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Reproducción
Marcelo Salas vistiendo la camiseta de la selección chilena de fútbol.
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Felipe Bianchi Leiton
Santiago, Chile
Se fue Salas y no se sabe si es para siempre. Pareciera que si. Pareciera que va más allá de este proceso clasificatorio que encabeza Marcelo Bielsa. Lo que está claro es que con Salas se van varias cosas. Es quizás el último gran ídolo del fútbol chileno. El último jugador capaz de romper los hielos y las fronteras de la camiseta de turno. ¿A quién no le gustaba Salas? Les gustaba a todos. Hasta a los colocolinos, le gustaba. Acaso por sus goles, que es la fácil. Pero también por su forma de ser. Por sus silencios. Por su sacrificio y valentía.
Fue demasiado importante Salas para la Selección de Chile. Fue demasiado grande afuera, donde se ven los grandes. Figura en Argentina. Figura en Italia. Donde ponía el pie Salas, ese año había título. Fue campeón con Universidad de Chile, con River Plate, con la Lazio y con la Juventus. Y en años seguidos. Hubo un rato largo en que nunca dejó de ser campeón. Se transformó en una especie de rey Midas, de medallita de la suerte. Hizo goles clave. A Inglaterra, en Wembley la única vez que les ganamos allá. Todos los del Mundial 98. A Italia, a Brasil, a Austria. Los de los títulos locales e internacionales con River, donde se ganó el apodo inmortal de "shileno", el único chileno querido en esas canchas. Los de la mejor campaña histórica de la Lazio. Los de la Juve. Los muchos por la "U". Los de las clasificatorias. A Brasil, a Colombia, a Bolivia, a Perú, a Uruguay, a Argentina. A todos les hizo goles.
Hoy no quedan jugadores como Salas. ¿Quién es un ídolo que esté a su altura en la selección? ¿Quién es el llamado a reemplazarlo? ¿Alexis Sánchez? No, le falta mucho. Mucho peso específico. Mucho camino por recorrer. Y capaz que no lo recorra nunca. ¿David Pizarro? Ya no. ¿Vidal? Difícil. Para ser ídolo se necesita sacar los pies del barro. ¿El Chupete Suazo? No tiene ascendencia sobre el resto. Demasiado apagado. ¿El Mago Valdivia? Es brillante, pero no tiene pasta de lider. Ni de ídolo: a una mitad le cae bien y la otra mitad lo odia.
Va a ser difícil reemplazarlo a Salas. Pero se ha ido en un buen momento. Ya no estaba para la Selección. Hace rato que por las lesiones, por el "trajin", por la falta de motivación, Salas, pese a ser todavía joven, ya no era el mismo. Me explico: o Salas es determinante o no es. Y ya no era determinante. No lo fue hace un par de años en River. No lo ha sido en Universidad de Chile. No lo era en la selección. Por ende cada día como nominado, cada partido amistoso u oficial con la Roja, sólo estaba sirviendo para desteñir una carrera impecable. Hizo lo que tenía que hacer, el Matador. Aunque cabe preguntarse -y supongo que los hinchas azules lo estarán haciendo-: ¿si Salas no está para la Selección, por qué puede estar para la U? Si los esfuerzos y las exigencias del seleccionado nacional son mucha carga, ¿por qué no es carga uno de los equipos más importantes del país? Razonable duda. ¿Son ambientes y responsabilidades tan distintas? A mi no me queda tan claro.
Lo que sí está claro es que Salas necesita y se merece una despedida gigantesca. Fantástica. Nadie, nunca, hizo más goles que él por la Selección. Junto a Zamorano, Pizarro, Maldonado, Figueroa, Reinoso y Basay está entre los futbolistas más exitosos que hayamos tenido en el extranjero en todas las épocas. Los más alabados, los que consiguieron más títulos.
Nunca fue de hablar mucho, el Matador. Capaz que por lo mismo quiera despedirse calladito. Habitar, una vez más, en la vereda opuesta a Zamorano. Capaz. Ya vendrán nuevos avisos en el próximos días. Lo importante, lo que quedará en la historia, es que un día de junio, cuando comenzaba junio y afuera hacía frío, un martes a mayor abundancia de datos, Marcelo Salas entró a la sala de prensa, miró una vez más las cámaras y los micrófonos, se acomodó la camiseta, tosió un poco para aclarar la voz y dijo lo que él y nosotros nunca pensamos que llegaría a decir: "Se acabó, muchachos".
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