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Cortesía
El polémico y sospechado presidente de la FIVB, el mexicano Rubén Acosta.
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Ezequiel Fernández Moores
Buenos Aires, Argentina
"Es una vieja tactica de muchos dictadores, dicen 'me voy'. Los amanuenses le dicen 'oh, Gran Líder, nuestro Dios, ¡por favor no nos abandones!'. Y entonces, en un acto de renunciamiento, el Gran Líder dice 'bueno, por ustedes, y si me dan aún más poderes, me sacrificaré y me voy a quedar otros 28 años'". El ex presidente de la Federación Argentina de Vóleibol (FAV), Mario Goijman, definió de ese modo la sorpresiva renuncia presentada por el mexicano Rubén Acosta, patrón desde hace 24 años de la Federación Internacional de esa disciplina, FIVB, y uno de los últimos grandes dictadores del deporte mundial.
"Acosta -agrega Goijman en conversación con Terra Magazine- ya había anunciado una vez su retiro en 2000, antes del Congreso de Buenos Aires 2002. Pero siguió, y con sus podres ampliados. Luego dijo 'me voy' otras veces, pero en Tokio 2006 rechazó cualquier candidatura que no fuera la suya propia con trucos deleznables. Así que veremos si se va realmente. No lo creo...".
Goijman, expulsado de la FIVB por haber denunciado a Acosta por cargos de corrupción ante la justicia suiza, pero premiado en 2005 en Copenhague por el Congreso Play the Game por su lucha a favor de la trasparencia en ese deporte, terminó derrotado por una FIVB arrodillada ante Acosta. La justicia suiza dictó sentencias que admitieron sus acusaciones, pero a la vez no las consideró delitos punibles.
También el Tribunal de Etica del Comité Olímpico Internacional (COI) emitió en su momento un dictamen que recomendaba la expulsión de Acosta del organismo, pero el mexicano sugirió que abriría la boca sobre otros trapos sucios del olimpismo y terminó yéndose sin que lo echaran, aduciendo haber cumplido la edad límite de 70 años, tras comprobarse que se había quedado él mismo con dinero supuestamente destinado a su Federación provenienete de contratos de TV y patrocinio.
El gran escándalo que vivió el vóleibol mundial, silenciado por buena parte de la prensa deportiva, estalló durante el Mundial 2002 de Argentina, cuando Goijman reclamó para la Federación de su país (FAV) 400.000 dólares como porcentaje de la comisión por el contrato de 4 millones de dólares que había firmado con la cadena ESPN para televisar el torneo. Pero Acosta, presidente de la FIVB desde 1984, hizo lo de siempre: se quedó con ese dinero para él.
Goijman rompió los pactos mafiosos de silencio y acusó a Acosta ante los tribunales suizos. Lo denunció por haberle ocultado a la FIVB el derecho que se había arrogado él mismo a cobrar comisiones del 10% de cada uno de los contratos de patrocinio y TV firmados por la entidad. Contratos cuya autorización, por supuesto, dependía de su propia firma. Esa práctica, denunció Goijman, permitió a Acosta embolsar cerca de 25 millones de dólares. El juez suizo Nicolas Cruchet, quien llegó a allanar la sede de la FIVB en Lausana, dictaminó finalmente que Acosta falsificó balances de una auditoría de la firma Price Waterhouse en la FIVB, pero que no lo hizo para engañar. Sobreseyó al mexicano, aunque lo obligó a pagar las costas del juicio.
Goijman fue expulsado de la FIVB, la tercera Federación más poderosa del deporte mundial, mientras que Acosta fue reelegido hasta 2010, para completar 26 años de reinado en los que expulsó a dirigentes y empleados opositores e implantó el terror y el silencio para anular cualquier disidencia interna. La política del garrote se hizo evidente en 2005, cuando Goijman fue premiado en Dinamarca por sus denuncias. La organización que lo premió, Play the Game, consultó a una docena de dirigentes europeos: todos le dieron razón a Goijman, pero pidieron anonimato, pues dijeron que temían correr la misma suerte que el argentino.
Los trapos sucios, sin embargo, volvieron a aparecer, y de todos los colores, cuando el suizo Jean Pierre Seppey, gerente general de la FIVB y mano derecha de Acosta, también fue expulsado por el mexicano, que lo acusó de utilizar los dineros de la Federación para su diversión y su imagen personal. Decía la denuncia judicial: "hoteles opulentos, restaurantes lujosos, champagne y caviar, nigtclubs y limusinas, regalos para sus novias y nafta para su Maserati".
La respuesta judicial de Seppey no fue menos descriptiva: los gastos en los cabarets Brummel y Velvet fueron "en el marco de las relaciones mantenidas con diferentes VIP (periodistas, ejecutivos de TV, etc). El boleto de avión de mi acompañante a Dubai lo pagué yo, no así los de mi hijo a Berlín y Klagenfurt, una falta leve si se advierte que la FIVB debió pagar siempre no sólo los boletos de la temible esposa de Acosta, Malú, sino también los de la hermana y la madre. Y si yo viajé con mi novia -siguió Seppey-, qué decir de Acosta y su "relación íntima con la Sra. Kratcheva, jugadora del equipo ruso de vóleibol".
Seppey, quien ganaba unos 24.000 dólares por mes y se unió a Goijman para crear una nueva Federación Internacional (FIABVB), contragolpeó reclamándole a la FIVB una indemnización de casi 4 millones de dólares, en un juicio que sigue su curso en Suiza. La minuta elaborada por sus abogados suizos Reymond Saviaux Baumann y Buffat Reymond desnuda, además, de qué modo se compran periodistas, premios y relaciones, especialmente cuando una Federación, como el caso de la FIVB, se decide a lavar su imagen ante la opinión pública.
"Yo tampoco le creo a Acosta. En las elecciones de Tokio 2006, que todavía están bajo reclamo judicial, finalmente no propuso mi candidatura e hizo todo para ser reelegido por aclamación", dice Seppey a Terra Magazine desde Suiza. En ese país, más precisamente en Lausana, la FIVB de Acosta acaba de inaugurar una nueva sede, una mansión que fue remodelada a un costo de 30 millones de dólares.
Así, mientras los deportistas luchan en la cancha, el escándalo del vóley desnuda un submundo de dirigentes que cobran comisiones por la firma de cada contrato, amantes rusas, periodistas pagos, residencias lujosas, donaciones falsas, viáticos para la limusina, el caviar, el champagne, la nafta de la Maserati y hasta para el cabaret, boletos de avión en clase business, familiares incluídos, premios comprados y detectives privados. "He escuchado muchas historias de corrupcion dentro del deporte. Pero ésta es una de las más increibles", dijo Jan Borgen, director de Trasparencia Internacional en Noruega, cuando Goijman expuso sus denuncias en 2005 en Copenhague.
» Hable con Ezequiel Fernández Moores
Terra Magazine