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EFE
Según Pablo Calvi,desde el triunfo de Obama, en Nueva York se respira un aire diferente.
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Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos
El sábado temprano Keita se anima a manejar un poco más rápido. Al acercarse quizás demasiado al cordón de la vereda, el taxi amarillo sobrevuela un colchón de hojas que se levantan con el viento en una imponente una parva de color dorado. La escena sorprende y por un segundo distrae al moreno que se detiene en un semáforo pocos metros más adelante. "¿Se ha fijado?", me pregunta y apunta hacia atrás con el pulgar mientras sonríe por el retrovisor y luego estalla en una carcajada blanquísima, que resuena modesta en el asiento de atrás. "Parece que el espíritu le ha vuelto a las cosas... nos han devuelto la alegría".
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No estoy demasiado seguro de que una parva de hojas en el viento pueda certificar la realidad tan sorprendente y curiosa que no sólo Keita, sino casi todos los neoyorquinos con los que me he cruzado en los últimos cinco días vienen. Pero lo cierto es que desde el triunfo de Barack Obama en las presidenciales del martes pasado, en la ciudad se respira un aire diferente.
Keita tiene 40 años de edad y aunque llegó de Costa de Marfil con sus padres cuando apenas tenía siete es, según me asegura, un votante empedernido. "Siempre voy a votar, pero esta vez voté distinto", me asegura. "Voté con el corazón. Y ya ves, el mundo entero cambió después de esta elección", se entusiasma para luego confesarme su secreto: "A partir de ahora, el mundo nos va a devolver solamente amor; la economía va a cambiar para bien y la gente va a sentirse cada día mucho mejor". Esperemos, le respondo.
Si lo pienso, tampoco me considero una persona religiosa. Pero en algún misterioso rincón de la conciencia, esta mañana de sábado bien temprano, de un modo extraño encuentro que todo lo que me dice Keita suena sumamente razonable. Y como si quisiera validar sus palabras con hechos, a diferencia del 99% de los taxistas en la ciudad, este neoyorquino inmigrante y feliz me despide con un cálido apretón de manos.
"No creo que sea solamente el carisma¿ Barack Obama es un hombre sumamente preparado", me dice Norberto Quintana, un abogado argentino de 36 años de edad que por el año 2001 tomaba clases con Obama en la facultad de derecho de Chicago University. "No sólo transmite muchísimo respeto y autoridad, sino que además tiene esa capacidad para acercarse a la gente", asegura. Y claro, casi ocho años más tarde, Quintana participó en los rallies para juntar votos del día antes de las elecciones en Philadelphia. "Es un estado que no tiene requisitos de ningún tipo para este tipo de actividades, así que como no podía votar yo salí a buscar votos. Y logré convencer a cinco latinos", me asegura.
La esperanza, el compromiso y la sensación de que se ha terminado con una de las injusticias más terribles de la historia moderna, son posiblemente tres de los más grandes legados que ha dejado hasta hoy una de las campañas presidenciales más importantes de los últimos cincuenta años. El compromiso de las bases se mostró intensamente no sólo en los rallies electorales y en el voluntariado, dos de las armas más contundentes en la campaña de pergeñada por el brillante estratega demócrata David Plouffe. También apareció de un modo sorprendente en la contribución con fondos a través de Internet.
Y de un modo bastante especial, Internet se convirtió en el medio por excelencia para la campaña y es el lugar en el que todavía podemos revisarla.
John Kelly, académico y director científico de Morningside Analytics, me envió hace poco una herramienta que desarrolló para seguir la campaña en Youtube de un modo claro y ordenado.
El Video barómetro que clasifica los cortos posteados en Youtube de acuerdo con la tendencia política de los blogs que linkean hacia ellos, es la prueba viviente de que las presidenciales de 2008 se han jugado mucho más cerca del nivel de la gente.
"La campaña de Barack Obama se ha conectado con un número de activistas y bloggers para comunicarse y movilizar voluntarios, incorporándolos al sitio MyBarackObama.com", detalla Kelly en un artículo que publicó hace una semana en Columbia Journalism Review.
Los blogs y Youtube se sumaron a un poderoso ejército de voluntarios que no descansó hasta que su candidato resultó electo. Y la prueba la muestra Kelly.
"Fueron horas y horas, hasta el último minuto", me cuenta Quintana en su casa de South Orange a 45 minutos de Manhattan. "Pero a fin de cuentas me queda una satisfacción muy grande, algo muy parecido a la felicidad".
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