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Moquegua, en pie de guerra contra Alan García

AFP
El puente Montalvo, en la ruta de entrada a la ciudad de Moquegua, bloqueada por trabajadores mineros este 17 de junio último.

Paola Ugaz
Lima, Perú

Sesenta policías liberados tras un día de secuestro en una iglesia, cien heridos y mas de setenta millones de dólares en pérdidas es el saldo de las protestas que han iniciado hace unos días los pobladores de Moquegua, departamento ubicado a 1.200 kilómetros al sur de Lima. Tras su liberación, los policías fueron enviados a Lima en un avión de las fuerzas de seguridad.

La guerra de Moquegua se declaró porque sus pobladores consideran injusto recibir menos dinero que el que percibe su vecino departamento de Tacna -fronterizo con Chile- por las ganancias de la mina de cobre más grande del país, explotada desde 1960 por la Southern Copper Corporation, hoy en manos de capitales mexicanos.

La empresa minera extrae el cobre a tajo abierto de los yacimientos de Cuajone y Toquepala -ubicados en Moquegua y Tacna, respectivamente-, y el gobierno central decide qué porcentaje de las ganancias cupríferas debe recibir cada cual. La madre del cordero reside en que si bien el yacimiento de Cuajone genera mas ganancias que el de Toquepala, el gobierno de Alan García decidió que Tacna reciba más dinero basándose en una antigua ley que determina que se pague más por el material removido (tierra) que el material obtenido (cobre).

El bloqueo durante ocho días del puente Montalvo, a través del cual se comunica el departamento de Tacna con Lima, fue la declaratoria de guerra de los miles de moqueguanos, que secuestraron a 60 policías -entre ellos al Jefe policial de la región sur, general Alberto Jordán- para pedir ser escuchados por el gobierno de García.

Cerca de quince mil pobladores desataron un día de furia en las cercanías del puente Montalvo e hicieron retroceder a los escasos policías que llegaron de Lima para desbloquear la vía de comunicación con Tacna lanzando bombas lacrimógenas pero sin contar con un plan de acción que garantice el éxito del operativo.

Los moqueguanos rompieron el molde de las protestas peruanas y secuestraron, armados con piedras y palos, a sesenta policías, los obligaron a permanecer dentro de una iglesia y los hicieron arrodillarse, pedir perdón y cantar salmos religiosos bajo amenaza de ser ahorcados si no cumplían con esas órdenes. Además, al alto jefe policial se lo obligó a pedir perdón a Moquegua a través de unos parlantes, dejar su casco del uniforme para ponerse una gorra de los campesinos y levantar una bandera blanca como señal de que los policías cesarían de lanzar bombas lacrimógenas para apaciguar a los protestantes.

Luego de su liberación, el general Jordán relató que "los manifestantes querían colgar a los policías, y yo quise impedir la tragedia, pero no me rendí, simplemente les dije a los señores que dejen ir a mi gente". Aparentemente, Jordán tuvo también que pedir disculpas a la población por los desmanes que pudieran haber cometido las fuerzas policiales. "Estuve cerca de la muerte -relató-; nosotros estábamos viviendo una situación difícil, ya que teníamos 15 mil personas que nos tenían de rehenes, que nos querían llevar al puente Montalvo y que tenían sogas para colgarnos. Negociamos y ellos me dijeron que si pedía disculpas al pueblo liberaban a los demás policías, así que lo hice. Mi mayor satisfacción es que todos los policías están vivos, me siento orgulloso de eso". La situación fue tan difícil para el alto jefe policial que incluso en algún momento él mismo se dio por muerto y entregó a una funcionaria sanitaria su cadena de oro, su reloj y otras pertenencias para que se los acerquen a su esposa.

El ex ministro del Interior Fernando Rospigliosi le dijo a Terra Magazine que el mal manejo policial se debe a que "hay un inepto en el cargo como Alva Castro, que no sabe nada del sector y que está ahí por ser aprista (el partido de Alan García). Es él quien ha acostumbrado a la policía a realizar sus operativos buscando el fácil aplauso de los medios, pero sin contar con nada de inteligencia operativa -sostuvo-. Felizmente no hay una tragedia que lamentar, pero se demuestra una vez más que hay una presión por la búsqueda ante todo del éxito mediático".

Por el contrario, el actual ministro del área, el criticado Luis Alva Castro, señaló a través de una declaración pública que no es responsabilidad de su cartera que las carreteras se encuentren bloqueadas y que Tacna se encuentre desabastecida de alimentos y combustibles: "no es una responsabilidad del Ministerio del Interior, sino del Ministerio Público y el Poder Judicial. No es justo que la población esté sufriendo desabastecimiento de alimentos y las vías continúen bloqueadas", sostuvo.

La Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) exigió la "inmediata renuncia" de Alva Castro, "por la incapacidad que ha demostrado con la operación policial que se llevó a cabo en el Puente Montalvo, en Moquegua".

El manejo de la protesta se les fue de las manos a los alcaldes de los distritos y las provincias de Moquegua, quienes se declararon impotentes ante el incontenible desborde de la gente enfurecida. De acuerdo al director del diario Perú 21, Augusto Alvarez Rodrich, la protesta se explica porque paradójicamente la bonanza económica del país -que obtuvo en el mes de abril un crecimiento del 13,5% en el Producto Bruto Interno, el resultado mas alto en los últimos trece años- no llega a todos.

"Los indicadores exitosos no deben impedir el reconocimiento de que son absolutamente insuficientes para corregir problemas tan profundos y desigualdades tan amplias, acumulados durante tantos años, que se evidencian con mucha intensidad en la zona sur del país, además del ande central y la selva. No es viable ser próspero en un país miserable", concluyó Alvarez Rodrich.

Luego de la liberación de los rehenes, el presidente del Consejo de Ministros, Jorge del Castillo, señaló que se reanudará el diálogo con los líderes de Moquegua, al tiempo que indicó que confía en encontrar la mejor solución posible. Mientras tanto, los bloqueos persisten en las cercanías del puente Montalvo y tanto los comerciantes de Moquegua como los de Tacna mantienen cerradas sus puertas, unos porque temen la represalia de los protestantes y otros porque no tienen nada que ofrecer al público.

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