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Adiós y buena suerte, Irak

The New York Times
Thomas L. Friedman.

Thomas L. Friedman
De The New York Times

Kirkuk, Irak - Estoy en el CG regional, en el centro de Kirkuk -el distrito rico, productor de petróleo, en el Norte de Irak-, considerado el lugar más disputado del país. Los líderes de las provincias iraquíes -sunitas, curdos, turcos y cristianos- vinieron a encontrar el oficial de alto escalón americano, el Almirante Mike Mullen, jefe adjunto del estado mayor, que acompaño de cerca.

Todos los 11 líderes iraquíes están sentados a un lado de la mesa de conferencias y los oficiales estadounidenses locales me entregaron una planilla que identifica a cada uno de los políticos iraquíes por color, indicando sus tendencias políticas y religiosas. Cada líder iraquí le dice al almirante, a través de un traductor, por qué motivo su comunidad merece tener su cuota de Kirkuk, hasta que llega el representante curdo, y anuncia en inglés: "Quiero contar un chiste."

Hoy es mi día de suerte, pensé.

"Después que capturaron a Saddam en 2003", dijo el representante Rebwar Talabani, "había un señor mayor que quería escribirle una carta al nuevo gobierno y explicar todo su sufrimiento en la era Saddam de modo a ser compensado. Pero él era analfabeto. Como muchos deben saber, en el lado de afuera de las oficinas del gobierno tenemos funcionarios que escriben cartas para analfabetos. Entonces el hombre le dijo todos sus problemas a la persona que se lo estaba escribiendo la carta. 'En la década de 1950, ellos destruyeron mi casa', dijo él "En la década de 1960, ellos mataron a dos de mis hijos. En la década de 1970, ellos confiscaron mis propiedades', y así pode delante hasta el día de hoy. El funcionario escribió todo. Terminada la misiva, el anciano le pidió que le leyera la carta en voz alta antes de entregársela al gobernador. Entones el funcionario leyó la carta. Cuando la terminó, el anciano se golpeó la propia cabeza y dijo '¡Qué carta más bonita! No tenía idea de que todo eso me había pasado.' "

El chiste talibán parecía haber sido dirigido tanto a sus compañeros iraquíes como a Mullen. Mi traducción: "Todos aquí tenemos una historia, y normalmente es dolorosa. A nosotros iraquíes nos encanta contar historias y cuanto más las contamos, mejores ellas se vuelven. Pero con la partida de los americanos, debemos decidir: ¿Continuamos contando nuestras historias o empezamos a trabajar para resolver nuestras diferencias?"

Y fue esto lo que aprendí con esa visita: Los iraquíes saben quiénes son, y no siempre les gusta lo que ven, pero todavía no han descubierto qué tipo de país desean ser. Están exhaustos de los años de luchas civiles y no quieren más eso para sí. Y aún así, en los asuntos pendientes -la distribución del poder en Kirkuk, la incorporación en el gobierno de los sunitas, la distribución de la riqueza y poder provenientes del petróleo entre las provincias y el gobierno central- las diferentes comunidades étnicas todavía no están dispuestas a abrir concesiones.

Yo me sorprendo con la declaración de los oficiales del ejército estadounidense sobre las cosas que ellos aprendieron aquí sobre os iraquíes. Tardó bastante tiempo, pero nuestros soldados finalmente entienden este lugar. ¿Y los iraquíes? Hay muchos iraquíes que fueron incorporados a las fuerzas armadas de los EE.UU. en Kirkuk. En el comedor de una de las bases centrales, me gusta ver a los oficiales iraquíes observando la mezcla de los soldados de los EE.UU. allí -hombres, mujeres, negros, blancos, asiáticos, hispánicos- y me pregunto: ¿Qué es lo que ellos aprendieron con nosotros?

Dejamos algunos legados vergonzosos aquí de tortura y Abu Ghraib, pero también dejamos un millón de actos de bondad y un ejemplo profundo de lo que las personas diferentes pueden conquistar cuando trabajan juntas.

Pronto descubriremos lo que los iraquíes aprendieron. Como le dijo Mullen a los líderes iraquíes a la mesa: "Los EE.UU. no resolverán los problemas de los iraquíes. Este es el trabajo de la "nación soberana". Entonces los iraquíes deben empezar a trabajar, porque "de acuerdo con el plan de retirada actual, las fuerzas armadas no estarán aquí dentro de 18 meses."

Este es un mensaje importante -caso contrario, los iraquíes aplazarán para siempre la resolución de sus disputas importantes. No podemos hacerlo por ellos, pero nuestros diplomáticos pueden ayudarlos más a formular concesiones. Tenemos enviados especiales para los asuntos iranianos, afganos, paquistaníes y árabe-israelíes, pero no para Irak -un país clave en el Medio Oriente, donde perdimos tantas vidas y gastamos billones de dólares- allá no hay ningún enviado, secretario de estado, o alguien que desee asegurar un resultado positivo.

El vicepresidente Joe Biden es el responsable por la política relacionada a Irak, pero él está demasiado ocupado con otras cosas. Irak necesita un mediador de pulso fuerte y en tiempo integral.

Os oficiales iraquíes sénior son muy orgullosos para pedir nuestra ayuda y resistirían públicamente a ella, pero en el fondo los iraquíes confiesan que quieren o necesitan nuestra ayuda. Somos los únicos en lo que ellos pueden confiar allá - incluso quien nos odia sabe eso. Ellos necesitan un mediador de los EE.UU. para poder volver a sus comunidades y decir: "Yo nunca habría hecho esas concesiones, pero aquellos americanos terribles me obligaron."

Después que invadimos y estabilizamos Bosnia, no abandonamos el país ni dejamos allá las fracciones opuestas. El presidente Bill Clinton organizó las conversaciones de paz de Dayton y Richard Holbrooke hizo un acuerdo que dura hasta hoy. ¿Por qué no hacemos en Irak lo mismo que hicimos en Bosnia, especialmente porque el resultado aquí es 100 veces más importante?

Thomas L. Friedman es columnista del periódico The New York Times desde 1981. Fue corresponsal en Beirute, Jerusalém, Washington y en la Casa Blanca (EUA). Fue galardonado por tres veces con el Premio Pulitzer, y en 2005 fue electo miembro de la coordinación de la institución. Artículo distribuido por The New York Times News Service.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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