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AFP
Vladimiro Montesinos declarando en una audiencia del juicio a Alberto Fujimori por violaciones a los derechos humanos y corrupción.
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Paola Ugaz
Lima, Perú
El ex jefe de facto de los servicios secretos peruanos Vladimiro Montesinos se presentó como testigo en el proceso que se le sigue al ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000) por violaciones a los derechos humanos y corrupción, lo que significó el encuentro, tras ocho años de separación, entre los conocidos en Perú como los "siameses del poder".
El reencuentro de los hombres que manejaron los destinos del país andino durante la década del noventa estuvo plagado de sonrisas, movidas de cejas y guiños de ojos que delataron complicidad entre ellos. El ex hombre fuerte del gobierno -quien durante su alocución de tres horas atropelló verbalmente a los magistrados- negó que Fujimori haya ordenado las matanzas extrajudiciales de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad La Cantuta y de los quince habitantes de un solar en Barrios Altos, entre los que se encontraba un niño de apenas 8 años. "He venido para poder cumplir y esclarecer que el señor Fujimori no tiene ninguna responsabilidad de los hechos que son materia de este proceso", indicó.
Montesinos, de 63 años, se preocupó en acudir elegantísimo al reencuentro con Fujimori: un traje negro, una corbata azul a rayas y un pañuelo del mismo color que les recordaron a los peruanos sus preferencias por los diseñadores exclusivos, como Ermenegildo Zenna y Trial.
Un emocionado Fujimori celebró las declaraciones de su otrora asesor con sonrisas no disimuladas, sobretodo cuando Montesinos criticó a uno de sus máximos acusadores, el ex vicepresidente Máximo San Román, de quien señaló: "Cortaba el salame y servía el café porque el cerebro no le daba para más", en las reuniones que sostuvieron los días posteriores a las elecciones presidenciales de 1990.
Además, Montesinos intentó enlodar a uno de los fiscales del caso Fujimori, Andrés Avelino Guillén, al acusarlo de haber exculpado por "chuponeo" (pinchaje) telefónico a uno de sus ayudantes en 1991, algo que fue desmentido por el mismo hombre de leyes, que aseguró irónicamente: "Me honra la acusación".
"Un hombre de inteligencia"
En tono desafiante y visiblemente alterado, el otrora brazo derecho del gobernante conocido por sus seguidores como "el Chino" señaló en un momento que fue un "subordinado del señor presidente Alberto Fujimori" y sostuvo que "se enriqueció con sus conocimientos". Montesinos dijo que siempre quiso ser "un hombre de inteligencia, como los estadounidenses Henry Kissinger y George Tenet". El bautizado por la prensa peruana como "Rasputín de los Andes" se presentó ante el Tribunal que dirige el magistrado César San Martín como un "oficial de inteligencia inactivo" que trabajó durante los diez años de gobierno en el Servicio de Inteligencia Nacional "en medio de una guerra interna contra la banda terrorista Sendero Luminoso", dijo.
Según él, así como el gobierno del republicano Ronald Reagan, a través de la CIA, entregó armas a los sandinistas, "también prestó colaboración en el Perú". Montesinos remarcó: "Perú no es una isla, y si la primera potencia en época de bipolaridad tomó la decisión de actuar en otros lugares, ¿por qué no podía hacerlo aquí, para solucionar el problema de Sendero Luminoso y el MRTA?".
De modo sorpresivo, Montesinos relató que desde 1970 estuvo vinculado al Servicio de Inteligencia Nacional y que fue enviado a Cuba a realizar trabajos de espionaje, así como que en la década del ochenta realizó trabajos de "chuponeo" (pinchaje) telefónico en una oficina ubicada al lado del Palacio de Gobierno de Lima.
Negó haber sido expulsado por el ejército peruano por "traición a la patria", una acusación que consideró "una leyenda negra creada por (la revista peruana) Caretas", y calificó de "mentirosa" a la investigación que realizó el periodista Gustavo Gorriti en ese semanario.
Nada que perder
El director del diario Perú 21, Augusto Alvarez Rodrich, le dijo a Terra Magazine que observó a Montesinos "un poco loco dentro de su situación tan desesperada". El periodista aseguró que el ex colaborador de Fujimori "no tiene nada que perder; como sabe que va a morir en la cárcel -añadió-, se quiso relanzar ante el país como un hombre que sabe mucho, que es muy importante. Su único juego es limpiar a Fujimori, con la idea de que si la hija del ex mandatario, Keiko, es elegida presidente en 2011, le caiga un indulto".
"También les quiso decir a los magistrados 'los tengo agarrado de los huevos, yo fui un héroe de la pacificación por convencer a Abimael Guzmán de firmar el acuerdo de paz' -afirmó Alvarez Rodrich-; pero en general lo vi bastante tronado... Montesinos consiguió sus cinco minutos de fama, pero ahora a sus juicios no van ni los perros, y no creo que tenga ninguna incidencia ante los jueces".
Montesinos, alojado en una prisión militar desde hace siete años, encontró una oportunidad única ante los medios de comunicación para contestar preguntas que escogió de antemano y presentarse como un hombre de inteligencia superior, de rango equiparable al de los jefes de la CIA, y que, junto a Fujimori, pacificó a Perú acabando con la banda terrorista Sendero Luminoso.
Al hombre que simbolizó el poder en los años noventa en la nación andina se le siguen hoy mas de cien procesos por robo al erario público, asesinatos, narcotráfico, tráfico de armas y corrupción, entre otros. Tiene una sentencia de 20 años de cárcel por venderles armas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), lo que ha causado que Colombia formule un pedido de extradición.
Bien de salud
Por su parte, la abogada de Vladimiro Montesinos, Estela Valdivia, dijo a Terra Magazine que está "sorprendida" porque lo que más se destaca de su patrocinado "es que se le ve muy bien de salud o que se hizo algún arreglo físico". La letrada señaló que prefiere resaltar que Montesinos siga "preservando la lucidez" y reveló que le lleva libros a prisión y lo incentiva a seguir escribiendo.
"Por más que los procesos judiciales diarios que se le siguen sean una tortura psicológica para él, hoy en día estuvo contestatario, con chispa y una memoria de elefante. El es inocente en los casos de Barrios Altos y La Cantuta", indicó Valdivia, quien a la vez relató que Montesinos escribe desde hace un tiempo su autobiografía y un informe sobre la inteligencia regional en una antigua máquina de escribir, además de "ver semanalmente muchas películas".
Para el sociólogo Nelson Manrique, consultado también por Terra Magazine, "lo más llamativo de la presentación de Montesinos fue que buscó mostrarse como o presentarse como un académico, una persona versada, hasta el punto que terminó por inspirarme ternura; me pareció bellísimo que afirmara que tenía una memoria nemotécnica. Volvieron a ser los cómplices de siempre. Ahora que están en desgracia saben que salen los dos ganando si no se dañan mutuamente. Y saben también que, tras ocho años de no verse, tienen derecho a coquetear un poco como lo hicieron hoy", dijo el también investigador de la Universidad Católica.
Montesinos conoció a Fujimori en la campaña presidencial en 1990 en la que se enfrentó al escritor Mario Vargas Llosa. Fue llevado en su calidad de abogado para "limpiar" al ex gobernante de las acusaciones por malversaciones de impuestos, tarea que cumplió con éxito y que permitió despejar el camino por primera vez a la presidencia del entonces profesor universitario descendiente de japoneses.
A partir de allí se volvieron una dupla -aunque con Montesinos siempre en las sombras- que dirigió los destinos del país de la mano de las Fuerzas Armadas: cerraron el Congreso y pusieron en marcha una estrategia antiterrorista que apañó la guerra sucia y la creación del grupo militar Colina, que realizó asesinatos extrajudiciales de supuestos miembros de Sendero Luminoso; además, tuvieron carta blanca para manejar fondos reservados, lo que terminó con la malversación de cerca de mil millones de dólares del Estado peruano.
Tras la caída del gobierno de Fujimori por un escándalo de corrupción, en noviembre de 2000 (el ex gobernante renunció por fax desde Japón a la presidencia), Montesinos huyó en un yate hacia Ecuador, Costa Rica y Venezuela, país en el que finlmente fue capturado en junio de 2001. Luego del reencuentro de hoy, el matrimonio Fujimori-Montesinos -que apadrinó la red de corrupción mas grande en la historia del país andino- parece más vivo que nunca. Una lealtad por conveniencia.
Terra Magazine