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Zola, Dreyfus y el Panteón

AFP
El Panteón, sepulcro de los grandes hombres de Francia.

Fernando Eichenberg
París (Francia)

"'¡Banco Universal!". Al despertar, Aristide Rougon vio el nombre de la empresa surgir en letras de fuego en el cuarto todavía inundado por la oscuridad. "Es simple, grande, engloba todo, cubre el mundo... ¡Excelente!". Elegido el nombre casi como inspiración divina, la empresa fue constituida con el debido apoyo de políticos influyentes y con plenos poderes concedidos a su presidente por el consejo de administración. Generosos préstamos aportados por pequeños accionistas imbuidos de optimismo e influenciados por las promesas de los dirigentes, aumentan rápidamente el capital del grupo. La cotización de las acciones sube vertiginosamente, a pesar de las especulaciones financieras en contrario, urdidos en los subsuelos de la Bolsa.

Para mantener la curva ascendente y continuar recaudando el capital necesario para la expansión mundial de la empresa, algunos balances son omitidos, otros dibujados, y la complicidad de los accionistas es comprada por medio de la emisión y amplia distribución de nuevos títulos. Como medida preventiva contra cualquier cambio inesperado en la confianza de los inversores, la empresa trata de comprar sus propias acciones a través de nuevos préstamos... su deuda aumenta, está claro, pero el futuro promete ser pródigo. Por otro lado, no hay por qué temer a los analistas financieros ni la prensa especializada, ya debidamente afiliados por medio de abultadas recompensas en especie.

El grupo se expande, los negocios fructifican y las ambiciones de su presidente lo llevan incluso a desafiar a su principal rival en el mundo de las finanzas. pero no siempre se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo, la coyuntura no ayuda y la casa cae. La cotización de las acciones se desbarranca en la Bolsa. Por la mañana, vicepresidentes e integrantes del consejo de administración manifiestan su apoyo al presidente y por la tarde se deshacen de sus acciones. La empresa ya no consigue hacer frente a sus deudas, miles de inversores quedan arruinados por la caída y la sombra de la Justicia parece próxima. El presidente todavía cree en un retorno hacia arriba, pero los políticos antes socios de su causa ahora le dan la espalda y otros incluso buscan venganza. Sólo le queda el exilio para escapar de los grilletes y la prisión.

Para quien no lo conoce, Aristide Rougon, conocido como Saccard, es uno de los personajes de la saga Les Rougon-Macquart - histoire naturelle et sociale d'une famille sous le Second Empire, obra de 20 tomos escrita en 25 años por Émile Zola (1840-1902). Francia recuerda al escritor este año por la conmemoración de los cien años del traslado de sus restos mortales al Panteón (la iglesia Sainte-Geneviève, transformada por los herederos de la Revolución en sepulcro de los grandes hombres de la nación), en París. Para recordar esta fecha se montó una exposición en ese lugar, abierta al público hasta octubre.

Nunca está demás recordar la premonitoria desventura del Banco Universal, relatada en el volumen sugestivamente titulado L'Argent (El Dinero), publicado en 1891. Para construir la historia, el escritor se inspiró en la quiebra de la empresa Union Générale en 1882, después de cuatro años de un crecimiento impresionante. Pero en tiempos de escándalos político-financieros, la novela realista de Zola bien podría haber estado inspirada en el noticiero actual. Para los economistas, el libro hace un análisis del mundo financiero bajo todos los ángulos y exhibe todos los instrumentos de la ciencia económica moderna, convirtiendo al escritor en visionario: la novela de Zola habría anticipado dos o tres importantes crisis de la Bolsa y un siglo de investigaciones económicas.

Pero cuando votaron por la inclusión de Zola en el selecto grupo de inmortales del Panteón, los diputados de la Asamblea Nacional francesa pensaron menos en el escritor de obras como Germinal que en el autor del célebre manifiesto J'accuse, la carta dirigida al presidente de la República (publicada en el diario L'Aurore en 1898), en defensa del capitán Alfred Dreyfus (1859-1935), injustamente acusado y condenado por "alta traición" a la patria. El oficial del ejército fue capturado en la mañana del lunes 15 de octubre de 1894, acusado de haber filtrado informaciones militares secretas al agregado militar alemán en París. En realidad, se vio involucrado en una celada de conspiraciones, mentiras y maquinaciones políticas y judiciales que terminó siendo mundialmente conocida como el Caso Dreyfus.

El capitán Dreyfus, de origen judío, era el chivo expiatorio ideal para un Estado Mayor que no veía con buenos ojos a los judíos en puestos de alto comando y como oficiales de espíritu abierto a la democratización de las reglas militares. También era el blanco perfecto en un país teñido de clima nacionalista y antisemita. El día en que se informó el caso a la opinión pública, el diario Libre Parole imprimió en sus titulares: "¡Alta traición! ¡Encarcelan a un oficial judío! ¡El capitán Dreyfus!".

En el juicio sumario que realizó el Consejo de Guerra, a pesar de todos sus esfuerzos en afirmar su inocencia, el capitán fue condenado a degradación y deportación. El 21 de febrero de 1895 fue transferido a la cárcel de la Isla del Diablo, en la Guayana Francesa, donde permaneció durante casi cinco largos y dolorosos años bajo un rígido régimen de prisión.

Su determinación y la participación en su defensa de políticos e intelectuales que se involucraron como Zola llevaron a que el proceso fuera revisado por la Justicia Militar. En el nuevo juicio que se realizó en 1899 Dreyfus fue condenado una vez más, pero con "circunstancias atenuantes", y esta vez recibió la amnistía presidencial. Su rehabilitación oficial recién tuvo lugar siete años más tarde, en 1906, cuando el Tribunal de Casación declaró su completa inocencia. Aún habiendo recibido la medalla de la Legión de Honor, su reincorporación al Ejército fue incompleta: los cinco años de reclusión le impidieron alcanzar un grado más elevado en la jerarquía militar.

El descanso final de Zola en la "casa de los grandes hombres", sin embargo, llegó con mucha polémica. Fue propuesta al Parlamento en 1902 cuando falleció el escritor, pero el proyecto de ley sobre el discutido traslado recién fue aceptado el 13 de julio de 1906 pero sin efectos inmediatos. El debate volvió a la palestra cuando el 19 de marzo de 1908 se celebró una sesión para aprobar un crédito extra de 35.000 francos para la organización de la ceremonia, en la que se enfrentaron el escritor y diputado nacionalista Maurice Barrès (1862-1923) y el líder socialista Jean Jaurès (1859-1914). "Señores, nos están pidiendo 35.000 francos para llevar las cenizas de Zola al Panteón. Creo que jamás tendremos una oportunidad mejor para hacer economía", satirizó Barrès, provocando protestas de la izquierda y aplausos y risas de la derecha.

El 4 de junio de 1908 la ceremonia finalmente se llevó a cabo. Alfred Dreyfus, que estaba presente, fue herido de un disparo en el brazo disparado por el nacionalista Louis Grégori, uno de los que manifestaban en el lugar contra la entrada de Zola al Panteón. El agresor fue juzgado en septiembre y declaró que no pretendía tirar sobre la persona de Alfred Dreyfus sino sobre el "dreyfusismo", y fue absuelto por el jurado.

Para el historiador Vincent Duclert, autor de la biografía de referencia del personaje, Dreyfus encarna un héroe ordinario, un modelo de francés que, nunca negando sus orígenes religiosos, pone por encima de ellos los valores de la razón y el progreso que habían, precisamente, liberado a las comunidades hebreas de Francia y de Argelia hacia el camino de la universalidad.

Duclert va más allá y sugiere incluso el traslado de los restos mortales de Alfred Dreyfus al Panteón: "Haciendo ingresar a Dreyfus al Panteón, Francia dirá a los franceses y al mundo que todavía quiere seguir siendo la patria del derecho y la verdad contra el racismo y el antisemitismo, recordando que en el siglo XIX se libró un gran combate para salvar un judío, que aún no había conocido el siglo XX, y que ese combate fue victorioso porque una decisión del más alto Tribunal de Justicia, respaldada en el derecho y en la historia, se impuso en contra de procesos arbitrarios, el linchamiento de las masas y la razón del Estado".

Exposición Zola en el Panteón: 1908-2008, hasta el 31 de octubre.

Alfred Dreyfus: l'Honneur d'un Patriote, Vincent Duclert, Ed. Fayard, 1.259 págs., 30 euros.

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