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Berlusconi hace llorar a una periodista en conferencia de prensa

AFP
El primer ministro electo y magnate de los medios Silvio Berlusconi, haciendo el gesto que provocó el llanto de una periodista en plena rueda de prensa.

Vera Gonçalves de Araújo
Roma, Italia

Cuando veo fotos de Silvio Berlusconi y Vladimir Putin juntos, no puedo evitar la comparación con los dos personajes del libro de cuentos infantiles italiano más famoso, Pinocho de Carlo Collodi. Los personajes son el Gato y la Zorra. El primer (y único) jefe de estado extranjero que vino personalmente a felicitar a Berlusconi por su victoria electoral del 14 de abril fue justamente Putin. La visita fue rápida, pero alcanzó para la primera metida de pata del tercer mandato de Berlusconi, incluso antes de su asunción al mando.

En la conferencia de prensa que dieron al finalizar el encuentro, una periodista rusa le preguntó al actual presidente y futuro primer ministro ruso si era cierto que se había divorciado de su esposa Ludmila para casarse con una joven y hermosa ex atleta. Putin se congeló y contestó que su vida privada no le interesa a los medios, mientras a su lado Berlusconi hacía el gesto de ametrallar a la periodista. De mentiritas, claro. Pero la joven estalló en llanto, incluso porque la vida de los periodistas rusos no ha sido nada fácil en los últimos años. Muchos pagaron su propia impertinencia con la vida.

Aparentemente, el Gato y la Zorra tienen muy poco en común. Uno es un millonario de derecha admirador de Bush, magnate de la televisión y de las empresas constructoras, más conocido por sus bromas de mal gusto y por las metidas de pata que por su programa político. El otro es un hombre de gran autocontrol, un burócrata prudente que reconstruyó el poder del Kremlin con el apoyo de una poderosa oligarquía de empresarios, resucitando el orgullo nacional e inaugurando una "guerrilla fría" con los Estados Unidos.

Ambos son vistos con cierta desconfianza por los otros jefes de estado y de gobierno, y tal vez por eso se hicieron muy amigos durante los cinco años de gobierno de Berlusconi entre 2001 y 2006. Por eso la visita de Putin a la villa de Berlusconi en Cerdeña para festejar la victoria no es tan sorprendente. El presidente ruso fue huésped de Berlusconi en 2003 con su esposa, y el mismo año también sus hijas fueron a pasar sus vacaciones con el "tío Silvio". Putin invitó a Berlusconi a su residencia de verano (mucho menos lujosa) en Sochi, sobre el Mar Negro. El año pasado en Moscú ambos asistieron juntos a una exhibición de yudo a cargo del actor belga Jean-Claude van Damme, mientras en las calles de la capital rusa la policía reprimía duramente una manifestación de la oposición.

A fin de cuentas, el Gato y la Zorra no son muy diferentes en su estilo: les gusta exhibirse, son bajitos y vanidosos, y gobiernan creando una red de amigos y aduladores de varios tipos. Pero lo que realmente tienen en común son los negocios. A propósito, Putin pasó por Cerdeña cuando regresaba de un viaje a Libia, donde fue a vender armas y piezas industriales. El presidente ruso es la mente estratega de Gazprom, el monopolio público del gas ruso. Para Berlusconi hacer política quiere decir hacer negocios. Sobre estas bases, Italia y Rusia construyeron nuevas alianzas económicas, principalmente en el campo de la energía. Gazprom y Eni (la compañía italiana de energía, que tiene un 30% de participación estatal) firmaron un acuerdo para construir el gasoducto South Stream, que traerá a Italia 30.000 millones de metros cúbicos de gas siberiano por año. En Washington y en Bruselas el proyecto es considerado una movida peligrosa, que va a acentuar la dependencia de la Unión Europea de Rusia. Para Putin y Berlusconi no es más que un buen negocio.

Ahora que Italia volvió a las manos de Berlusconi, el Gato y la Zorra seguramente están preparando nuevas sorpresas. Lo que todavía me falta entender es quién es el gato, y quién la zorra.

Vera Gonçalves de Araújo es periodista, nació en Rio, vive en Roma y trabaja para periódicos brasileños e italianos.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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