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Reuters
Prolijos seguidores de Hillary Clinton festejan la "resurrección" de la ex primera dama en la durísima interna demócrata.
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Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos
La carrera todavía no ha terminado para Hillary Clinton, quien se impuso ayer con el 55% de los votos ante el senador por Indiana Barack Obama (45%) en las internas demócratas del estado de Pennsylvania. La diferencia de 10 puntos -la que la ex primera dama esperaba- mantiene vivas las expectativas presidenciales de la senadora neoyorquina, quien con una deuda de campaña de más de 9 millones de dólares deberá congregar los apoyos suficientes para seguir dándole batalla a un Obama que muestra una cuenta de campaña sólida y en pleno crecimiento.
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"Gracias por apoyarme en esta campaña, Pennsylvania", dijo Hillary cerca de las 22,30 del martes, al declararse ganadora de las primarias más caras en la historia de los Estados Unidos. "A partir de ahora, el destino de la campaña está en vuestras manos, así que vayan a HillaryClinton.com y ayúdennos a juntar fondos", arengó la senadora por Nueva York.
La victoria de ayer bien podría dar vuelta por completo lo que se ha visto hasta ahora de las internas demócratas, propuso Patrcio Navia, analista político y profesor de New York University. "Nadie quiere apostar a caballo perdedor", explicó Navia. "Hasta ahora Hillary iba perdiendo, por eso tiene menos fondos. Pero con este triunfo se le vuelve a abrir la canilla de las donaciones (el recurso de financiamiento más importante de los candidatos). El dinero, en este caso, sigue la señal de los votos, y no al revés".
"Hemos vencido a un contrincante que tiene cuatro veces más recursos que nosotros, y eso habla de la valentía y el trabajo que hemos puesto en esta carrera. Estoy convencida de que puedo sacar al país de la crisis financiera por la que estamos pasando", aseguró Clinton.
La victoria en Pennsylvania, sin embargo, sólo le permitirá seguir en carrera a Hillary mientras pueda demostrar que es capaz de ganar el 80% de los electores restantes en las próximas internas. Y para la mayoría de los analistas esta puede resultar una jugada casi imposible.
"Pero si se considera la de ayer como una victoria amplia, la presión ahora puede desplazarse hacia el lado de Obama, quien todavía no ha podido ganar ninguno de los estados grandes", especula Navia. Esa presión para Obama, sin embargo, no libera ni un minuto a Clinton, quien a partir de ahora se enfrenta con un dilema puramente matemático. Según Pablo Pinto, politólogo de la Universidad de Columbia, "Clinton todavía está abajo en la cuenta de delegados por amplio margen. La mayoría de las primarias demócratas son proporcionales, a diferencia de las de los republicanos, donde el ganador se lleva todo", explica. "Por eso, aún cuando Clinton ganó el voto popular, siempre se repartieron delegados para ambos bandos. Y en algunos casos -como en Texas-, Hillary terminó perdiendo en el numero total de delegados electos".
Para poder achicar la diferencia que le lleva Obama en número de delegados (sin contar los súper delegados), "Clinton necesitaba ganar por amplísimo margen ayer, para comenzar a imponerse de ahora en más en todas las primarias que quedan, sin excepción", según aclara Pinto. "Esto es prácticamente imposible, y ella lo sabe -asegura a el politólogo-. Por eso se puso tácitamente como objetivo ganar en Pennsylvania. Una especie de gran golpe de efecto". Tras esta victoria, "los súper delegados -añade- verían la dificultad de Obama por imponerse en los estados grandes y terminarían dándole el apoyo a la senadora por Nueva York".
"Mi impresión es que no se piensa bajar y que seguirá peleando en las siguiente primarias", razona María Victoria Murillo, profesora de Ciencias Políticas, también en la Universidad de Columbia. "Importa mucho saber, además, qué sectores la han votado, porque eso en definitiva termina afectando sus posibilidades en la elección general y, por ende, afecta al calculo de los súper delegados", dice Murillo. Es importante que el candidato que se imponga del lado republicano tenga cualidades que le permitan sacarle votantes al republicano John McCain. Por eso, opina Murillo, "es difícil a esta altura que Clinton decida bajarse; creo que seguirá en carrera, sobre todo ahora que ganó por 10 puntos, el margen que ella esperaba".
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