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"Necesitamos llegar con una posición clara en favor del establecimiento de metas, recordándoles que la responsabilidad de Brasil y de los países en desarrollo es diferenciada, pero tiene que ser asumida".
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Marina Silva
De Brasilia, Brasil
A menos de cuatro meses de la 15ª Conferencia de las Partes (COP 15) de la Convención de Naciones Unidas sobre los Cambios Climáticos, el gobierno de Corea del Sur anunció que adoptará metas concretas de reducción de emisiones de gases que causan el efecto estufa hasta el 2020.
La COP 15 -que se va a realizar entre el 7 y 18 de diciembre en Copenhague, en Dinamarca- será decisiva. Es nuestra mejor oportunidad para, finalmente, superar la marcha lenta en que andan las negociaciones internacionales para cambiar el futuro del Planeta.
Estarán reunidos representantes de más de 200 países para discutir un acuerdo que suceda el Protocolo de Kioto y hacer frente al mega desafío de los cambios climáticos.
Pese a no proponer cortes dramáticos, la iniciativa de Corea del Sur, la cuarta mayor economía asiática, es más que bienvenida. Ella viene de un país considerado en desarrollo, que ha doblado sus emisiones entre 1990 y 2005, y no es signatario del Protocolo de Kioto.
Según lo anunciado, el gobierno surcoreano debe escoger entre tres opciones: aumentar en 8%, al máximo, los niveles de 2005 en 2020; no sobrepasar los niveles de 2005; o reducir en 4% los niveles de 2005. La expectativa es que las metas eviten un crecimiento de 30% en las emisiones del país hasta 2020.
México, otro país en desarrollo, también manifestó, al final del año pasado, la intención de reducir sus emisiones en 8% hasta el 2012, en relación a los niveles de 2002, y de tener, en tres años, un mercado de carbono.
El ministro de Energía y Cambios Climáticos de Reino Unido, Ed Miliband, presente en el seminario "Clima y Desarrollo: a Camino de Copenhague", que debatió hace una semana en São Paulo, Brasil, fue directo al punto: "Necesitamos actuar juntos. Si no logramos un acuerdo en Copenhague, otra oportunidad debe demorar mucho. Y, en ese caso, esperar no es una estrategia. No podemos crear un planeta de ilusiones".
¿Y Brasil? A la larga de los últimos anos veníamos liderando en varios frentes: redujimos significativamente la deforestación, creamos el Fondo Amazonía, constituimos el Comité Interministerial sobre Cambios Climáticos, que concierne a 17 ministerios, elaboramos el proyecto de ley que instituye la Política Nacional de Cambios Climáticos -que está en el Congreso-, entre otras medidas que llevaron a recientes conquistas.
Ahora necesitamos avanzar en el compromiso ético de hacer crecer al país respetando los límites de la naturaleza, sin ensuciar nuestra matriz energética, que es limpia, renovable y segura. Tenemos que construir carreteras con bajo impacto ambiental, producir biocombustibles certificados, aumentar nuestra producción agrícola sin derribar más selvas.
Sólo será posible soñar con un mundo mejor si hoy construimos alternativas viables y sostenibles de desarrollo. Y no me cansaré de repetir que Brasil es uno de los países clave para hacer con que las negociaciones sobre el clima salgan del marasmo en que se encuentran hace años.
Por eso, necesitamos llegar en Copenhague con una posición clara en favor del establecimiento de metas, recordándoles que la responsabilidad de Brasil y de los países en desarrollo es diferenciada, pero tiene que ser asumida. Ahora, con iniciativas de países que nunca estuvieron en la línea de frente de los esfuerzos para establecer metas de reducción de los niveles de carbono, parece que la cosa se mueve de manera diferente y más promisora.
Despacio, pero se mueve.
Terra Magazine