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Reproducción
La historia de la famila Borgia llevada al comic por los revulsivos Milo Manara y Alejandro Jodorowski, en una edición de Norma.
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Mariano González Achi
Buenos Aires, Argentina
En los círculos del crimen se lo conoce como "el arma de los cobardes". Las estadísticas, por su parte, aseguran que el uso de venenos en casos de homicidio sólo representa el 5% de los asesinatos, y dice también que los médicos, por sus conocimientos de los procesos químicos del cuerpo y las mujeres por su tendencia natural a evitar la violencia, suelen ser quienes más se valen de ellos.
El uso letal de sustancias venenosas se remonta a miles de años atrás, cuando las tribus nómades comenzaron a mejorar sus instrumentos de caza gracias al efecto fulminante obtenido de ciertas plantas. Recién durante el imperio romano, la utilización de venenos para matar seres humanos se transformo en una práctica habitual. Los elefantiásicos banquetes que los emperadores brindaban en sus palacios creaban la situación ideal para que en el confuso y frenético ir y venir de manjares alguien dejara caer una dosis mortal en la copa de vino de un adversario político. Nerón, por ejemplo, contaba incluso con un envenenador personal. Un erudito en el arte de preparar venenos y administrarlos secretamente.
La costumbre de eliminar rivales envenenándolos, supo tener en la familia Borgia la forma más sistemática y cruel de detentar el poder. Amorales y calculadores, esta rama de aristócratas de vida turbulenta durante los siglos XV y XVI, fue objeto de la admiración de Nicolás Maquiavelo, quien no encontró un ejemplo más adecuado que sus crímenes para ilustrar su obra El príncipe (1532).
La saga de envenenadores comienza con Cesar Borgia, hijo de Rodrigo Borgia (quien fuera entronizado como Papa bajo el nombre de Alejandro VI), pero se extienden en un complejo laberinto de intrigas, conspiraciones y amores prohibidos que abarca una buena parte de la noble familia. No es extraño que la insistencia de los Borgia en envenenar, haya provocado a sus enemigos (y a sus amigos también) a acrecentar su fama a través de cientos de rumores. El más difundido de ellos contempla el particular anillo que poseía Lucrecia Borgia, hermana de Cesar, que tenía una cavidad secreta para alojar el veneno. Ella era capaz de dejarlo caer en el momento oportuno, con el rápido movimiento de su pulgar.
Hacia el final de la segunda guerra mundial, cuando el ejército aliado encerraba cada vez más a la destruida ciudad de Berlín, un escaso y selecto grupo de personas acompañaban a Adolf Hitler en su bunker personal. Entre ellos se contaba Joseph Goebbels, su esposa Magda y sus seis hijos. Ante la inminente llegada del ejército soviético, la mayoría eligió el suicidio. Además de Hitler, quien mordió una cápsula de cianuro antes de disparase con un arma de fuego, la esposa de Goebbels se tomó el trabajo (se supone lo había pensado con un mes de antelación) de envenenar a todos sus hijos. Con la ayuda de un médico, suministró a su descendencia una inyección de morfina, para luego ponerles en la boca una pastilla de cianuro. Los cadáveres, todavía con sus vestidos de fiesta, fueron encontrados un día mas tarde por un grupo de soldados.
En 1982, se produjo en la ciudad de Chicago uno de los casos de muerte por veneno más impactantes, potenciada por lo azaroso del procedimiento y el inquietante hecho de que el asesino jamás fue atrapado. Una joven de 13 años fue la primera víctima de un total de siete personas. Todas ellas tenían en común haber consumido durante aquel día una tableta de Tylenol, un conocido analgésico de venta libre en los Estados Unidos. Más tarde, se descubrió que habían ingerido una pastilla de cianuro que imitaba la forma y el color del medicamento. Alguien había ingresado en farmacias y supermercados, para colocar las falsas pastillas envenenadas. El suceso tuvo una amplia cobertura y se retiraron todos los frascos de Tylenol del mercado. Entre ellos la policía encontró tres más que habían sido adulterados. Un estafador oportunista llamado James W. Lewis trato de extorsionar a la empresa Johnson & Johnson, enviándoles una carta donde pedía un cifra millonaria a cambio de detener las muertes. Lewis pronto fue apresado, y se comprobó que nada tenía que ver con la fabricación de las pastillas de cianuro. Fue condenado a prisión, recuperando la libertad en 1995.
Un moderno y fallido magnicidio por envenenamiento, fue el sufrido por el presidente ucraniano Víktor Yushchenko en 2004. A poco tiempo de ganar las elecciones, el mandatario desarrolló un malestar por el que debió ser internado para unos estudios. Se llegó a la conclusión de que fue envenenado con dioxina, administrado por vía oral, presumiblemente durante una comida. El rostro del presidente mostró un impresionante deterioro por la acción del veneno, que le produjo un sarpullido en la piel y una molesta hinchazón en la cara. La sustancia fue identificada como T2 o "lluvia amarilla", término que fue utilizado por el ejército ruso al usarla como arma biológica en Afganistán. Aun así, Yushchencko fue capaz de recuperarse, para seguir al mando de su país, así como también para escalar en 2005 (una costumbre que repite cada año) el monte Hoveria, el punto mas alto de Ucrania.
» Hable con Mariano González Achi
Terra Magazine