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EFE
El poder histórico de los EE.UU. desde ayer parece enderezado a la construcción de un mundo más humano
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Javier Darío Restrepo
Bogotá, Colombia
"Negro" dejó de ser una mala palabra desde este martes. Quizás él mismo no se lo propuso, pero el ascenso de Barack Obama a la Presidencia de Estados Unidos fue un golpe a las actitudes racistas imperantes en el mundo. El comando de jóvenes neonazis que pretendían asesinarlo, estaba en lo cierto: Obama representa un rudo golpe para el poder blanco.
Y para el racismo latente entre los colombianos, que aparece púdicamente en chistes de sobremesa y de club, y de modo manifiesto en bares y clubes, o con rostro siniestro, en el rechazo airado contra el paro de los negros corteros de caña en el Valle del Cauca.
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Ya la insurgencia de la candidatura de Obama estimuló el debate público sobre el racismo de los colombianos, que opera de dientes para adentro, porque para afuera todos somos políticamente correctos, de mentalidad abierta, democrática y tolerante.
Ver hoy a un presidente negro en la Casa Blanca, cuando en la presidencia de Kennedy fue necesario enviar a la Guardia Nacional a los estados del sur para urgir el cumplimiento de las leyes de protección y respeto de los derechos de los negros, es una señal histórica de un poderoso contenido que no podrá ser ignorada en el resto del mundo. Todos los estereotipos culturales y religiosos en que se fundaba la discriminación contra los negros, ahora sí comenzarán a derrumbarse. Los mismos negros dejarán de sentir que es un insulto llamarlos negros.
El triunfo de los Derechos Humanos
El triunfo de Obama también será el de los Derechos Humanos. Según la mañosa política oficial colombiana, la protección de los derechos de los sindicalistas, por ejemplo, o la purga de militares por los crímenes contra el derecho a la vida, son medios que deben conducir a un fin: la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC). Para Obama los seres humanos y sus derechos son un fin, no un medio. Desde sus días de Yakarta -escenario de su juventud- rechazó "la promoción interminable del capitalismo made in USA, la tolerancia y los ocasionales estímulos a la tiranía", todas esas formas de usar al ser humano para objetivos políticos, que ahora condena como parte esencial de su credo político.
Un hipotético voto colombiano el 4 de noviembre, habría enfrentado un dilema: o TLC o Derechos Humanos, y habría favorecido a McCain. En la escala de valores de la mayoría oficialista, el TLC es lo primero; los Derechos Humanos se le subordinan, como ha quedado claro en el desarrollo de los paros de los corteros de caña en el Valle y de los indígenas del Cauca; o en el tratamiento dado a los desplazados. Obama le apuesta a los Derechos Humanos, probablemente con mayor decisión que Jimmy Carter o que el mismo John F. Kennedy. Si de la mayoría de los colombianos dependiera, Obama habría sido derrotado por la prioridad concedida a los Derechos Humanos sobre el TLC.
Vuelco en política exterior
La presidencia Obama implicará un vuelco en la política exterior colombiana. Las frecuentes visitas y fotografías del presidente Uribe con el presidente Bush serán recordadas y conservadas con el pudor que se reserva para los errores pasados. Lo mismo ocurrirá con aquella visita del candidato McCain a Colombia y la entrevista improvisada con la señora Palin, que si bien expresaban afinidades ideológicas y se inscribían en la obsesiva campaña por el TLC, desconocían la dirección en que corrían las aguas de la política.
Si no cambian sus políticas, el aislamiento de Colombia, en un continente que vira hacia la izquierda, será más dramático, con un Obama abierto al diálogo sin condiciones con Irán, y dispuesto al encuentro con Chávez y más cercano a las izquierdas del continente. Aunque no son previsibles cambios profundos en temas como el de las drogas ilegales, o de seguridad, o de comercio los enfoques políticos serán otros, porque cambiará la mirada sobre fenómenos como el del terrorismo, será revisada la teoría de la guerra preventiva y los conflictos del mundo dejarán de plantearse en los términos maniqueos de buenos contra malos.
Otra mirada
Esa actitud maniquea comenzó a verse en el curso de una campaña en que los ataques tuvieron esa constante: McCain el bueno, Obama el malo. Obama, musulmán; Obama en relación con terroristas; Obama, un débil nacionalista; Obama, frío frente a Israel; fueron argumentos que finalmente desaparecieron bajo un alud de votos que demostraron que hoy se está comenzando a pensar distinto.
Con Obama puede comenzar una historia diferente para las gentes de bajos ingresos, hasta ahora sometidas a las políticas trazadas por la fe en el libre comercio. Es forzoso que las miradas de los gobernantes en Colombia y en el continente, descubran un nuevo camino para llegar con soluciones a los más pobres. Lo había intentado Kennedy con su Alianza para el Progreso y sus Cuerpos de Paz, ahora es previsible una política más de fondo, sin el aire paternalista de aquellos, sin las ambigüedades del TLC y con el sello del respeto por los Derechos Humanos tratados, no como política de izquierda sino como expresión de la dignidad de las personas.
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