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The New York Times
Mikhail Gorbachev
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Mikhail Gorbachev
De The New York Times
MOSCÚ - El 24 de septiembre, el presidente Obama presidió el encuentro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que aprobó la resolución para reforzar el comprometimiento internacional a fin de limitar la diseminación del armamento nuclear. Una semana antes, había anunciado que los Estados Unidos no planificaban aplicar -por lo menos no en un futuro cercano- una base de defensa de misiles en Europa Central, incluyendo el poderoso radar en la República Checa y los misiles interceptores en Polonia.
¿Habrá una conexión entre esos dos eventos? Me parece que sí. De cualquier forma, los comentarios iniciales de muchas figuras políticas y periodísticas parecen haber ignorado solemnemente esa relación tan importante.
En vez de eso, algunos prefieren decir que, ahora que Obama le hizo una concesión a Rusia, el país tiene la obligación de demostrar reciprocidad. Pero el presidente ruso Dmitri Medvedev dijo en noviembre que Rusia evitaría las represalias si el gobierno de los EE.UU. modificara sus planes de defensa con misiles. Después del anuncio de la decisión de Obama, esa posición fue confirmada oficialmente.
Los críticos de Obama en los Estados Unidos insisten que él "cedió" a las presiones de Rusia, dejando los aliados de los EE.UU. en la OTAN prácticamente indefensos. Ese argumento sólo refuerza una vez más el estereotipo de la "Rusia villana", que siempre está equivocada.
Considere los méritos del caso. Los líderes rusos dijeron hace algún tiempo que la amenaza de que Irán desarrollara misiles de gran alcance no pasa de especulación sin pruebas concretas. Ahora, después de un análisis profundo hecho por los oficiales de la inteligencia y de la defensa de los Estados Unidos, el gobierno llegó a la misma conclusión, diciendo que el Teherán tal vez esté a 5 ó 10 años de una capacidad como esa.
La reacción inicial de algunos políticos y formadores de opinión de Polonia y de la República Checa tampoco está muy lejos de eso. Ellos parecen sentir algún placer al minar las relaciones de Rusia con otros países: cuanto peor, mejor. Las opiniones realistas y de precaución son repetidamente rechazadas y la opinión del propio pueblo, que en su mayoría no llega ni cerca de radares y misiles, es manipulada.
En Rusia, la decisión de Obama fue bien recibida. También fue recibida de forma positiva en Europa, con elogios de la Canciller de Alemania, Angela Merkel, y del Primer Ministro de Francia, Nicolas Sarkozy. El primer ministro polonés, Donald Tusk, dijo que era "una posibilidad para aumentar la seguridad en Europa". Realmente, la decisión del presidente americano requiere actitudes serias, ofrecerá una oportunidad de reforzar la seguridad mundial, como también alcanzará una nueva cooperación para que podamos eliminar el peligro nuclear de una vez por todas.
En el encuentro en Moscú, en julio, los presidentes de Rusia y Estados Unidos reafirmaron su relación de cooperación entre las armas estratégicas y los misiles de defensa. Los dos países siguen hablando en reducciones de armas y, a juzgar por la cautela diplomática en los discursos, parecen estar a camino de llegar a esa meta hasta el 5 de diciembre, fecha de caducidad del tratado firmado por el presidente Bush en 1991.
La reunión de septiembre de las Naciones Unidas marca el nuevo nivel del progreso. Es muy importante que otros países vayan a la reunión de la ONU ciertos de que los EE.UU. y Rusia estén de hecho comprometidos en reducir su armamento nuclear y que, hasta la conferencia del Tratado de No Proliferación Nuclear en mayo de 2010, ellos hayan hecho progresos para tanto.
A menos que le muestren al mundo que están hablando en serio, las mayores potencias nucleares del globo serán acusadas sumariamente de no mantener la palabra, y deberán escuchar que si es aceptable que 10 países desarrollen armas nucleares "para su propia defensa", ¿por qué no 20 ó 30 más? Se hizo esa pregunta repetidas veces, pero la repetición no eliminó su relevancia. Sin duda, su urgencia no deja de crecer.
Es vital que los presidentes de Rusia y de los Estados Unidos acompañen de cerca esas negociaciones, centrándose incluso en los detalles más ínfimos. Sentí en la piel la dificultad de tratar detalles tan técnicos como esos, además de las cuestiones políticas, pero es necesario mucho esfuerzo para evitar malentendidos que podrían minar la confianza en las negociaciones.
Algunas de las preguntas que deberán ser aclaradas ya se muestran muy evidentes ahora. El secretario de defensa americano, Robert Gates, dijo que los misiles SM-3 que se usarán en el nuevo plan pueden ser perfeccionados para interceptar misiles intercontinentales de gran escala. Asimismo, también habló sobre la posibilidad de cooperar con el programa de misiles de Rusia. Pienso que esas dos cosas son incompatibles. Cuanto más temprano esas cuestiones sean aclaradas, mejor.
Hay sólo una forma de seguir adelante: Washington debería concordar con la propuesta rusa para una evaluación conjunta de las amenazas de misiles. Dejemos que los especialistas de ambos países tengan una discusión franca que pueda revelar cuáles amenazas son verdaderas y necesitan providencias y cuáles de ellas son imaginarias. Eso ayudaría a evitar proyectos equivocados como el escudo antimisil de Polonia y de la República Checa, y podría ayudarnos a salir de esa fase de cuidado para que lleguemos a una producción nuclear mínima para la defensa nacional.
Ese es un objetivo realmente desafiador. En una previsión realista, un proceso de esos tendría dos o tres años de negociaciones intensas. Pero Rusia y los Estados Unidos deben definir sus objetivos solos. Lo que necesitamos es una relación estratégica entre las dos mayores potencias nucleares del mundo, una relación que les interesa a los dos países y a la paz mundial.
Terra Magazine
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