
|
AFP
Lionel Messi salió de Newells Old Boys de Rosario a los 13 años de la mano de su padre.
|
Ezequiel Fernández Moores
Buenos Aires, Argentina
El poder que han adquirido las barras bravas en el fútbol argentino vivirá un nuevo capítulo este sábado en Rosario, con el clásico Rosario Central y Newell's Old Boys, cuyas divisiones inferiores, de las que surgieron varios de los mejores cracks de ese país, está hoy bajo fuerte dominio de los fanáticos más radicales de ambos equipos. En el semillero de Rosario Central y Newell's, escuelas de cracks como Jorge Valdano, Gabriel Batistuta, Abel Balbo, Juan Pizzi, Gerardo Martino, Walter Samuel, Roberto Sensini y hasta Lionel Messi, influyen hoy, respectivamente, los barrabravas Andrés "Pillín" Bracamonte y Roberto "Pimpi" Caminos.
La situación, que se sabía en los pasillos, pero de la que nadie se animaba a hablar públicamente, fue expuesta por Mario Gianmaría, presidente de la Asociación Rosarina de Fútbol, unas semanas atrás en el programa radial Ciudad goleada.
Además, en las inferiores de Rosario Central sigue trabajando el ex arquero Edgardo Andrada, recientemente acusado de ejercer tareas de represión durante la última dictadura en Argentina, mientras que en la de Newell's permanece el ex delantero Sergio Almirón, denunciado ante la justicia por exigir dinero a padres de jóvenes jugadores.
¿Cómo no comprender cuando el padre de Lionel Messi, Jorge, decidió sacar de Newell's a su hijo cuando tenía sólo 13 años para llevarlo a Barcelona, de España, mucho más allá del costoso tratamiento para crecer que debía realizar el juvenil crack? ¿Cómo no salir de Newell's cuando sigue allí el presidente Eduardo López, no obstante los procesos judiciales en su contra y las acusaciones de realizar negocios sucios con la venta de sus mejores jugadores?
Barcelona, justamente, anunció hace dos meses la contratación de otro atacante rosarino de apenas 15 años de edad, Mauro Icardi, aunque su caso es distinto, pues arribó a España cuando tenía apenas 8 años, tras la grave crisis económica que sufrió Argentina en 2001 que dejó sin trabajo a sus padres, que decidieron radicarse en las Canarias.
La decadencia de las escuelas tradicionales de Rosario Central y Newell's Old Boys favoreció el crecimiento de instituciones privadas como Renato Cesarini, donde se formaron cracks como Santiago Solari, Javier Mascherano y Martín Demichelis, entre otros. También crecieron clubes como Alianza Sport, donde surgió Ever Banega. El hábil volante no precisó el paso casi obligatorio por Rosario Central o Newell's como vidriera, sino que de Alianza Sport fue trasferido directo a Boca Juniors, que luego lo vendió a Valencia, de España, por más de 20 millones de euros.
La última escuela privada fue impulsada por Bernardo Griffa, viejo formador en Newell's, de paso posterior por Boca y ahora en sociedad con los ex jugadores Balbo y Roberto Sensini. La Academia Bernardo Griffa, que busca brindar una formación integral a los niños, es hoy sinónimo de mayor confianza para los padres, que evitan así quedar en manos de los barras bravas.
Muchos clubes que aún mantienen buenas escuelas en sus semilleros, como Vélez Sarsfield, sufren ya no a sus barras, pero sí a representantes inescrupulosos, como los que llevaron al Atlético de Madrid a los juveniles Gonzalo Bozzoni y Germán Pacheco, que fueron llevados a España con ficha libre, engañando inclusive al club español. Vélez acordó recientemente con el Atlético un pago anual por cada jugador que llegue al primer equipo y un porcentaje ante eventuales trasferencias posteriores.
Los clubes españoles buscan adueñarse de los cracks potenciales antes de que estos se incorporen a un equipo argentino. No sólo se ahorran dinero, sino que además, si llegan a España antes de los doce años, no ocupan plaza de extranjero y pueden competir en las ligas juveniles de ese país. El poderoso Barcelona de Messi y del juvenil Icardi creó inclusive en Buenos Aires su propia escuela, La Masía Argentina. "Así evitamos que los Messi del futuro puedan seguir formándose en su propio país y no sufran el desarraigo", dijo Joan Laporta, cuando visitó La Masía en noviembre pasado. "Dejen de robarnos jugadores", le contestó un aficionado argentino en un mensaje enviado por correo electrónico al diario catalán Sport. Argentina es la máxima ganadora de los Mundiales Sub 20 de la FIFA, con seis títulos, cinco de los últimos siete, todos ellos en los últimos doce años. ¿Cómo no querer apoderarse de tamaño botín?
El semillero argentino es una gran industria. Unos diez mil niños de entre seis y doce años de edad compiten ya casi como profesionales en dos Federaciones infantiles de las que se nutren varios de los principales clubes de Buenos Aires, que incorporan a los mejores cuando llegan a los trece años. Otros clubes de barrio complementan ese trabajo inicial, como Bristol, donde surgió Sergio "Kun" Agüero y que es cercana a Independiente. Parque, donde surgieron cracks como Fernando Redondo, Esteban Cambiasso, Juan Pablo Sorín y Fernando Gago, entre otros, dejó a Argentinos Juniors seducido por el dinero del poderoso Boca Juniors, mientras que Parque Chas y Palermo (aquí surgió Gonzalo Higuaín) están más cerca de River Plate.
La contracara de tamaño trabajo es la presión desmedida que suelen sufrir muchos adolescentes, exigidos como profesionales desde bien pequeños y de los cuales apenas dos de cada cien suelen llegar a la Primera División. La grave crisis que en 2001 partió el tejido social y empobreció a millones de argentinos contribuyó a ver al fútbol como única posible salida de la pobreza. Si décadas atrás solía decirse "mi hijo el doctor", cuando un obrero se esforzaba juntando dineros para que su hijo pudiera recibirse en la universidad pública, ahora la nueva frase es "mi hijo el crack". Ojalá al menos ellos queden a salvo de las barras bravas.
» Hable con Ezequiel Fernández Moores
Terra Magazine