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Cortesía
El Street Food Mobile del arquitecto Carletti, en una gacetilla promocional del emprendimiento.
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Vera Gonçalves de Araújo
Roma, Italia
Uno de mis sueños secretos es tener un camioncito Ape, de Piaggio. Un vehículo fantástico, de tres ruedas como un velocípedo, una cruza de automóvil con una Vespa. Liviano, fácil de estacionar, una especie de burro mecánico: en islas como Strómboli, por ejemplo, es el único vehículo permitido en las callecitas empinadas y estrechas a los pies del volcán. "Ape" en italiano quiere decir abeja, y el ruido de su motor más parece un zumbido.
En esta época en que la riqueza también se exhibe en los automóviles, que tienen que ser caros y exagerados, el Ape es la respuesta de quienes prefieren lo mínimo en lugar de lo máximo. Mi sueño es muy prosaico. Me limito a imaginar lo lindo que sería ir al supermercado o a la playa con mi Ape. Pero hay quien transformó la abeja en un objeto mucho más sofisticado. El arquitecto Andrea Carletti, de 34 años, vivió mucho tiempo en el exterior y cuando volvió a La Spezia, su ciudad natal, cerca de Génova, buscó una idea original para invertir en un nuevo trabajo, conjugando su pasión por el diseño, el amor por el Ape y el gusto por el buen comer. Con estos ingredientes inventó el Street Food Mobile, evolución sofisticada del carrito de hot dogs.
El camioncito de Andrea se inspira en las grandes metrópolis norteamericanas y orientales, donde la gente tiene poco tiempo para comer y se dirige a los carritos de hot dog y sushi estacionados en las esquinas. Mezcló eso con modelos más sofisticados como el St. John Bread and Wine, que prepara corazón de cerdo grillado en el mercado de Spitalfields en Londres, o como el puestito de Mario Albergucci en Florencia, que prepara emparedados de lampredotto (tripa) para los florentinos y los turistas en la plaza de Porta Romana.
Bueno, Andrea Carletti estudió a fondo la dinámica de la "comida móvil", el flujo de clientes, la calidad de la oferta. Encontró un grupo de socios y creó un prototipo de carrocería modificada, copiando soluciones usadas en las cocinas de los barcos. Como buen italiano de Liguria, estudió también la oferta gastronómica, apostando a tres tipo de emparedados para comenzar: manteca con anchoas, bresaola de atún y carpaccio de salmón, acompañados por un vaso de vino blanco. Cada emparedado (con vino) cuesta 5 euros; la preparación también fue cuidadosamente estudiada: nada de isopor, todo se sirve en un envoltorio que más parece un origami que un envase térmico descartable.
Hasta me dieron ganas de copiar la idea de Andrea. Pero tengo que encontrar una manera de transformar el Ape de mis sueños en un carrito para vender empanadas gourmet. Estoy segura de que aquí en Italia sería un éxito.
Link: el sitio de Street Food Mobile
Terra Magazine
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