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Cara a cara con Obama

The New York Times
Thomas L. Friedman.

Thomas L. Friedman
De The New York Times

Durante una entrevista el martes con el presidente Barack Obama, por teléfono, sobre su discurso a los árabes y musulmanes en El Cairo, de este jueves, tuve la oportunidad de contarle mi chiste preferido sobre el Medio Oriente. Le causó mucha gracia. Es más o menos así:

Había una vez un judío muy devoto que se llamaba Goldberg que soñaba con ganar la lotería. Cada Sabbat, iba a la sinagoga y rezaba: "Dios, he sido un judío tan devoto toda mi vida. ¿Por qué no gano la lotería?" Pero llegaba el día del sorteo y Goldberg no ganaba. Semana tras semana, Goldberg rezaba para ganar la lotería, pero llegaba el sorteo y nada. Finalmente, en un Sabbat, Goldberg mira hacia el cielo y dice: "Dios, siempre fui tan devoto, ¿qué debo hacer para ganar la lotería?".

Las nubes se alejaron y del cielo vino la voz de Dios: "¡Goldberg, ayúdame! ¡Cómprate un billete!".

Le conté este chiste al presidente porque en la prensa árabe e israelí, esta semana, parece que todos quieren dar sugerencias sobre qué debería hacer y decir en El Cairo, pero nadie le ofrecía una forma innovadora y diferente. Todos quieren la paz, pero nadie quiere comprar el billete.

"Tenemos una fórmula en la Casa Blanca", dijo el presidente. "Vamos a seguir diciendo la verdad mientras eso funcione, y no hay lugar en el que la verdad sea más importante que en Medio Oriente".

Una de las cosas más relevantes de ese mensaje será: "Dejen de decir una cosa entre cuatro paredes y otra diferente públicamente". Explicó: "Muchos países árabes están más preocupados con la posibilidad de que Irán desarrolle un arma nuclear que con una "amenaza" de Israel, pero no lo admiten. Muchos israelíes "reconocen que su posición ahora es insostenible y que deben hacer elecciones difíciles sobre los asentamientos para llegar a una solución que satisfaga a los dos estados -es decir, su interés es a largo plazo- pero pocos de ellos aceptan decir eso públicamente".

Muchos palestinos "reconocen que la incitación constante y la retórica negativa con relación a Israel" no trajeron nada "positivo para su pueblo y si ellos hubiesen adoptado un abordaje más constructivo y hubiesen buscado un punto moralmente estratégico", estarían mucho mejor hoy, pero no quieren decirlo en voz alta.

"Muchos estados árabes no hicieron nada para ayudar a los palestinos y lo único que les ofrecieron fue una porción de demagogia", cuando llega el momento de "juntar" dinero para ayudar a los palestinos, ellos no "se ofrecen".

Con relación a Medio Oriente, el presidente dijo que "siempre es un juego de cartas marcadas. Es eso lo que quiero ver deshecho. Voy a tomar un espejo y decir: 'Esta es la situación y Estados Unidos está preparado para trabajar con todos ustedes y tratar estos problemas. Pero no podemos imponer una solución. Debemos tomar algunas decisiones difíciles'. Los líderes deben liderar y se espera que cuenten con el apoyo de su pueblo".

Quedó claro después de 20 minutos de charla que el presidente no se ilusiona con el hecho de que un discurso haga que los corderos se acuesten con los leones. En vez de esto, él lo ve como parte de un abordaje diplomático más amplio y que dice: "Si usted entra a la casa de las personas, no se avergüence al apuntar lo que ellas están haciendo mal, pero también involúcrelas de una forma que transmita la idea de que conozco y respeto quién es usted". De esa forma, entre otras cosas, crea un poco más de espacio para la diplomacia de Estados Unidos. Nunca se sabe cuándo eso puede ayudar.

"Después de enviar 17.000 soldados más a Afganistán", dijo Obama, "no estamos en posición de sugerir que lo que estamos haciendo no se apoya en nuestro poder. Descontaría un poco de ese criticismo. Lo que realmente pienso es que si estuviéramos dispuestos a hablar con todos los árabes, y ellos se convencieran de que estamos actuando de forma franca y directa, entonces, de cualquier forma, tanto el pueblo como sus líderes estarían más inclinados a colaborar con nosotros".

De la misma forma, el presidente dijo que en el caso de que decida pedirles a los líderes alemanes y franceses más ayuda en Afganistán y Paquistán, "mi credibilidad con los alemanes y los franceses puede sernos útil. Ellos todavía estarán limitados por presupuestos y políticas internas, pero facilita".

Un poco de la "lucha americana contra los extremistas terroristas comprende cambiar el sentimiento y el pensamiento de los que se reclutan", dijo. "Y si hay una gran cantidad de hombres y mujeres con edades entre 22 y 25 años en El Cairo o en Lahore que escuche un discurso mío o de otro americano y piense: 'No concuerdo con todo lo que dicen, pero parecen saber quién soy o tal vez quieren promover el desarrollo económico o la tolerancia o la inclusión', tal vez estén menos tentados a aceptar la oferta de un reclutador terrorista".

Creo que él está en lo correcto. Un amigo egipcio me dijo: No subestimes las semillas que se pueden plantar cuando los líderes americanos no sólo propagan sus valores, sino que los viven explícitamente.

Obama discursará en la Universidad de El Cairo. Cuando los jóvenes árabes y musulmanes vean a un presidente americano que se parece a ellos, tiene un nombre como el suyo, tiene familiares musulmanes y llega a su mundo hablando su lengua, se van a sentir fortalecidos y confusos al mismo tiempo. Las personas preguntarán: "¿Por qué ese tipo, que se parece a una personas del pueblo, es el líder del mundo libre y ni siquiera logra tocar la libertad?".

No sabemos adónde eso nos llevará.

Thomas L. Friedman es columnista del periódico The New York Times desde 1981. Fue corresponsal en Beirute, Jerusalém, Washington y en la Casa Blanca (EUA). Fue galardonado por tres veces con el Premio Pulitzer, y en 2005 fue electo miembro de la coordinación de la institución. Artículo distribuido por The New York Times News Service.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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