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Aliado de Berlusconi sugiere construcción de central nuclear

Cortesía
Giancarlo Galan, gobernador de la región del Veneto, en el norte italiano.

Vera Gonçalves de Araújo
Roma, Italia

Junio es el mes de las cerezas en Europa, pero desde hace 22 años cada vez que veo por primera vez cerezas en el mercado, siento un malestar que no tiene nada que ver con la fruta que me encanta. Es que las cerezas me recuerdan el accidente de la central nuclear de Chernobyl, en la primavera de 1986.

Mi hijo era pequeño y adoraba las cerezas. Estábamos de vacaciones en una casa de campo rodeada de cerezos, pero no podíamos recolectar ninguna, porque las autoridades sanitarias decían que la cereza absorbe el cesio radiactivo más que otras frutas, pues no tiene cáscara. Desde entonces, no consigo mirar las cerezas, ni las plantas de lechuga, ni los vasos de leche (tres de las cosas más puras que frecuentan mi cocina) sin una cierta desconfianza.

El miércoles de hace dos semanas, a través de un mensaje SMS enviado por un amigo a las 6 de la tarde llegó el aviso: "¡Cierra las ventanas! Accidente nuclear en Eslovenia". Me reí por algunos segundos, sólo al imaginar si una ventana podía proteger de las nubes radiactivas. Luego me acordé de las cerezas, y dejé de reírme.

Me puse a buscar noticias en Internet, confirmadas: en la única central nuclear del país, en Krsko, hubo un derrame de líquido refrigerante. La alarma, esta vez, sonó inmediatamente, no como el accidente de la central ucraniana (en épocas de la todavía Unión Soviética), que recién fue descubierto cuando los suecos detectaron la radiactividad en el aire y en el suelo.

Eslovenia queda aquí al lado, y el Instituto de Ecología de Viena calculó que un accidente en Krsko tendría consecuencias mucho peores que las de Chernobyl: la tiroides de los niños (consideradas las víctimas más expuestas a las radiaciones) sufriría un bombardeo de 3,7 sievert de radiación. En Chernobyl fue de 2,5 sievert.

El sievert es la unidad que mide el efecto biológico de la radiación sobre los tejidos vivos. Otra cosita que descubrí es que la central de Krsko fue construida en una zona sísmica, y puede soportar terremotos de hasta 5,7 grados de intensidad en la escala Richter (el terremoto que devastó Friuli, a 130 km. de la central nuclear, fue de 6,4 grados Richter). Fue construida en 1983, y según la asociación Greenaction Transnational de Trieste, el episodio registrado hace varios días revela serios problemas estructurales:

"La central nuclear de Krsko representa uno de los mayores peligros para la seguridad de Italia septentrional, de Austria meridional, de Eslovenia y de Croacia. Una comisión internacional designada por iniciativa de Austria e Italia para verificar los estándares de seguridad de la central en 1993 expuso 74 recomendaciones sobre modificaciones técnicas y de procedimientos para adecuar la central a las normas de la Unión Europea".

El día siguiente al derrame, las autoridades eslovenas garantizaron que no existía ningún peligro, a pesar del alerta activado por la Unión Europea. El reactor de la central fue apagado para reparar el enfriador.

El gobierno italiano dijo que Protección Civil, que posee instrumentos para medir la radiactividad en las regiones de Friuli, Veneto y Lombardía -las más expuestas en caso de accidente- no registró ningún hecho de gravedad.

El problema es que no confío mucho en el gobierno italiano respecto de este tema. Uno de los puntos fuertes del programa electoral de la derecha italiana que ganó las elecciones el pasado mes de abril era justamente la construcción de centrales nucleares, en un país que ya decretó a través de un referendum realizado en 1987, un sonoro y claro NO a lo nuclear en Italia. Ahora, con el precio del combustible más caro de Europa, Berlusconi y el lobby nuclear esperan que los italianos cambien de idea.

Para reforzar mi desconfianza en el gobierno, vi por televisión una entrevista al gobernador de Veneto, el berlusconiano Giancarlo Galan, que declaró: "Es hipócrita pagar un costo energético muy superior al de otros países para luego sufrir también las eventuales consecuencias negativas que, en caso de ocurrir un accidente en un país vecino, nos alcanzarían de cualquier forma". Quiere decir, si tenemos que morir en una nube radiactiva, que por lo menos sea una elegante nube made in Italy.

Links:
» El sitio web de la usina de Krsko.
» Sociedad Nuclear Europea.
» Noticias mundiales sobre energía nuclear.

Vera Gonçalves de Araújo es periodista, nació en Rio, vive en Roma y trabaja para periódicos brasileños e italianos.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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