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Naomi Klein ahora ataca a los Chicago Boys

AFP
Naomi Klein despliega en su nuevo libro la teoría del múltiple shock como método de dominación capitalista.

Naief Yehya
Nueva York, Estados Unidos

Sin el menor atisbo de pudor, o más bien con absoluta franqueza, el Pentágono denominó la estrategia bélica que empleó en contra de Irak como "shock and awe", es decir, "horrorizar y sobrecoger", "chocar y estremecer". Este doctrina es definida por sus autores, Harlan K. Ullman y James P. Wade, como un método para "afectar la voluntad del adversario para responder o adaptarse a nuestros fines políticos estratégicos (...). Controlar el medio y paralizar o saturar las percepciones del adversario y su entendimiento de los acontecimientos para que el enemigo sea incapaz de oponer resistencia a niveles tácticos y estratégicos".

Mediante el uso de tecnología superior, dominio de la información y empleo de herramientas de precisión, Estados Unidos creyó posible un "dominio rápido" y absoluto del rival, al crear en él "un estado deseable de impotencia y desesperación". La escritora, periodista y activista canadiense Naomi Klein reconoció en aquella denominación una fórmula mucho más profunda que un simple eslogan militar, intuyó que en cierta forma esas dos palabras resumían la ideología dominante del capitalismo contemporáneo.

Klein publicó en el año 2000 el libro que muchos consideran como el manifiesto del movimiento antiglobalización, No Logo. En 2002 apareció la colección de artículos y discursos Fences and Windows, y el 4 de septiembre de 2007, The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism (La doctrina de choque: el auge del capitalismo cataclísmico), un provocador análisis de la tendencia a aprovechar momentos de crisis extrema, sean guerras, golpes de estado o desastres naturales, para imponer reformas brutales por la fuerza a las poblaciones aún desconcertadas por la conmoción provocada por el desastre que acaban de sufrir.

Klein define entonces esta estrategia como una de un triple shock:
1- Shock cataclísmico: un desastre paraliza la vida política, la economía y la cotidianidad.
2- Shock económico: el gobierno aprovechan la conmoción para eliminar leyes, liberar aranceles y privatizar los bienes públicos para permitir que inversionistas reestructuren la economía.
3- Shock represivo: los disconformes son intimidados, sometidos, encarcelados y, muy a menudo, torturados.

Klein sitúa el origen de esta estrategia esencialmente en las ideas de Milton Friedman y sus célebres Chicago Boys, quienes abogaban por un capitalismo total, puro y absoluto que se oponía con más vigor a las "interferencias gubernamentales" que al propio marxismo. Si por su parte comunistas y socialistas requerían de una revolución para transformar la sociedad, Friedman pensaba que "sólo una crisis real o percibida" produce cambios reales. Nuestra función es desarrollar alternativas a las políticas existentes y mantenerlas vivas hasta que lo políticamente imposible se torna políticamente inevitable. La crisis elimina la tiranía del status quo".

Friedman (quien falleció el 16 de noviembre de 2006) era un enemigo rabioso del estado benefactor y creía que los controles, reglas, barreras y el proteccionismo gubernamental eran culpables de todos los males sociales. Pero sólo había podido probar los beneficios de su teoría mediante modelos matemáticos, hasta que tuvo lugar el golpe de estado de Augusto Pinochet: el dictador chileno lo llamó como asesor económico para llevar a cabo una rápida transformación que implicaba recortes fiscales, libre comercio, privatización de servicios y dramáticos recortes al gasto público. Después de aquel experimento, Friedman tuvo la oportunidad de difundir sus dogmas de fe por el mundo e influenciar a apparatchiks chinos, oligarcas rusos y tecnócratas latinoamericanos, entre otros dictadores y sátrapas de todas denominaciones.

En la imaginación de Friedman, el shock producía una especie de regresión a un estado de pureza del capitalismo original, en el cual el mercado era una especie de fuerza de la naturaleza capaz de autorregularse como las mareas y los ecosistemas.

Lejos de limitar su libro a un análisis económico, Naomi Klein comienza su análisis desde el ámbito de lo individual, por lo que rastrea el mismo deseo absolutista de pureza de Friedman en otro "doctor shock", el psiquiatra Ewen Cameron, quien durante la década del 50 -financiado por la CIA- llevó a cabo un vasto y delirante experimento con seres humanos a los que sometía a impresionantes dosis de drogas (algunas psicotrópicas, como LSD), electroshocks (en cantidades descomunales), aislamiento y otras terapias monstruosas con la idea de reconstruir nuevas personalidades y de esa manera borrar o erradicar desequilibrios u otras condiciones patológicas mentales.

Durante la Guerra Fría, y guíados por la fantasía de que los comunistas practicaban lavados de cerebro, los jefes de la CIA vieron el trabajo de Cameron como una oportunidad para entender el funcionamiento de la reprogramación de una mente, pero más bien su trabajo fue integrado en manuales, como el "kubark", como un método científico de interrogación y tortura.

Las técnicas de Cameron no produjeron a un solo hombre renovado y sano; por el contrario, dejaron a cientos incapacitados y traumatizados. Y si bien la CIA asegura que el proyecto de control mental conocido como MKULTRA -que involucró a 80 instituciones, incluyendo a 44 universidades y doce hospitales de los Estados Unidos, a un costo declarado de 25 millones de dólares- no ofreció resultados positivos (el director del programa, Sydney Gottlieb, ordenó la destrucción de todos los archivos), los métodos de aislamiento sensorial y saturación sensorial creados entonces son usados ahora en los presos, secuestrados y combatientes enemigos de la "guerra contra el terror".

La tortura, con sus infaltables electroshocks, es considerada por Klein como una muy apropiada metáfora para la estrategia de choque que se ha aplicado recientemente en Nueva Orleans, después del huracán Katrina, donde aún no se terminaban de retirar las aguas que devastaron la ciudad cuando los inversionistas ya compraban bienes raíces a precios ridículamente bajos, se eliminaban viviendas populares y se desmantelaba el sistema de educación pública para instalar en su lugar una red de escuelas "charter" (instituciones financiadas por el Estado pero exentas de las reglas estatales y regidas en cambio por instituciones o corporaciones).

De manera semejante, el modelo de la terapia de triple choque se aplicó en numerosas regiones devastadas por el tsunami del 26 de diciembre de 2004: en este caso, la destrucción de las olas fue aprovechada por inversionistas que adquirieron valiosas propiedades antes ocupadas por poblaciones y comunidades para construir hoteles de lujo y desarrollos para el turismo. Pero sin dudas el ejemplo más apabullante de estos dogmas, y de su inefable fracaso, es Irak. El grupo que ahora conocemos como "neoconservador", insertado en el Pentágono, el Departamento de Estado y la Casa Blanca, empleó todos los recursos a su alcance para transformar al país asiático en un paraíso de democracia y libre mercado, así como en una conveniente plataforma geoestratégica para el ejército estadounidense, con el añadido de contar con la segunda reserva petrolera del planeta.

La guerra, la invasión, el cambio de régimen y el posterior colapso en una volátil guerra civil que se encuentra muy, pero muy lejos de resolverse, contrariamente a los análisis superficiales e idiotas de los expertos que aseguran el incremento de tropas o "surge" comenzado en febrero del 2007 ha pacificado al país, han dejado un tendal. El triple shock se aplicó en Irak, pero si bien se afectó la voluntad de la población, ésta no quedó inmóvil ni apabullada por el primer impacto; tampoco bastó con reprimir a gran escala a la sociedad, con matanzas indiscriminadas y tortura masiva, ya que al "imponer un estado deseable de impotencia y desesperación" también se desgarró el tejido social y se fragmentaron las frágiles alianzas y pactos comunitarios que sostenían a esa nación.

Se terminó desatando a un Frankenstein incontrolable, en forma de conflictos tribales, ideológicos, religiosos y anticoloniales, que no podrán resolverse mediante las obtusas fórmulas de los neocones. Así, lo que comenzó como un impresionante y terrorífico despliegue de fuerza en forma de misiles de precisión y bombas inteligentes, se ha traducido en el último laboratorio de la crueldad de los ideólogos que piensan que no hay sacrificio demasiado alto ni daño colateral demasiado ominoso cuando las bendiciones del mercado libre están en juego.

Naief Yehya es Ingeniero Industrial, periodista, narrador y crítico cultural, escribe en La Jornada, El Financiero, Letras Libres y Art Nexus, entre otras. Ha publicado tres novelas, dos colecciones de relatos y tres ensayos (El cuerpo transformado: cyborgs en la realidad y la ficción, Guerra y propaganda: el mito bélico en los Estados Unidos y Pornografía: sexo mediatizado y pánico moral). El trabajo de Yehya tiene que ver con en el impacto cultural y social de la tecnología, los medios masivos, la propaganda y la pornografía. Yehya nació en México DF en 1963 y vive en Brooklyn desde 1992.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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