no tuviésemos miedo de tomar decisiones importantes". "Es por ella", dijo el candidato hace menos de un mes "que seré presidente de los Estados Unidos".

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