
Julián Gallo
Buenos Aires, Argentina
Basura
Una huelga de los recolectores de basura en la ciudad de Nápoles, Italia, hizo que en tan solo diez días quedaran alrededor de 150.000 kilogramos de residuos tirados en las calles formando una cordillera de bolsas zigzagueantes que cruzaba toda la ciudad. A causa de estos basurales al aire libre, y de los enfrentamientos políticos que surgieron de él, se produjeron incidentes, hubo heridos y decenas de detenidos. El gobierno se vio forzado a hacer intervenir al ejército italiano. El propio primer ministro, Romano Prodi, dijo "Es una vergüenza nacional" (La Repubblica)
Uso este primer ejemplo para escribir que, tal vez de manera exagerada, creo ver en la suma de algunos episodios como el de Nápoles, y en algunos otros que enumeraré después (algunos nimios), signos de una horrible fragilidad en los sistemas que soportan a la civilización.
Con frecuencia pienso que todo lo que llamamos o conocemos como civilización está sostenido por hilos tecnológicos, legales, sociales, políticos y militares tan delgados, que convendría no afirmarnos demasiado en la idea de que el día de mañana será tan tranquilo como el de hoy. Esos hechos, muchas veces pequeños, vistos con atención, parecen experimentos de catástrofes mayores, bonsais del fin del mundo. Yo los vivo así.
Por ejemplo, en Buenos Aires una huelga produjo otro pequeño fin del mundo. El día jueves 10 de enero un paro sorpresivo de los maleteros de Aerolíneas Argentinas en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza -que había comenzado el día anterior y que se prolongó de manera intermitente durante enero- dejó a miles de pasajeros aislados en el limbo del aeropuerto. Esa comunidad de abandonados experimentó con el correr de las horas todas las reacciones que pasamos la mayoría de los humanos cuando el orden civilizado desaparece: incredulidad, estupefacción, negación, ira, esperanza, resignación.
Ese día, durante muchas horas, los pasajeros confiaron ciegamente en las normas que siempre los acompañan, en las autoridades, en la educación de cada uno de ellos, en la convivencia, en su tarjeta de crédito¿ Permanecieron acompañados de sus creencias formando una única fila de más de 300 metros de longitud. Todos estaban nerviosos, pero todavía de buen humor. Cada uno de ellos creía que el problema se resolvería de un momento a otro. Hay que reconocer que en esa fe los extranjeros fueron más creyentes que los argentinos.
Explotar
En inglés el término Flash Point describe la mínima temperatura necesaria para que un líquido inflamable se incendie, explote. En el aeropuerto un grupo de italianos varados desde el día anterior encontró su Flash Point -como muestra el video de abajo- cuando un policía dijo que no tenía agua para darles:
La furia de estos pasajeros está llena de incredulidad. No admiten que lo que estaba pasando estuviera pasando de verdad. En el mundo de todos los días cuando alguien pide agua, le dan agua. Si nos abstraemos de las razones por las cuales la basura está en las calles de Nápoles o los pasajeros retenidos en Ezeiza, y vemos solamente las imágenes, todas parecen -cinematográficamente hablando- apocalípticas:
Petróleo
Todos los sistemas con los que sostenemos la vida civilizada son precarios y pueden desaparecer en un instante. Estamos rodeados de simulacros que lo demuestran. Por ejemplo, en la primera semana de enero de 2008 hubo casos aislados de desabastecimiento de combustible en las costas argentinas. Todos sabemos que eso no es el fin del mundo, y no podemos decir que los surtidores vacíos sean el "El Pico del petróleo", pero el caso nos puede dar una idea contundente de lo que significa la falta de petróleo, igual que un asmático nos enseña sin querer lo que es la asfixia.
La llamada teoría de Huber o Pico del petróleo es, según Wikipedia, una teoría científica que " (...) predice que la producción mundial de petróleo llegará a su cenit y después declinará tan rápido como creció, resaltando el hecho de que el factor limitador de la extracción de petróleo es la energía requerida y no su coste económico. (...) Algunos creen que el decrecimiento de la producción de combustibles producirá un impacto drástico en la civilización tecnológica moderna (...) una disminución en los suministros de crudo causarían el colapso de la agricultura moderna lo que revertiría en una drástica reducción de la producción de alimentos. Su escasez podría producir hambrunas masivas (...)"
La falta de combustible, los vuelos cancelados, la basura en las calles, no son el fin del mundo, pero ¿no parecen ser la maqueta de la escenografía de un filme de catástrofes?
Soy Leyenda
Recientemente se estrenó la tercera versión cinematográfica del clásico de terror de Richard Matheson llamado Soy leyenda (1954). En la historia, Robert Neville, su protagonista, es el único sobreviviente de una epidemia que ha transformado a toda la población en vampiros. En la ciudad de Neville hay hierba creciendo en las calles, todas las puertas están abiertas, todo es mugriento, todo está roto.
La novela de Matheson, como recientemente La carretera, la novela del escritor norteamericano Cormac McCarthy, coinciden en mostrar a sus personajes sobrevivientes en los ámbitos que antes ocupaba la civilización, allí está el horror, en los restos. Las licuadoras inservibles tiradas al costado de la ruta, las latas hinchadas de comida, los camiones y autos oxidados, los letreros rotos, los supermercados saqueados sin carritos, la canillas secas, los televisores inútiles, la oscuridad en la noche, la brutalidad, el desamparo. La población que describe McCarthy es mínima, él anda solo con su hijo. Hay sobrevivientes harapientos, hay caníbales. Dice: "En el colchón yacía un hombre al que le faltaban las dos piernas hasta la cadera, los muñones quemados y ennegrecidos. El olor era insoportable". En ambas novelas, después del miedo, la melancolía es la emoción principal. En las dos historias los protagonistas extrañan al mundo perdido. Dice McCarthy: "Él había mirado mapas de niño, poniendo el dedo sobre el pueblo donde vivía. Igual que buscaba el apellido de su familia en el listín de teléfonos. Ellos entre muchos otros, cada cosa en su sitio. Justificados en el mundo".
Simulacros
El 1º de enero a las 00:00 no pude hacer ni recibir ninguna llamada desde mi celular, demostrándome que los servicios abundan cuando son innecesarios y escasean cuando son imprescindibles. Días después me cortaron la luz cuando la sensación térmica era de 42º. Mi vuelo partió de casualidad en medio de una batalla campal en el aeropuerto de Ezeiza. Las noticias de la televisión muestran las calles de Nápoles incendiadas... Ya ni pienso que Bush advierte a Ahmadineyad sobre una guerra nuclear, y que Ahmadineyad advierte a Bush sobre un holocausto. Ya no pienso en la gripe aviar, ni en el calentamiento global. Son los gritos de los turistas, la heladera chorreando, la calle a oscuras, el monitor apagado, el celular inútil, los que me preocupan.
Terra Magazine