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Joven expulsada de Facebook por "adicta al sexo"

Reproducción
Comunidades virtuales como Facebook suelen cubrir la carencia de relaciones en el mundo real.

Juan Guillermo Tejeda
Santiago, Chile

Laura Michaels, estudiante británica de 23 años de la que sabemos poco, acaba de ser expulsada de Facebook. Ella creó, dicen, un grupo de afinidades llamado "I need sex". Un club que, si atendemos a su denominación, podría incluir a muchísimas personas, quizás a todos los seres humanos. Necesitar sexo no es malo. Incluso ahora se afirma que la inapetencia sexual es una enfermedad y amerita tratamiento.

En fin, intercambiando fotos y perfiles, la chica hizo una preselección de los innumerables varones que se le ofrecieron para saciar su deseo, y dice haberse ido a la cama con 50. Los administradores de Facebook consideraron que una cosa es una red social y otra cosa una red sexual, y optaron por borrar del sistema a la chica, a su página, a los favorecidos y al grupo "I need sex".

Desde un punto de vista estrictamente racional es difícil entender las razones de tan drástica medida. Humanamente, en cambio, o sea, desde el punto de vista de las costumbres (siempre más limitadas que la razón), se entiende que una red digital tan prestigiosa como Facebook prefiera no albergar a personas así, que son dinamita erótica y arrastran detrás de sí a una turba de ganosos del placer sexual.

Comportamientos del tipo Laura son inquietantes, pueden causar envidia o provocar emulación, y a lo mejor ocultan negocios raros, o infecciones, o malos hábitos: del sexo siempre sospechamos lo peor, es como una delincuencia tolerada. Los norteamericanos, que son muy etiquetadotes y compartimentados, mantienen otras páginas especiales para los que quieren sexo, sitios con olor a infección o a desinfectante y colores rosados o violetas.

Michaels ha sido tipificada por Facebook como "adicta". Quizás lo sea, no lo sabemos. A lo mejor es una profesional, o un pseudónimo, o una hacker erótica, o quizá qué cosa. Según datos aparecidos en su propia página ella se dio un atracón de sexo, una comilona de abrazos, caricias, incrustaciones y secreciones que puede haberle sentado bien o mal, lo sabrá ella. Lo cierto es que no se ha demostrado hasta ahora que Laura necesite una dosis de 50 experiencias sexuales cada día o cada semana -hacer estas cosas lleva su tiempo- cuadro que sí configuraría una adicción.

Ocurrió quizás que tenía un antojo y se sirvió de Facebook para darle salida. O había hecho -tal vez- una apuesta con unas amigas para demostrar su afán de riesgo. O estaba triste, desganada. A lo mejor fue un evento único en su vida, que necesitaba protagonizar mientras viviera. Quizás deseaba simplemente establecer, como los propios administradores de Facebook, una red humana, aunque no enteramente virtual. En fin, si ella fue expulsada por adicta, habría que hacer lo propio con todos los demás adictos de la red, adictos a la comida, adictos a la bebida, adictos a la lectura, adictos a Facebook... De tal manera que seguramente no es por lo adicta que borraron su página. La adicción es una formulación políticamente correcta que en este caso sirve para enviar otro mensaje a los entusiastas integrantes de la red: aquella chica no cumple con el perfil Facebook.

Facebook es una red de contactos sociales de tipo virtual. Su auge irresitible puede deberse al adelgazamiento y a veces supresión total de las redes sociales de barrio o de familia. El mundo moderno nos obliga a vivir dispersos en grandes ciudades, y a comunicarnos no tanto físicamente como a través de mails, teléfonos móviles y dispositivos tipo Facebook. Al parecer, Laura se desdigitalizó, abandonó la esfera virtual y entró en un cuerpo a cuerpo con cincuenta de sus "friends". Cuerpo a cuerpo probablemente efímero, porque cuesta imaginar una continuación y profundización de esas relaciones en el tiempo con cada uno de los cincuenta varones.

Facebook es una nueva tela de araña, un bosque de lianas humanas que promueve las relaciones preformateadas y predigeridas. Basta ser invitado por alguien, hacer un par de clics, sacar un password y ya estamos dentro. Quizás no todos tengamos la iniciativa y el empuje de la singular Laura Michaels para convertir esos flujos de bits en encuentros reales. Y probablemente no se trate de eso. Tener muchos amigos en Facebook es una cosa, y otra distinta encontrar a alguien en la tarde para tomar una cerveza juntos. Pero al mismo tiempo, tal como un blog puede ser visitado un día por sólo una persona (el mismo propio y triste bloguero), al día siguiente ese sitio puede atraer cien mil visitas y hacer saltar los servidores. También las páginas Facebook pueden servir tanto para mirar a la gente sin tocarla como para hacer la de Laura Michaels, aunque sea al precio de una expulsión y borrado definitivo de datos en la blogósfera o facebookósfera o como se llame aquello dentro de lo cual estamos viviendo.

» Hable con Juan Guillermo Tejeda

Juan Guillermo Tejeda es Licenciado en Artes por la Universidad de Chile. Ha enseñado diseño en Barcelona y Santiago de Chile. Premio al mejor Ensayo 2002 del Fondo del Libro y la Lectura por Allende, la señora Lucía y yo. Ha colaborado como columnista en diversos medios chilenos: Revista El Sábado de El Mercurio, The Clinic, La Nación Domingo, etc. Es director del Boletín Académico de la Universidad de Chile.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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