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AFP
El presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, junto a su mujer, que podría pasar por su sombra.
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La Mujer Sombra
Vera Gonçalves de Araújo
Roma (Italia)
Tres domingos atrás el Corriere della Sera publicó una foto que recorté y guardé. Ahora apareció arriba de la mesa y no puedo resistir la tentación de comentarla.
"Discretísima, misteriosa, finalmente fotografiada..." -dice el epígrafe, pero el resultado final es cómico. Es la foto del presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad al lado de alguien envuelto en una tela negra: es la primera dama iraní, jura el periodista del diario milanés.
Bueno, lo creeré. Dice también que "la señora, que apareció públicamente en los últimos días con una imagen rarísima, es graduada en ingeniería como su esposo, es buena cocinera y le gusta viajar". Es inútil buscar más información en Internet: de ella no se sabe siquiera el nombre. El nombre, el rostro, el día o la ciudad de su nacimiento. Conocer su opinión, sus ideas, ni pensarlo. La única información es que está casada con Ahmadinejad y es la madre de sus tres hijos. Se casaron en los años 80, cuando él tenía 24 años (qué importa cuántos tenía ella). Sólo eso.
La Mujer Sombra es realmente una rareza en este mundo en que hasta los más anónimos personajes ven sus vidas expuestas y publicadas. ¡Conseguir mantener en secreto hasta su nombre! Después de una hora de búsqueda en Google conseguí descubrir que era estudiante de ingeniería mecánica en la Universidad de Ciencias y Tecnología de Teherán: puedo suponer que ella y Mahmoud se conocieron en la facultad, si tenemos en cuenta que el presidente de Irán estudió y fue docente en ésta. Contrariamente, en la Wikipedia abunda la información sobre Mahmoud Ahmadinejad. Me enteré de que nació en 1956 en una aldea cercana a Garsmar, que es hijo de un herrero, que se mudó con su familia a Teherán cuando tenía un año, etc.
Tenemos muchos datos sobre él, sus estudios y su carrera política. La nota biográfica también habla de "un estilo de vida simple que conquistó la simpatía del electorado iraní", sabemos de su integridad religiosa, en fin, todo, hasta su signo zodiacal: escorpio. Todo menos el nombre de la mujer con quien se casó. Shirin Ebadi, la pacifista iraní que ganó el premio Nobel de la paz en 2003, estuvo en Italia en junio, para una conferencia en Merano: sus palabras sobre el estado de los derechos de la mujer en Irán fueron, como siempre, angustiantes. Pero la foto del presidente con la Mujer Sombra, para mí, fue más impresionante que las palabras de la abogada de Teherán.
¡Qué alivio al pensar en la señora Marisa Letícia, esposa del presidente de Brasil, quien pasó por Roma en junio para visitar la ciudad natal de sus abuelos, allá en el norte, cerca de Bérgamo, y recibió a los periodistas sonriente al lado de Lula, incluso fue a buscar el prototipo de automóvil verde que el presidente olvidó en su habitación para mostrarlo a la prensa.
Ella no acostumbra a dar entrevistas y exhibirse, pero existe, su vida, su pasado, su presente, son conocidos. ¡Qué bueno escuchar las gracias de la señora Clio Napolitano, esposa del presidente de la república italiana, que bromeó con una pequeña que quería un autógrafo del presidente: "cálmate niña, no es Brad Pitt". Hasta las fotos de Carla Bruni Sarkozy desnuda me parecen más decentes que ese envoltorio negro que esconde una mujer. Desnudas, egocéntricas, exhibicionistas, coleccionistas de amantes famosos, libres de decir pavadas, incluso, pero libres.
Ante una foto como ésta me siento muy occidental, muy brasileña y muy feliz. (Como siempre, el mejor comentario fue el de los niños. Tres chicos vieron la foto pegada en la pizarra de mi oficina: la más pequeña preguntó si aquella mujer al lado del hombre con la barba estaba disfrazada. El del medio preguntó si era Darth Vader. El mayor afirmó con seguridad que era una foto del Orgullo Gay).
Terra Magazine