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Obama, más cerca de Johnny Mathis que de Muddy Waters

AFP
El carismático Barack Obama es considerado algo tibio por algunos sectores a los que pretende representar.

Oscar Raúl Cardoso
Buenos Aires, Argentina

Cuando Barack Obama alcanzó en sus días de estudiante la prestigiosa posición de primer presidente negro del "Harvard Law Review" -publicación académica mensual editada por los estudiantes de leyes que se destacan como promesas de su generación- se encontró con la clase de críticas que lo siguen hasta hoy, cuando puja por la nominación del partido Demócrata a las elecciones presidenciales de este año en Estados Unidos. Cada tanto, entre los muchos elogios a su inteligencia y capacidad, se filtraban imputaciones por no haber empleado su influyente posición para activar en favor de los estudiantes con su mismo color de piel. Obama era frecuentemente percibido como alguien demasiado empeñado en acercar las posiciones de los opuestos que en guiarse por dogma y principios. Ahora, como senador y candidato, recoge los mismos dardos. Su negativa a asumir posturas taxativas en los temas que dirimirán estas elecciones es muchas veces visto como el recurso de alguien más interesado en amoldarse a realidades en conflicto prometiendo una "nueva política" que supere las divisiones.

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Obama iniciará -con su participación en estos días en los "caucuses" de Iowa- la parte decisiva de su búsqueda, las sucesivas primarias que deberán arrojar en la convención partidaria la fórmula para los comicios de noviembre próximo. La primera prueba no implica mucho en función de los números en 2004: apenas 124.000 personas participaron del caucus demócrata (los republicanos no hicieron el suyo aquella vez) en un estado que tiene casi tres millones de habitantes. Pero estas reuniones de debate y votación tienen el mérito de abrir la serie de exámenes y un buen resultado trae para el que lo obtenga una dosis de expectativas, así como puede dejar tempranamente fuera de carrera al que fracase de modo estrepitoso. Una de las más recientes encuestas -conocida el fin de semana pasado- mostró a Obama en un virtual empate técnico con dos de sus rivales en la interna demócrata, Hillary Clinton y John Edwards.

Obama participará mostrando lo que para él es la tarea central de su generación (tiene 46 años): liberar a la política de su país de lo que ve como la gran cadena que la aprisiona, las confrontaciones entre posiciones irreconciliables. Consecuentemente también aparece como un político cuya visión está ligada a un futuro de consenso que hoy es imposible de prever en temas como la guerra en Irak, la política de ingresos, los impuestos, la ausencia de un sistema universal de salud en el país más rico del planeta, entre otras cuestiones centrales.

"En cada circunstancia una nueva generación ha surgido y ha hecho lo que necesitaba hacerse", dijo en el discurso en que anunció su postulación. Es una antigua tesis de Obama ya expuesta en su libro La audacia de la esperanza: Estados Unidos debe librarse de las convicciones de la generación anterior, que todavía está combatiendo las mismas batallas de los años 60 y 70.

Abogado y hoy senador por el estado de Illinois, Obama nació en 1961 de un breve matrimonio de padre negro -oriundo de Kenia- y madre blanca, y pasó su infancia en Indonesia -donde lo llevó el segundo matrimonio de su madre con un musulmán- y en Hawaii, con sus abuelos paternos, encargados de darle una "educación estadounidense". Su graduación en Harvard fue el momento culminante de su educación. Como político de color que puede convertirse en el primer presidente de origen afroamericano, Obama ha despertado sólo por eso gran interés, aunque debe compartir este intento inédito con Hillary, quien busca transformarse en la primera mujer que ocupe esa misma posición.

Uno de los pocos legisladores que se opuso abiertamente a la invasión de Irak en 2003, Obama tiene un plan para retirar las tropas de su país de aquel país a lo largo de 16 meses (dejaría solo un número limitado para combatir el terrorismo); en cambio, propone aumentar la presencia militar estadounidense en Afganistán. Asegura que bajo su mando no habrá invasión de Irán.

Por momentos aparece como osado, como cuando sugirió que no tendría mayor problema en dialogar cara a cara con el venezolano Hugo Chávez (aunque tanto vapuleo sufrió por esta idea que luego abandonó el tema). También propone cerrar la prisión de Guantánamo y devolver parcialmente el derecho a defensa de los detenidos acusados de terrorismo. Pero su posición en materia de tribunales militares tampoco es demasiado taxativa.

Propone un plan de cobertura de salud en el que cada niño estadounidense esté protegido obligatoriamente, aumentando el número de adultos con la misma ventaja, a partir de mayor erogación estatal. Pero la forma en que esto se lograría permanece en la duda: el candidato quiere consultar con los dueños de las empresas privadas de salud, que mantienen una oposición cerrada a cualquier intento de ampliar la salud gratuita o subsidiada.

Obama también propone un camino para legalizar a los inmigrantes ilegales, repudiar la reducción de los impuestos que realizara en sus dos períodos George W. Bush e invertir más de 150 mil millones de dólares durante los próximos diez años para desarrollar nuevas fuentes de energía. En suma, una propuesta atractiva que está obteniendo oídos entre los votantes. Salvo entre aquellos que lo consideran un Johnny Mathis de la política -la clase de voz negra que cae bien a los blancos-, cuando lo que esta necesita es el equivalente de un blusero duro como Muddy Waters.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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