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› Terra Magazine › Elecciones USA 2008

La derecha estadounidense, en crisis de identidad

AP
El ex candidato presidencial, John McCain, y su esposa, Cindy, durante la campaña en Grand Junction (Colorado).

Patrick Brock
Nueva York, Estados Unidos

El lujoso Hotel Biltmore, en Phoenix, Arizona, donde el candidato republicano John McCain planeaba festejar la victoria de su carrera hacia la Casa Blanca, está rodeado de embargadas. Según el periódico Arizona Republic, el número de órdenes de desalojo en la ciudad aumentó de 1.070 en 2006 a 16.647, sólo en el primer semestre de 2008. En tanto, en los comicios, se ofrecía gratuitamente masajes faciales con caviar y tratamientos con champaña para los pies.

El contraste entre la realidad de Estados Unidos y el festejo de los republicanos -poco antes de la derrota histórica en las elecciones presidenciales- es un síntoma del fraccionamiento del partido después de ocho caños de problemas provocados por George W. Bush. La irresponsable guerra en Irak, el fracaso en impedir la tragedia humana tras el paso del huracán Katrina, la crisis inmobiliaria y el colapso del sistema financiero americano son ejemplos de eso. El sinsabor de la población con los rumbos del partido desde el gobierno de Ronald Reagan en los años 80, se tradujo en la victoria de Barack Obama y la ampliación de la mayoría demócrata en el congreso.

Muy popular en su momento, Reagan liberalizó la economía, promoviendo un sistema financiero mundial basado en las innovaciones de Wall Street, como lo títulos ligados a los préstamos inmobiliarios de alto riesgo, detonante de la actual crisis. Él también movilizó una base conservadora desilusionada por la turbulencia económica y social de los años 60 y 70. De este modo, los republicanos consiguieron crear para sí una imagen populista y conservadora que cautivó al electorado americano en dos victorias aplastantes en dos elecciones de los años 80.

Las políticas liberales de Reagan fueron continuadas por George H. Bush. Pero George W. Bush, heredero de los evangélicos conquistados por Reagan en los años 80, y también del legado político y financiero de su padre, dirigió los fundamentos partidarios de responsabilidad fiscal y purga de la maquinaria, emprendiendo dos guerra caras y en el mayor corte de impuestos de la historia del país, afirma el historiador estadounidense Alan Lichtman en su libro White Protestant America: The Rise Of The Modern American Right.

Fracaso

Reagan defendía que el enriquecimiento de la élite ¿fluiría¿ hacia los otros sectores de la población, pero lo que se vio fue lo inverso, con el aumento de la desigualdad económica, la mayor desde los años 20, ya que las ganancias de productividad y los avances tecnológicos beneficiaron más a los dueños de los bienes de producción o a los grandes financistas que al americano promedio.

Tras 20 años de desregularización, también surgieron varios problemas en la vigilancia sanitaria de alimentos y remedios, como la contaminación con bacterias de millares de toneladas de carne molida vendida a las escuelas de todo el país, una falsa alarma de intoxicación por tomates, y efectos colaterales nefastos en medicamentos aprobados por la FDA, agencia americana de control de medicinas e alimentos, como supuestamente seguros.

La guinda de la torta en el fracaso de esa corriente política fue la crisis en Wall Street y la antipatía del electorado a Sarah Palin, una especie de Bush con falda que se convirtió en la vedete del ala ultraconservadora del partido. El gobierno informó el viernes pasado que el número de desempleados aumentó en octubre a más de 10 millones, o 6,5 % de la población económicamente activa, debido a la caída del consumo.

Conflictos

El ganador del Nobel de Economía de este año, Paul Krugman, denunció el discurso falsamente populista de la popular gobernadora de Alaska, escogida para desempeñarse al lado de McCain como vicepresidente, y la falencia de tácticas de apelación al moralismo, las culture wars introducidas por Richard Nixon y el estratega Lee Atwater y perfeccionadas por Reagan.

Según el profesor de religión, cultura y teoría social de la Universidad de Virginia, James Davison Hunter, esas guerras culturales fueron un realineamiento profundo que popularizó la política y cultura americana. Cuestiones como el aborto, armas, secularismo y homosexualidad ganaron importancia y dividieron al electorado en dos grupos ideológicamente antagónicos.

Sólo que en este elección, la preocupación era la economía. En los comicios republicanos, los electores gritaban "Mátenlo" y agitaban monos con peluca decorados con adhesivos de Obama. Palin se deleitaba al declarar que la ciudades pequeñas y conservadoras son la "verdadera América", aunque la mayor parte de los americanos viva en las grandes ciudades.

Palin, con sus tendencias fundamentalistas y simplismo que los americanos conocen bien a través de Bush, acabó espantando a los electores moderados que buscaban un aliento para los desastres de los últimos ocho años.

Los republicanos comenzaron a lamer las heridas en Virginia, el jueves de la semana pasada, en una conferencia de las directivas para debatir cómo reconstruir el movimiento conservador, al ser expandida en un encuentro entre los gobernadores del partido esta semana en Miami. Mientras tanto, las urnas ya dictan que por lo menos algunos años de ostracismo en Washington.

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