
|
EFE
De izquierda a derecha, Hugo Chávez, Álvaro Uribe y Rafael Correa en octubre de 2007. Una convergencia hoy imposible.
|
Oscar Raúl Cardoso
Buenos Aires, Argentina
Las dos reacciones iniciales que se produjeron con el repentino aumento de la tensión entre Colombia, Venezuela y Ecuador parecen igualmente desproporcionadas aun cuando apuntan en direcciones enteramente diferentes. En otras palabras, una confrontación militar en esa zona de América Latina no está a la vuelta de la esquina, pero tampoco es una posibilidad que pertenezca al reino de lo imposible.
Conviene en esto sopesar las alternativas. Hugo Chávez es, de todos los protagonista de esta escalada, originada en un operativo militar colombiano que violó la soberanía de Ecuador, el que más alentó con sus comentarios el sonido de tambores de guerra. En esa acción colombiana murió la segunda jerarquía de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), comandante Raúl Reyes, un interlocutor de Chávez, junto a otros 16 combatientes de la organización, el grupo insurgente más antiguo de América Latina.
Vea también:
» Fotos de Raúl Reyes en el campamento de las FARC 
» Ecuador -Colombia: la crisis y el fantasma norteamericano
» Ecuador rompió relaciones diplomáticas con Colombia
» Chávez moviliza tropas y cierra la embajada en Bogotá
» Chávez compara a la Colombia de Uribe con Israel
» El golpe en el corazón de las FARC crea incertidumbre
» Entrevista a Raúl Reyes, la voz de las FARC
Vea la última entrevista de Raúl Reyes.
No es una novedad que el mandatario venezolano tiene un gusto especial por elevar las apuestas en todos sus conflictos externos, y algunos de sus críticos dicen que es la forma en que logra distraer a su sociedad de los problemas domésticos que enfrenta su gobierno. Ordenar el desplazamiento de unidades de blindados y de aviones combate hacia la frontera con Colombia fue una decisión con la que Chávez mostró que no teme a un incremento de la tensión con su vecino.
Pero las posibilidades reales de conflicto armado están limitadas por el hecho de que ni Colombia ni Venezuela parecen estar en condiciones de emprender no ya acciones militares contra el otro, sino de absorber un deterioro mayor en el vínculo comercial entre ambas naciones. Cifras oficiales conocidas en febrero muestran que las exportaciones colombianas a Venezuela crecieron un 87% durante los primeros once meses del 2007. Venezuela es hoy el segundo mercado de exportación más importante para Colombia, un hecho cuya importancia se acentúa si se tiene en cuenta que Estados Unidos -el primer mercado- ha reducido las importaciones colombianas.
Para Caracas este vínculo no es menos importante, ya que una buena parte de lo que compra en Colombia está dada por alimentos, un rubro con problemas de abastecimiento interno en Venezuela. Lo cierto es que ni los cada vez más frecuentes e intensos cruces retóricos entre Chávez y el presidente colombiano Alvaro Uribe hicieron mella significativa en esta relación económica. Junto a Chávez aparece alineado Rafael Correa, presidente de Ecuador, el país cuya soberanía fue violada por el operativo militar colombiano, lo que lo empujó a una ruptura de relaciones diplomáticas.
Ahora bien, si este panorama da para no ser enteramente pesimistas acerca del aumento de tensión, lo cierto es que la historia de la región enseña que no es posible confiar en los vínculos económicos como factor limitante de los impulsos bélicos entre democracias. Sólo basta recordar el año 1995, cuando un aislado territorio fronterizo de apenas 77 kilómetros conocido como Cordillera del Cóndor llevó a Perú y Ecuador a una guerra no declarada de 33 días que finalizó recién cuando un grupo de países latinoamericanos liderados por Brasil logró que las partes accedieran a un tratado de paz.
Es interesante notar que, desde el domingo pasado, el presidente brasileño Luis Inacio "Lula" Da Silva está realizando consultas informales con sus colegas latinoamericanos previendo la necesidad de alguna forma de acción diplomática conjunta en este problema. Y todo sugiere que algún esfuerzo regional requerirá. En primer lugar porque el origen del episodio está dado por la violación abierta de la soberanía ecuatoriana por el ejército regular de un país vecino. Y también porque las acusaciones que están cambiando Bogotá y Venezuela -la más reciente es que Venezuela financió a las FARC con más de 300 millones de dólares- añaden combustible a la posible hoguera.
Y es importante observar también que el dirigente de las FARC muerto en la acción del 1º de marzo pasado, Raúl Reyes, era el principal interlocutor de la guerrilla en la negociación para la liberación de dos grupos de rehenes que tenían en su poder los insurgentes. Uribe aceptó estos desarrollos a desgano porque contradijeron su política de solución exclusivamente militar al desafío de las FARC. La muerte de Reyes sin dudas dificultará, al menos en lo inmediato, que esa negociación continúe.
Terra Magazine