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AP
Hillary Clinton. La senadora por Nueva York y precandidata demócrata cortó la racha ganadora de su par Barack Obama en West Virginia.
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Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos
Casi sin sorpresas pero con un camino complicadísimo por delante, la senadora por Nueva York y precandidata demócrata Hillary Clinton cortó la racha ganadora de su par Barack Obama imponiéndose en West Virginia por 67% contra 26%. Los más de 40 puntos de diferencia la mantienen en carrera al menos hasta el martes 20 de mayo, cuando deberá medirse nuevamente con Obama en los estados de Kentucky y Oregon.
La victoria, sin embargo, no sabe a demasiado considerando que desde el martes pasado Obama sumó a su favor al menos 27 "superdelegados" y la intención de voto en los estados que restan muestran al senador por Illinois como número puesto.
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Tras asumir tempranamente la derrota en West Virginia, Obama salió a calmar las aguas: "Esta es una carrera de dos candidatos comprometidos con el futuro de los estadounidenses y ambos están dando lo mejor de sí", afirmó.
En declaraciones a la cadena de noticias CNN, el vocero de la senadora Clinton, Howard Wolfson, elogió la victoria en una carrera que a esta altura parece no llegar a su fin. "No creo que haya habido en toda la historia de las presidenciales de los Estados Unidos una victoria tan contundente, de más de 40 puntos". Por si quedaban dudas luego de la celebración, Wolfson confirmó lo que hasta ayer era casi imposible de predecir: "Claro, nos quedamos y lo haremos hasta el final".
Feliz y más tranquila que de costumbre, Hillary respondió una vez más a los pedidos que, desde el New York Times hasta una larga lista de demócratas medulares, se vienen esgrimiendo desde la última victoria de Obama en Indiana.
"Hay algunos que quieren que esta carrera se termine lo antes posible", dijo la senadora desde el podio de su búnker en la ciudad de Charleston. "Pero estoy más determinada que nunca a seguir con esta campaña hasta que todos nuestros votantes hayan tenido la posibilidad de expresar su opinión".
Los reclamos desde el interior del partido, sin embargo, continuaron volcándose sobre Clinton y su equipo. El énfasis en demostrar que Obama no es un candidato idóneo, debilita la imagen candidato y reafirma la figura del republicano John McCain, quien todavía no entró en el debate.
"Esta victoria no cambia absolutamente nada para Clinton ni en la campaña hasta hoy ni en las perspectivas", aseguró el profesor Merle Black de la universidad de Emory. "Aunque Clinton se lleve 20 de los 28 delegados, Obama tendría todavía una ventaja de 176 delegados, una ventaja irremontable". Las matemáticas, dijo, son implacables.
Un dato curioso, sin embargo, es que esta vez Clinton obtuvo también una gran ventaja en los segmentos de la población de menores ingresos, los más perjudicados por la crisis económica. Votantes cuyos ingresos anuales no superan los 50.000 dólares (el salario promedio de clase media oscila entre los 120 y 160 mil dólares por año). Según las mismas encuestas a boca de urna, Hillary también se impuso entre los jubilados.
Pero a pesar de la victoria de ayer, incluso si Clinton lograse ganar todos los delegados que todavía están en juego, la ex primera dama necesitaría casi un milagro para imponerse ante Obama. Sus esperanzas descansan, sin embargo, en los superdelegados y en lograr incorporar a las primarias a las delegaciones de Florida y Michigan, que habían quedado fuera de la votación por haber realizado sus votaciones sin autorización directa del partido.
Claro que aunque los resultados de ayer mantienen el suspenso en torno a la nominación demócrata, algunos analistas sugieren que la derrota por 41 puntos nubla el horizonte para Obama. Desde 1916 ningún candidato Demócrata logró llegar a la presidencia habiendo perdido en West Virginia. Al Gore y John Kerry son dos de los ejemplos más recientes. Gore perdió el estado en las internas de 2000 y Kerry en las de 2004.
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