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Jorge Iván Ospina: "Hay que construir una cultura de la responsabilidad ética"

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El alcalde electo de Cali, Jorge Iván Ospina.

Jorge Iván Ospina acababa de cumplir 40 años cuando fue elegido alcalde de Cali, capital del departamento del Valle del Cauca y tercera ciudad colombiana. Obtuvo en esta ocasión la más alta votación en la historia reciente de Cali: 268.950 votos. Su triunfo sorprendió a todos, ya que, sin una gran trayectoria política, no tenía tampoco un partido fuerte que lo avalara. Ospina es médico graduado en La Habana, Cuba, en donde vivió desde los 14 hasta los 25 años. Recién regresado a Bogotá, participó en el movimiento estudiantil que impulsó la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y alcanzó a iniciar estudios de especialización en cirugía plástica. Pero luego de una visita a una organización que trabaja con los más pobres habitantes de Cali en el populoso barrio de Aguablanca, resolvió quedarse a trabajar allí. Su logro más reconocido por los caleños fue la excelente gerencia del Hospital Universitario del Valle.

Cali también conoce a Jorge Iván por ser hijo de Iván Marino Ospina, uno de los fundadores de la guerrilla del M-19. Siendo aún estudiante en Cuba, había visitado Cali en vacaciones y en esa ocasión se reunió en secreto con su papá, quien hacía poco había regresado a la clandestinidad luego del fracaso de las conversaciones del M-19 con el gobierno. Apenas alcanzó a estar con él por un par de días, cuando estalló un combate con el Ejército en el que su padre resultó abatido. El 28 de agosto de 1985 a las 6 y media de la mañana murió en sus brazos.

Ospina, quien asumirá la Alcaldía de Cali en enero próximo, llega a su cargo en un momento crítico. Cali fue la ciudad cívica de Colombia que dio el ejemplo al país en los setenta por la disciplina ciudadana, el desarrollo urbano armónico y la filantropía de sus empresarios, pero lleva una mala racha: dos de los últimos cuatro alcaldes terminaron presos, luego de escándalos de corrupción. El narcotráfico la usó para construir allí un imperio de tan triste fama internacional que en el mundo se ha oido hablar del Cartel de Cali antes que saber que la ciudad existía. Y como si el cielo tuviera alguna bronca en especial con esta capital de la salsa, la guerrilla no ha dejado de azotarla con atentados y secuestros. El episodio más trágico sucedió en junio pasado, cuando fueron asesinados once diputados del Valle, que en 2002 habían sido secuestrados por las guerrillas de las Farc en pleno centro de la ciudad.

Terra Magazine: ¿Cuál acción clave emprenderá para sacar a Cali de sus crisis?
Jorge Iván Ospina: Quiero lograr que Cali se reconozca a sí misma con su identidad negra, indígena, diversa. No podemos seguir aferrados a la nostalgia de volver a la ciudad cívica de los setenta. Cali es otra y si así lo acepta podrá retomar lo mejor de esos años, pero construyendo hacia el futuro. Voy a convocar a una asamblea donde estén representados todos los caleños y que de ahí salga el plan de desarrollo y el presupuesto de la ciudad.

Terra Magazine: El narcotráfico ha sido el karma de Cali; todo lo ha infiltrado, ha trastocado los valores y ha traído violencia y dolor. ¿Cómo enfrentarlo?
Jorge Iván Ospina: El narcotráfico, por el cual llegaron a entrar a esta ciudad 800 millones de dólares en un año en forma ilegal, fracturó las relaciones entre las instituciones y sus ciudadanos. Los llenó de desconfianza frente a la Policía, la administración de justicia, todo. Debemos superar ese fenómeno primero luchando contra el estereotipo en que nos metimos ante el país y el mundo, como una zona roja de dinero fácil y muerte. Cali es una ciudad de empresarios creativos, es un centro universitario prestigioso, es cuna de talentos culturales. Lo segundo es decirle al mundo que Cali no puede asumir sola todos los costos del narcotráfico, cuando éste es un negocio cuya demanda está en otros países. Le doy un ejemplo: el 85 por ciento de las muertes violentas de la ciudad son con arma de fuego, y de esas la mayoría son importadas. ¿Qué están haciendo los países productores de armas para evitar que lleguen clandestinamente a esta ciudad?

Terra Magazine: Pero en una ciudad con la mitad de la gente en la pobreza no es muy difícil resistir la tentación del dinero fácil...
Ospina: Hay que resistirlo desde lo cultural. Hay que construir una cultura de la responsabilidad ética, de la legalidad desde la escuela, pero también se pueden mostrar motivadores colectivos que le muestren a la gente que desde lo legal y lo formal es posible progresar.

Terra Magazine: ¿Le ha servido la política de Seguridad Democrática del Presidente Uribe a Cali?
Jorge Iván Ospina: Sí ha tenido resultados en el campo y de ahí que hoy los grupos rebeldes ya no puedan acceder con tanta facilidad a Cali para hacer sus atentados y secuestros como se vio antes. Pero esa política no ha contribuido a bajar la delincuencia urbana. Hay 180 mil jóvenes en Cali hoy sin oportunidades de trabajo ni estudio, sin espacios culturales, ni deportivos. Hay que invertir en ellos para abrirles un futuro. El tratamiento de aquellas personas que ya están metidas de lleno en la delincuencia organizada es diferente. Hay que fortalecer la presencia y capacidad de inteligencia de la policía para desvertebrar esas bandas.

Terra Magazine: Usted recibió el apoyo del senador Juan Carlos Martínez, muy cuestionado por sus supuestos vínculos con el narcotráfico y por la cantidad de dinero que gastó en las elecciones de octubre pasado. ¿A qué se comprometió con él para conseguir su apoyo?
Jorge Iván Ospina: No sólo importa de quién recibe uno apoyos sino cómo los recibe. No recibí un peso del partido de Martínez ni respaldé a sus candidatos al Concejo. Martínez, quien en dos elecciones anteriores había apoyado a mi contendor, vino a buscarme. Yo tenía a todo el mundo en contra: al Polo, a los partidos uribistas, a los liberales. Yo lo acepté porque no tiene ninguna acusación de la justicia y porque me interesó que fuera negro y tuviera una gran ascendencia sobre la comunidad negra en Cali. No voy a darle puestos, ni a hacerle favores.

Terra Magazine: Eso suena muy ingenuo, más cuando el gobernador electo del Valle es Juan Carlos Abadía, aliado de Martínez e igualmente cuestionado por los vínculos de su padre con el narcotráfico...
Jorge Iván Ospina: Nuestro vino es amargo, pero es el nuestro. Después de 25 años de narcotráfico en el Valle, 30 de guerrilla y 10 de paramilitarismo, pretendemos que las personas que surjan vengan como de Marte. Creo que podemos convertir en el imaginario de la gente al gobernador electo Abadía en un monstruo y asilarlo y estigmatizarlo como tal. Yo creo en que a la gente hay que darle la oportunidad. Abadía tiene 28 años y puede escoger el camino de hacer un buen gobierno.

Terra Magazine: ¿Cómo va a entregar a Cali dentro de cuatro años cuando termine su gobierno?
Ospina: Con una ciudadanía que ha construido su ruta para los próximos 20 años. Una ciudad que asume que es diversa racial y culturalmente. Que ha recuperado su alegría, no la de la rumba, sino la de poder caminar tranquilo sin miedo; que cambió su modelo pedagógico por uno que incluya su identidad cultural negra e indígena; que participa en la reconstrucción de su puerto de Buenaventura con su ingeniería y su liderazgo empresarial y ha dejado de darle la espalda. Una ciudad con el centro renovado y con mayor autonomía en la ejecución del presupuesto.

Terra Magazine: Aunque se haya equivocado al utilizar las armas para conseguir su objetivo político, su papá tenía unos sueños válidos de conseguir una mayor inclusión y justicia social para los colombianos. ¿Cómo cree que su gestión pueda honrar esos sueños?
Ospina: Esta ciudad tiene que llegar a respetar la vida, y a poner su valor por encima de todo lo demás. Aquí mueren entre 8 y 10 personas diarias en forma violenta. En 2006 fueron 1.740 caleños quienes perdieron su vida. Esto no puede seguir pasando. Para cambiar esa realidad es que me metí en esto.

María Teresa Ronderos es asesora editorial de la revista Semana, presidente de la Fundación para la Libertad de Prensa y maestra de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Es autora de los libros Punch, una experiencia en televisión, (1992), Retratos del poder (2002), coautora de Como hacer periodismo (2002), y Poder y medios (2004).

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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