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Pisco se empieza a levantar de la mano de América Latina

Paola Ugaz/Terra Magazine
El paisaje de Pisco, a tres días de la tragedia.

Paola Ugaz
Enviada especial a Pisco, Perú

Pisco, el otrora puerto colonial del siglo XVI que fue destruido en un 80% por el sismo de 7.9 grados en la escala de Richter ocurrido hace unos días, se empieza a levantar de la mano de sus hermanos latinoamericanos, que han enviado toneladas de ayuda en medicina, ropa y alimentos, además de equipos humanos para colaborar con los damnificados.

Poco a poco, los pisqueños se empiezan a organizar en grupos formados entre 10 y 15 familias para recoger los escombros de sus casas, armar carpas hechas con mantas y lo que tengan a la mano, juntar colchones y hacer ollas comunes, mientras llega la ayuda, que es distribuida con la coordinación del gobierno peruano. Los sobrevivientes se han puesto a trabajar hombro a hombro en distintas actividades, desde la búsqueda de agua potable y alimentos a los centros de acopio del gobierno hasta la organización de turnos para la cocina y la recuperación de sus enseres enterrados.

Por ahora, todos duermen a la intemperie, en carpas improvisadas, y desafían el frío nocturno, ya que las pocas construcciones que quedan en pie están en peligro debido a la sucesión de réplicas al fuerte movimiento sísmico, que el sábado tuvieron su pico con un sismo de 5.5 en la escala de Richter, según informó el Instituto Geofísico de Perú.

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Los vecinos del distrito de San Isidro y San Francisco han optado por organizarse entre ellos y vivir con lo poco que tienen hasta que llegue la ayuda prometida por las autoridades. Está claro que este desastre natural ha desnudado las carencias endémicas de los pobres del Perú, que alcanzan hoy el 52% de la población total del país.

Sara Ramirez, que tiene 7 hijos y es habitante de San Isidro, dice que ningún miembro de su familia murió por el desastre y que lo mejor ha sido seguir el viejo refrán de "hacer de tripas corazón" y "organizarse con lo poco que hemos recibido: arroz y lentejas, únicamente; junto con otras seis familias hicimos una olla común y armamos carpas para dormir y protegernos entre todos".

En tanto, Pilar Moquillacta Mayuri señala que un grupo de 15 familias está viviendo hace tres días en una carpa hecha de paja y esteras. "Tenemos grupos para traer agua y cocinar con lentejas, aceite, atún y habas. Lo importante es que alcance para todos", sostiene.

Gregoria Meneses indica por su parte que "organizarse entre vecinos nos salvó la vida; como veíamos que no nos llegaba nada, empezamos a buscar los alimentos que teníamos para recuperar de nuestras casas y armamos ollas comunes que han dejado, gracias a Dios, que le lleve la comida a nuestros hijos".

En el barrio de San Francisco, uno de los más activos es Saturnino Félix Otelo, que tiene 4 hijos y organiza un grupo de doce familias; Saturnino perdió a su madre, enterrada en la Catedral de San Clemente, pero eso no lo amilanó para llevar adelante a este grupo de personas, que se alimenta con tres sopas calientes al día y recoge escombros para llevarlos a las afueras de Pisco.

Gisele Barahona Orbegozo -de 34 años, y parte del grupo liderado por Saturnino- asegura que "nos encantaría haber recibido ayuda urgente, pero al ver que no había nada, decidimos tomar manos a la obra. Yo he perdido a dos tíos, que son hermanos de mi madre y que habían ido a la Iglesia San Clemente a rezar". El sacerdote español Alfonso Ferrade, de la orden de San Vicente de Paul, organizó una emotiva misa al aire libre en la plaza de Armas de Pisco: asistieron principalmente los familiares que perdieron a sus seres queridos cuando se cayó la Catedral de San Clemente debido al fuerte movimiento sísmico.

Ferrade dijo a una audiencia que, anegada en llanto, participaba de la ceremonia religiosa: "de los hechos negativos tenemos que sacar algo positivo; las paredes no hacen las iglesias, sigamos disfrutando y agradeciendo a la solidaridad de tantos países para con nosotros".

Luego de la misa, Ferrade declaró a Terra Magazine: "yo he llorado mucho estos días, pero hay que seguir adelante, hay que superar los problemas que ahora nos nublan el pensamiento, mas allá del día que vendrá".

El religioso español es natural de Pamplona y llegó a Ica hace 40 años. Conmocionado, reveló también que se salvó de ser aplastado por una de las paredes de la catedral porque, al levantarse por el sismo, primero le cayó un adobe (ladrillo de barro) en el hombro que lo tumbó y lo desplazó a una zona fuera de peligro; así salió ileso del derrumbe. "Los milagros se dan con mucha frecuencia -asevera-. Yo sentí que me caí por un adobe que me tumbó al suelo. Y cuando me caí recién se desplomo la pared del templo. De otra manera hubiera muerto".

Apoyo internacional

En el hospital San Juan de Dios de Pisco, Terra Magazine encontró a la funcionaria del Ministerio de Salud argentino, Maria Cristina Lozano, quien llegó desde Buenos Aires a bordo de un avión Hércules que trasladó una importante carga de pastillas para potabilizar el agua, botiquines para primeros auxilios, frazadas, carpas y un experimentado grupo de cascos blancos especializados en rescates. "Desde Argentina, sentimos con mucha tristeza lo que sucede acá, estamos inspeccionando varias zonas en Pisco para conocer las principales necesidades y regresar pronto con lo más indispensable", comentó Lozano.

Por su parte, y mientras vigilaba la remoción de escombros en la calle San Francisco, también entramos en contacto con el General Antonio Rivero, de la Dirección de Protección Civil de Venezuela, que lidera la misión que ha traído un equipo humanitario especialista en rescate y salvamento, acompañado de un grupo de ingenieros especialistas en construcción y en el área sismológica. También trajeron alimentos, agua potable, carpas y medicinas. "El gobierno del presidente Hugo Chávez ha aprobado una ayuda que asciende a 1,5 millones de dólares. Haremos diez viajes en aviones Hércules para traer plantas que sirven para remover escombros y reconstruir viviendas", explicó.

Según Rivero, "lo principal es la recuperación de la zona afectada; mientras más rápido se desmonten los escombros, más fuerte será la sensación que tendrá la gente de que el desastre está pasando. Además, así ayudamos a los familiares que quieren rescatar a sus víctimas de sus viviendas y darles cristiana sepultura. Hay que atender a los damnificados con alimentos, medicinas y agua potable, y reconstruir los servicios públicos para rehacer la vuelta a la normalidad".

El ministro de Defensa peruano, Allan Wagner, dijo a Terra Magazine que "la llegada de avión tras avión con ayuda para la emergencia ha sido sumamente útil; tenemos rescatistas españoles, argentinos, venezolanos, brasileños, bolivianos que exponen su vida para sacar cadáveres de los escombros. Y han traído carpas, alimentos, pastillas potabilizadoras... Nos sentimos muy bien por tener tantos pueblos amigos en la región".

"Al hacer un balance, lo dividiría en etapas -agregó Wagner-: primero salvar vidas, luego el traslado de 450 heridos a través de envíos en aviones de la Fuerza Aérea y después el rescate en los escombros en la Catedral de San Clemente, donde se salvó al sacerdote José Torres, un caso excepcional porque los cimientos formaron una cueva en la que quedó un espacio por el que pudo respirar y así sobrevivir".

Los topos rescatistas

Entre los numerosos grupos de rescatistas que llegaron desde el exterior, el que arribó desde Argentina ayudó a encontrar a una decena de personas que murieron enterradas en el Hotel Embassy, en un Centro Tecnológico de Inglés y Computación y en una taberna. Uno de los miembros del grupo, Maxi Arias, de 28 años, dijo a Terra Magazine: "no teníamos idea de lo caótico que había sido todo hasta que llegamos a Pisco. Vimos que la situación era muy grave, y todo fue muy chocante e impresionante. Pero nos alegra aportar este granito de arena, y no nos importa dormir a la intemperie mientras lo que hacemos sirva".

El ingeniero peruano Rogelio Rosales, de la Sociedad Minera El Brocal, ubicada en la altoandina Cerro de Pasco, señaló que "ha sido un cuadro muy dramático; encontramos un panorama desolador y aún nos falta recuperar a varias personas que quedaron atrapadas en el primer piso del Hotel Embassy, pero debemos remover antes los cuatro pisos del edificio que están encima. Hay que usar tecnología de punta que debe de llegar dentro de unas horas".

En el tercer día de trabajo, los bomberos y grupos de rescate peruanos al mando del Comandante Javier Erausquim dejaron atrás las esperanzas de encontrar sobrevivientes entre las personas enterradas en los edificios derruidos: "hemos movilizado a 300 bomberos para que se desplieguen y trabajen en las viviendas colapsadas buscando cuerpos, pero nuestro principal trabajo es la falta de agua y alimentos para la población", sostuvo. "Tardarán años hasta que Pisco se vuelva a reconstruir, el daño es muy alto y está focalizado en las estructuras de los edificios, por lo que corresponde sólo botarlos para volverlos a construir", concluyó.

Alan García, en mangas de camisa

El presidente peruano Alan García, que duerme en el aeropuerto militar de Pisco desde el pasado jueves, visitó de modo sorpresivo la remoción de escombros en la Catedral San Clemente y declaró a la prensa que "la ayuda internacional ha sido muy efectiva, muy rápida y muy generosa. Han llegado decenas de aviones con ayuda, y todo esta siendo distribuido. Estamos en condiciones de empezar la reconstrucción. Además, hemos comprado cientos de toneladas para asegurar durante estos próximos días toda la alimentación necesaria, y tenemos fuentes de agua en trece puntos de Pisco y Chincha".

Luego de recibir al presidente colombiano, Álvaro Uribe, al que calificó como "un gran hermano nuestro", señaló que ambos trabajarían en "en mangas de camisa", acompañados de seis ministros colombianos muy experimentados en reconstrucciones. Por último, García dijo que su trabajo como jefe de estado ante la emergencia se debe dividir en etapas: "primero, el traslado de heridos, la recuperación de sobrevivientes, el entierro de victimas, el aseguramiento progresivo de la luz en Chincha, Pisco e Ica, y luego, garantizar el orden público, para lo cual vienen llegando unos 1.000 efectivos del ejército peruano".

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