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Democracia o terrorismo: una crítica de las intervenciones humanitarias

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La senadora Piedad Córdova, para el autor de este artículo, no busca de ninguna manera la liberación de los rehenes de las FARC.

Jaime Arango
Bogotá, Colombia

El terrorismo es una acción total. Los planificadores militares y los estrategas de imagen de las organizaciones terroristas desarrollan operaciones concertadas en todos los niveles, siempre en función de objetivos muy específicos -sólo que estos objetivos no se expresan directamente y no deben ser claros para el estado y la sociedad atacados-. En el plano político el terrorismo es siempre una acción masiva de engaño. En las democracias contemporáneas, lo humanitario ha sido utilizado repetidamente por los terroristas como modelo de coacción sobre la sociedad. En Colombia, este tipo acción se ha convertido en un argumento final y en una forma determinada de guerra prolongada.

En la novela de Jean Cocteau Thomas el Impostor, un personaje, la Princesa de Bormes "ve que le niegan los heridos que necesita para seguir manteniendo su lugar en la guerra"; desde entonces existen sectores que quieren beneficiarse de la violencia a través de lo humanitario, "ocupar un lugar en la guerra". El propósito de estos grupos no es la paz, sino obtener ventajas de los diferentes momentos de un conflicto sobre la base de que las intervenciones humanitarias prolongan indefinidamente las guerras al moderar su intensidad y evitar sistemáticamente el triunfo final de una de las partes. En este caso, se busca evitar que el estado colombiano obtenga una ventaja militar decisiva que conduzca a la consolidación definitiva del modelo de democracia liberal que apoya la mayoría expresada en las urnas. En este sentido la Política de Seguridad Democrática es una estrategia integral que tiene la gran virtud de estar conduciendo a la paz, en la medida en que las esperanzas de éxito militar para las fuerzas irregulares tienden a desvanecerse, y por lo tanto, la búsqueda de un acuerdo definitivo resulta más atractiva que continuar con la acción armada.

La democracia es un hecho intrínsecamente moral. Es una aplicación política derivada de un concepto sobre la ética; fue primero axiología y luego política. Esta Naturaleza imposibilita que una democracia realice literalmente un "Acuerdo Humanitario", puede facilitar, o realizar acciones humanitarias a favor de terceros, pero en modo alguno ser parte de un "Acuerdo" porque ello presupone automáticamente que está, o estaría llevando a cabo, acciones no humanitarias, o contrarias al humanitarismo, lo cual es completamente ajeno a la naturaleza misma de la democracia. Es por esta razón que es tan difícil para el gobierno fijar una posición en torno a un "Acuerdo Humanitario", porque, o bien todos sus acciones actuales y futuras son humanitarias, o bien no lo están siendo y por lo tanto sería un gobierno anti democrático en esencia.

Lo anterior, en términos generales y presuponiendo que lo puramente humanitario sólo es de interés para el estado, porque para las FARC y sus voceros, "Acuerdo Humanitario" es un eufemismo para denominar una acción militar de reocupación de territorio, basándose en la premisa de que el estado ha perdido legitimidad debido a su obligación frente a los secuestrados y que por lo tanto considerará como un mal menor permitir la ocupación armada y el control territorial de una franja estratégica de terreno y revertir con esto el logro fundamental de la Política de Seguridad Democrática. Imposibilitadas literalmente para retomar territorios mediante acciones militares directas, buscan obtener espacio mediante la acción política. Para las FARC, el tema de ocupación territorial es extraordinariamente crítico, ya que sin territorio no se puede concretar la acción política. Es cierto que se desenvuelven en áreas selváticas, pero esto no es espacio con valor estratégico y verse empujados a crear una frágil retaguardia en el territorio de países aliados solo es útil para efectos de defensa pasiva.

Las elites intelectuales que propugnan por un acuerdo humanitario en Colombia no obran de buena fe. Al crear distinciones y prioridades entre las víctimas de secuestro de las FARC y al reunir en un solo discurso lo humanitario y la justificación del terrorismo, han logrado que la opinión pública interna no presione por el logro de un acuerdo humanitario bajo el modelo propuesto y han provocado una prolongación de los sufrimientos que dicen querer mitigar. En realidad, los voceros políticos de la guerrilla han realizado un esfuerzo sostenido por valorizar a determinados secuestrados como activo político. El propósito real de la actividad de Piedad Córdova en esta línea es mantener y si es posible aumentar el valor politico-militar de los secuestrados, su gestión en modo alguno busca su liberación. David Moss, en su libro sobre el secuestro de Aldo Moro dice que "el poder para establecer significado simbólico del acto violento es tan crucial como la capacidad de llevar a cabo el acto mismo", el llamado trabajo humanitario en este caso busca establecer dicho significado simbólico, por lo tanto es una forma de acción militar dirigida a debilitar la voluntad de la sociedad por obtener una solución militar que ponga fin al terrorismo.

Este escenario ha provocado una crisis de prestigio en torno a las acciones humanitarias. Ya sea porque dichas intervenciones transforman los conflictos en guerras endémicas, ya sea porque facilitan el logro de los objetivos de los grupos terroristas, o bien porque el resultado final ha sido el de favorecer los intereses de minorías violentas y grupos de presión ajenos al interés general de la sociedad. En Colombia, el acuerdo humanitario promovido por las FARC cumple con estas tres características.

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