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Cortesía
La Earth Wheel Sky Band, sentimiento tanguero desde Serbia.
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Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos
Liana escuchó tango por primera vez casi de casualidad. "Había ido a ver una película australiana, Strictly Ballroom, en donde cantaban un tango", recuerda. "Fue inmediato, como un relámpago, me enamoré perdidamente de su melancolía y de su fuerza". De haber nacido en la Argentina, Liana habría quizás asomado al dos por cuatro por la ventana de la radio o la televisión. Sin embargo, esta rubia cantante portuguesa que interpretó a la reina del fado, Amalia Rodríguez, en el musical Amalia, y que se convirtió en uno de los mayores referentes del portuguesísimo género, se enamoró del tango a primera vista en un pequeño cine de Lisboa.
"Claro que el tango se conecta bastante con el fado pues también fue despreciado en sus orígenes y sólo lo cantaban los más pobres", explica entre platos, sentada a la mesa de un restaurante londinense. "Sin embargo, a pesar de ser más rápido y bailable que el Fado, el tango tiene casi la misma esencia de sufrimiento y pasión y por eso es aceptado en todo el mundo".
Y es precisamente esa esencia entre local y cosmopolita, entre costumbrista y renovadora la que Liana y otros diez artistas, desde Buenos Aires hasta Atenas, pasando por Oslo y Helsinki, buscan transmitir con naturalidad y virtuosismo en Tango Around the World, el último lanzamiento de la disquera brooklynita Putumayo. Tango... es casi una declaración de principios que anuncia con bombos y platillos (bandoneones y violines) que el tango ya no le pertenece solamente a la Argentina.
Claro, muchas de las idiosincrásicas versiones tangueras que los convocados interpretan -a veces composiciones personales sumamente teñidas de un intenso sabor local- no siempre se acomodan al gusto de los más ortodoxos. Desde electrotango, y las letras en senegalés o griego, hasta el gipsy tango, Tango Around the World es en la fotografía en movimiento de un género en evolución y la puesta en acto de la versatilidad del género. Este nuevo tango, renovador y cosmopolita, que casi siempre reniega de Gardel y D' Arienzo, tiene sus padres naturales en Astor Piazolla y Horacio Salgán.
"Creo que lo que hacemos los artistas no rioplatenses con el tango es incorporarle una visión extrañada, externa", sugiere Sverre Indris Poner, a cinco husos horarios de diferencia de Nueva York, anclado en la ciudad de Bodø. Este noruego que estudió salsa en la Habana y tango en Buenos Aires se aventura a decir que la visión que el gringo tiene del tango es mucho más desprejuiciada que la de los tangueros de ley. "Un noruego le agrega al género todo lo que le puede agregar desde afuera", comenta. "No necesitamos seguir la tradición. Cuando vamos a Argentina hay que tener o un respeto muy visible por el tango o ser un iconoclasta absoluto. Pero desde afuera yo puedo buscar la propia medida de lo que quiero renovar. No tengo que dar por tierra con todo el género. Y esa es una libertad que sólo pueden arrogarse los que están lejos".
Si de distancia se trata, Olah, líder de la Earth Wheel Sky Band está en el lugar indicado. Este gitano de los Balcanes define su aporte al género como Gipsy Tango. "Mi padre y mi abuelo tocaban música gitana en las montañas" , cuenta. "Y más o menos en los cincuentas conocieron el tango en las películas. Los dos se enamoraron y empezaron a tocarlo a su manera".
Olah, fanático de las tecnologías, no se extraña de la elección de su abuelo o de su padre. "Tú sabes, todo el mundo está conectado. Hoy mucho más que el siglo pasado. Claro, nunca ninguno de ellos, ni yo tampoco, visitamos América. Es muy raro que salgamos de aquí", confiesa. "Pero tenemos todo lo que necesitamos del tango al alcance de la mano", asegura.
Sin embargo, cuando le preguntan si cree que un argentino disfrutaría de su Gipsy Tango, duda un instante antes de responder. "La verdad, No sé qué piensan los argentinos sobre nuestro tango. Viajamos sobre todo por Japón y Corea, pero nunca fuimos a Latinoamérica... aunque (se calla un rato y la línea de teléfono dispara un chisporroteo balcánico y distante) ...sabes, esto es mi creación. No me importa demasiado lo que piensen porque lo hago como lo hago y punto. ¿Crees que alguien tiene derecho a decir si lo que hago es tango o no por más raro que suene? Es dos por cuatro, tiene todo lo que un tango necesita. Y a la gente le gusta. Es mi tango, además de todo. Y es lo que más disfruto de tocar".
Terra Magazine